LOGOPUNTO

Ficciónes pandémicas

Juan de Jesús López

Juan de Jesús López

Escritor, mediador cultural.

Si hacemos ajuste verbal con uno de los epígrafes adjudicado a Nietszche que decoran el libro de título kilométrico La mayoría de las veces las cosas no salen como uno espere, salen mucho peor. Fábulas pandémicas, de los tabasqueños Manuel Felipe y Fernando Abreu, se podría replantear que «Sin crueldad no hay ficción», es decir, no hay Fábula ni hay Historia. No es un asunto de mera apología de la violencia sino de condición y sustancia humana que está en los acontecimientos mínimos de la naturaleza y en la gran suma de los temas sociales y la historia de la literatura.

Para mi gusto esa sustancia y condición está en el impreso que reúne los relatos cortos de este par de autores tabasqueños con talantes diferidos: no es pues un libro para lectores en busca de finales felices porque el tema mismo del que parten los textos no es un tema feliz: el coronabicho, que con sus letales nanómetros sitió al mundo, que tiene acalambrado los sistemas de seguridad sanitaria global, y que con sus transfómicas variantes, en mayor o menor medida, nos aterró a cada una y uno en nuestras casas.

Leer La mayoría de las veces las cosas no salen como uno espera… es casi como ver la película otra vez en el cinito de la cabeza, solo que puesta sobre la hoja y con letras negritas, lo que permite detenerse en los detalles que en su momento por la sobreinformación neurotizada no tuvimos tiempo de ver y menos dar la importancia a detalles como la necesaria sonrisa diaria que fue sepultada por el cubrebocas, quizá porque cada quien estaba en lo suyo, en su propia angustia, en sus adentros, en la propia experiencia de «con-finados», una palabra que puesta así como la propone uno de los autores, plantea la doble posibilidad de estar encerrados y de estar acompañados con finados, es decir, estar con muertos. El ranking catastrófico favorito de los medios.

Las ficciones pandémicas abren con relato corto Con-finados de Manuel Felipe, un relato que se presenta en nueve secciones tituladas a manera de pequeñas crónicas ficticias, cada una independiente pero eslabonadas. En medio del desquiciamiento social, el ruido y la furia informativa, un hombre joven ¾un voyerista de las palabras¾ encuentra sosiego en la música de piano que sale del balcón de enfrente, cada tarde. Es un piano tocado por «una sonrisa» adolescente, una especie de concierto íntimo que una tarde es clausurado por las sirenas de la ambulancia.

 

 

Se han llevado la música. Las sirenas se han llevado la sonrisa de los últimos días.

Dice el narrador sin miedo al patetismo cinético, porque además llueve a cántaros. Toda la ciudad es un rastro de terror bajo la pregunta constante: ¿será todo esto real? Con-finados es también una secreta ruta musical, una especie de «play list» personalizada que muy bien se puede escuchar para acompañar cada fragmento.

La segunda parte del libro se titula Ovejas suicidas al borde de un acantilado y corre por cuenta de Fernando Abreu, autor más hecho para la confrontación narrativa; hay que buscar su novela Bar La Bamba, publicada en 2010. Su propio compañero lo describe como un cofrade de esa corriente literaria que llaman realismo sucio donde el abordaje temático pasa por escenas de «sexo duro», «crueldad». Ya sabemos que el tanteómetro de los estilos tiene dos puntas: aceptación o rechazo de la propuesta estética, y eso está en territorios del lector y fuera del alcance de lo políticamente correcto que campea en la nueva cotidianidad.

Su conjunto de cuentos toma el título del segundo relato: Ovejas suicidas al borde de acantilado, metáfora concentrada de la crisis nerviosa que de seguro padecieron los que pasaron por la experiencia de estar en un hospital en tiempos pandemoniados. Pero en realidad los cinco relatos del conjunto son un resumen del malestar de un país, del mundo. Los hospitales, las cárceles y las cuarterías, las ciudades, son los laboratorios de emociones infames en tiempo de crisis. La joven que se prostituye por internet, el funcionario indolente, la militante desquiciada, el viejo olvidado como costal de desechos, la loca inacabable, la policía infame:

La pandemia ¾una especie de espejo aterrador que nos permite ver nuestros adentros¾ nos corroe, nos cerca, nos victimiza (…) En medio del desastre ocurrido y el agobiante calor que desespera, la descubres bajo la regadera y en cuclillas, con la misma ropa de hace tres días. A verte, entre lágrimas y mocos, te pide que la abraces.

¾Es el fin del mundo, vamos a morirnos.

El trabajo de la mancuerna literaria se dio a conocer este año 2021 vía el proyecto editorial Cuadernillos La Grieta; apuesta alternativa por el libro impreso que, por otro lado, pertenece precisamente a los dos autores que retoman su viejo proyecto de revista, al menos el nombre, con que se dieron a conocer en el circuito literario local hace unos quince años. El conjunto apenas alcanza las ochenta páginas en un formato que podríamos llamar «pugilaris» como le llamaron los romanos a los primeros libros que cabían que cabían en la palma de la mano, y es quizá la publicación más promovida en Villahermosa y sus alrededores en lo que va y termina la segunda mitad del año que finiquitaremos en pocos días. La obra lo merece, claro. Y se suma a esa larga lista de libros que se escribieron o resultaron de un largo de año de encerrona doméstica que los gobiernos mundiales impusieron para mitigar la pandemia.

Las ficciones pandémicas del libro son en general una fábula de la vida en los tiempos del coronabicho, de la encerrona que, al meternos en casa ¾una especie de espejo aterrador que nos permite ver nuestros adentros¾, nos puso de frente a nuestros propios ángeles o demonios tan angustiados como nosotros mismos; eso sí, una encerrona que nos dio tiempo suficiente para escuchar la música de las palabras. Y el que no las escuchó, puede invocarlas leyendo este librito.

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