A pesar de que los mercados eran comunes en la época prehispánica, en Mesoamérica  el ambiente fue determinante para una presencia desigual de éstos. En el área maya, en particular en las tierras altas de Chiapas y Guatemala, había muchos mercados públicos, mientras que en las tierras bajas (península de Yucatán, Tabasco, Belice, Honduras y parte de Guatemala) fueron muy escasos o inexistentes. Sin embargo, la selva tropical poseía una biodiversidad única, como resultado de la existencia de tierras fértiles y presencia de lluvias, las cuales, las hicieron propicias para el cultivo de diversos productos. Por ejemplo, el cacao, el cual necesita de mucha lluvia, o el algodón, que se adaptó mejor al clima seco peninsular.

Don Marco González Gómez, originario del ejido Río de Teapa, Teapa, Tabasco, afirma que “hace más de 70 años, yo acompañaba a mi papá, quien llevaba a Villahermosa en un cayuco, diversas mercancías” (conversación personal con Graciela Beauregard Solís, el 1º de marzo de 2015).
Don Marco González Gómez, originario del ejido Río de Teapa, Teapa, Tabasco, afirma que “hace más de 70 años, yo acompañaba a mi papá, quien llevaba a Villahermosa en un cayuco, diversas mercancías” (conversación personal con Graciela Beauregard Solís, el 1º de marzo de 2015).

Para poder realizar el intercambio de mercancías, era necesario utilizar rutas terrestres y acuáticas. El derrotero de los productos del comercio maya siguió caminos por tierra, por ríos y por mar. La principal ruta circundaba la península de Yucatán, formando una cadena de puertos, a cuyos extremos se encontraban los “puertos de intercambio” en Xicalango y en el Golfo de Honduras. A esta gran ruta se unían caminos terrestres que llegaban del interior, de donde provenían los artículos por los grandes ríos, sobretodo de la Chontalpa y de la región del Golfo de Honduras.

 

 

Texto adaptado del libro “Cultura y Natura en el mercado público Lic José Ma. Pino Suárez: Investigaciones para la enseñanza de su patrimonio cultural” (2015) de Graciela Beauregard Solís, Jorge Priego Martínez, Miguel A. Magaña Alejandro y Julio Cámara-Córdova. México: SEP-CONACULTA-IEC-UJAT.

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Graciela Beauregard Solís es licenciada en Biología por UJAT, maestra en Museología por la Universidad de Leicester, Reino Unido en 1997. Ha sido directora del Parque-Museo de La Venta (1989-1991), del Museo de Historia Natural José Narciso Rovirosa Andrade (1998 y 2007) y Directora de Patrimonio Cultural del Gobierno del Estado (2003-2006); y desde el año 1997, es Profesora-Investigadora de Tiempo Completo de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, en la División Académica de Ciencias Biológicas. A lo largo de más de 20 años, su práctica docente y proyectos de investigación, los ha realizado en los museos, mercados y parques públicos, cuyo objetivo es la divulgación del conocimiento de la biodiversidad y su uso sustentable. Es miembro fundador y actual del Sistema Estatal de Investigadores. Actualmente participa como colaboradora en proyectos de investigación relacionados con la Educación para una Cultura ambiental y está cursando su doctorado en Educación en el Colegio Abraham S. Fischler en la Nova Southeastern University, en Fort Lauderdale, Florida.