Después de tres semanas de ensayos, realizaba una de las últimas pruebas antes del estreno, en el Teatro del Giglio de Tokio (que también se inauguraba), de la ópera Madama Butterfly, de Giacomo Puccini. Vestido con el impecable uniforme blanco del teniente de la marina gringa, B. F. Pinkerton, y con peluca rubia, me desprendí de Cio-cio san (la estupenda soprano Hisara Sato) y me acerqué al maestro concertador, el riguroso pero amable Yoshinori Kikuchi, quien, empático, aprovechó la pausa para decirme en italiano, “he visto en el noticiario que en Tabasco hay una gran inundación; ¿de allá es de donde me dijiste que eres, cierto?”. “Cierto, maestro”, respondí agradeciendo la simpatía no sin preocupación. Que llegara hasta oriente la noticia de una inundación en Tabasco me pareció algo serio.

Cuando regresé a mi habitación, investigué en google. Era uno de los últimos días de octubre de 2007. El estreno de la ópera con la segunda compañía de Japón, Fujiwara Opera, sería el 11 de noviembre. Durante el proceso de ensayos me había tomado el tiempo, como siempre he hecho desde que salí de México, para explicar que Tabasco es un Estado de la república mexicana, que la salsa tabasco producida en Luisiana, Estados Unidos, había cogido los chiles y el nombre de allí, que el Estado antecede históricamente a la salsa avinagrada, que Bernal Díaz del Castillo daba testimonio del lugar, etcétera. A tal punto he asumido dicha “cruzada” personal, que escribí un pequeño texto que se llama “Tabasco: Estado y salsa”; para aclarar el punto en términos vegetales, históricos y éticos.

Logré hablar con parte de mi familia. Me explicaron la gravedad de la situación y que algunos habían salido huyendo ya del agua; a tierra alta, a Veracruz, a Puebla, a la Ciudad de México. La inundación era la peor registrada en años. Cuando adolescente yo mismo había sufrido una cuando trabajaba en el Mercado Pino Suárez; pero la del 2007 no tenía comparación en las décadas recientes. Logré encontrar la señal de TVT por internet. Vi imágenes catastróficas pero a la vez hermosas manifestaciones del ímpetu de la naturaleza, la ciudad anegada, animales y gente en las azoteas; o sobre lanchas y cayucos que recorrían las calles en sustitución de los autos. Destacó sobre todas, la imagen simbólica de grandes lagartos flotando sobre la Laguna de las Ilusiones. También vi y escuché a mi amiga y compañera de la UNAM, Norma Domínguez, informar a detalle sobre el fenómeno. Conforme fue ocurriendo la catástrofe, a la distancia fui testigo, como todos, de la simulación, la corrupción, las irregularidades en las zonas de construcción, el incierto manejo de las presas, los inútiles sacos de arena, las lágrimas de cocodrilo, la falsa solidaridad para la foto de los políticos tanto locales como federales. Y registré, al fin, en lo que concluiría todo: saqueo de los recursos de rescate para el Estado y el envilecimiento de la ciudad de Villahermosa con la construcción de una oscura barda oprobiosa, que impide la bella vista del rio Grijalva, a cambio del agradable y casi romántico malecón creado por Carlos Madrazo.

Octubre-noviembre de 2007 era mi segunda visita a Japón, una geografía circundada, recorrida, bañada por el agua. Ríos y mares que los nipones han sabido aprovechar con sabiduría porque han aprendido a vivir y a disfrutar con y de ellos. Lo mismo que en Europa, donde los ríos y lagos no son una amenaza sino una riqueza, una belleza, un recurso con el que se convive de la mejor manera posible. Y me formulé entonces preguntas que hoy, octubre de 2017, continúan vigentes: ¿será algún día posible que Tabasco y los tabasqueños valoren la grandeza y la belleza de estar ubicados en una zona de abundante agua y aprendan a aprovecharla y disfrutarla, pero sobre todo, a respetarla? ¿Tendrán los gobernantes alguna vez la capacidad, el espíritu y el amor por el Estado y la gente para hacer algo formidable que magnifique la naturaleza tabasqueña? ¿O acaso perecerá todo bajo el agua por la ambición, la corrupción y el egoísmo? Si así fuera, la fiera naturaleza habría hecho su trabajo.

Durante la presentación de Madama Butterfly, un bellísimo telón de fondo mostraba el puerto y el mar de Nagasaki (ciudad bajo bombardeo atómico en la Segunda Guerra Mundial). En Tabasco se padecía una desventura de agua. Durante los días y horas de descanso me alegré con caminatas a lo largo de la ribera de varios ríos de Japón. Conviví con mujeres y hombres identificados, acostumbrados, felices con el agua. ¿Qué sería necesario hacer en Tabasco para restituirse del mal pasado y transformar la experiencia con la naturaleza de un potencial suicidio ecológico en un bello disfrute vital en paz?

P.d. Una escena de Madama Butterfly; Tokio, 19 de noviembre de 2007: https://www.youtube.com/watch?v=sapgDznAtt8