Las primeras embarcaciones que viajaban a Tabasco era canoas, champanes y bongos, con lonas cerradas para cubrir la mercancía, propiedad de armadores campechanos y veracruzanos. Llevaban mercaderías y regresaban con palo de tinte. Los viajes a punta de palancas y remos eran penosísimos, durando de Frontera a San Juan Bautista más de un mes, por lo penosísimo, difícil y peligroso de las embarcaciones, y por las duras maniobras de la tripulación, muriendo muchos de ellos por las inclemencias del tiempo y las fiebres palúdicas. Y los viajes de Frontera a Tenosique duraban más de tres meses por las mismas condiciones y por las fuerzas de los corrientales del Usumacinta.

Después que cesó la clausura del puerto de San Juan Bautista, decretada el 12 de julio de 1845 por el Presidente de la República, Gral. y Lic. don José Joaquín de Herrera, el marino inglés, Mr. Williams Heve Brown llegó a México y obtuvo una concesión para navegar por el río Usumacinta , con un boque de vapor –el primero que conoció Tabasco-. Una embarcción moderna que compró en Mobila, U. S. A., cuya maquinaria servía, además, para izar las trozas de maderas de tinte –o palo de brazil o Campeche- efectuando viajes rapidísimos. Los competidores naturalmente, comenzaron  a hostilizarlo. El barco tenía que fondear frente al Puerto de Frontera para evitar actos de “sabotaje”, pero sus enemigos lo barrenaron una noche amaneciendo la nave en el fondo del Grijalva. Mr. Brown no se desanimó, y compró otro barco con mejor maquinaria. Remontó el Usumacinta hasta llegar a Tenosique, y atracado en el muelle lo volaron con dinamita, hundiéndolo con su cargamento a bordo. Después, cerca del río de San Pedro, Mr. Brown fue envenenado por sus enemigos. Así terminó aquel hombre de iniciativa que llevó a Tabasco el primer barco de vapor.

* Fragmento tomado del capítulo 2 Don Juan Sánchez Roca, páginas 39-40

Después de tres días con sus noches de constantes lluvias, el Grijalva hinchaba sus meandros, desbordando sus aguas sobre las tierras bajas de San Juan, como las calles de Álvarez, Magallanes y Ayutla, Allende, Arista y los barrios de Santa Cruz, “El Jolochero”, “La Pólvora”, “Casa Blanca”, “Mayito” y Cura Hueso. En pequeños cayucos, los voluntarios que nunca faltan, transportaban a las familias que aisladas por las aguas corrían peligro, proporcionándoles alojamientos en casas desocupadas, en las escuelas, edificios públicos y hasta en el orfanatorio de Arista y Ayutla. Los más perjudicados eran los damnificados del rumbo de la “Tabacalera Tabasqueña” –atrás de la iglesia de Santa  Cruz-, los habitantes de la “Quinta de Ismaret”, los del barrio de “Casa Blanca” y los de “La Pólvora”. Todos abandonaban sus viviendas con el pobre menaje, de por sí escaso, con los puercos y gallinas, sus chiquillos y sus perros.

También ocupaban casas vacías en las lomas de los Pérez, Esquipulas y la Encarnación. Y del limo asqueroso, negro y putrefacto que dejaban las aguas al bajar su nivel, se levantaban los virus palúdicos, proliferaban las infecciones intestinales, las niguas hacían su nido entre los dedos de los pies y un simpático salpullido cosquilleaba los cuerpos poniéndolos como carne de gallina.

Eso sí: Las inundaciones de San Juan siempre fueron para nosotros días de jolgorio, alegría y travesuras, con uno que otro “remojáo” como “Chombo Mocho”, “Marejada” y “Lindos Meneos”.

* Fragmento tomado del capítulo 11 los Negros “Managua” y “Pijul”,  páginas 112-114

 

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José María “Pepe” Bulnes nace en San Juan Bautista (hoy Villahermosa) el 19 de marzo de 1895 y muere en la Ciudad de México el 17 de septiembre de 1987. Periodista, catedrático, activista político y escritor humorista que registró en clave de verba costumbrista y trabalenguas de lenguas de aguas corrientes como el río Grijalva, así lo describen Francisco J. Santamaría y Rafael Domínguez en uno de sus libros más famosos entre los lectores amantes de la humorada tabasqueña: Tipos Tabasqueños. En 1915 ingresó a la Escuela de Estado Mayor en la ciudad de México, ganando el título –puesto por Venustiano Carranza- de "El más joven del ejército nacional". En 1919 regresó a Tabasco y se afilió al Partido Radical que postulaba a Carlos Greene para gobernador. En la ciudad de México fue reportero de El Universal entre 1920 y 1923, y en 1936, escribió en la revista Hoy. Protagonista de gran número de anécdotas y compilador de sucesos históricos, escribió varias obras relacionadas con su estado natal: Tipos Tabasqueños (1936), Hechos y sucedidos (1939), Agenda tabasqueña (1955), Tabascosas (1960), Manuel Sánchez Mármol (1979), Pino Suárez (1976) y Gobernantes de Tabasco (1983). En la década de los años 60 fue nombrado cronista de la ciudad de Villahermosa, cargo que desempeñó hasta su muerte.