Tomado de, “Lo que el tiempo quiere olvidar”

de Edith V. Matus de Sumohano

 

Lo que ahora son las calles de Constitución y Pino Suárez se conocía como “El Playón”.

Esa extensión de terrenos baldíos, era común que estuviera inundada en la época de lluvias, características primordial de Tabasco, al grado de que había veces, el río Grijalva confundía su vera, pues no se sabía en estas temporadas cuál era su orilla.

Si es cierto que para entonces era intransitable, para épocas de secas, estos terrenos se convertían en una preciosa explanada llena de pasto verde y fino que hacía que por las tardes, durante muchos meses, fuese el punto de reunión de las familias. Mientras los niños jugaban, las personas mayores disfrutaban de la tranquilidad de la ausencia de transeúntes y vehículos de transporte y de la brisa del río.

Este lugar fue de gran tradición, ya que ahí aterrizó el primer avión, el de el capitán Valente, y el del capitán Fierro, en los años veinte.

Allí acampaban los circos. El “Welton, el de los Hnos. Ataide o el Gran Brown, que anualmente hacían sus visitas a estas tierras; las carpas de los Hnos. Caña pillo y Tayita, y el primer cine rodante que se llamaba El Ferrográfico, a base de fotos fijas.

De las plazas de toros con que contó la ciudad, una de ellas, la “Cayetano García”, estuvo situada en el playón a la altura de donde se encuentra situado el puente Grijalva, otra fue la que se llamó “La Gaona” ubicada en la colonia Atasta, la del “Toreo” en la calle 27 de Febrero donde está actualmente el restaurante “El Centenario” y “La Lidia” que se construyó por la calle Madero.

En esos años Tabasco llegó a tener ganaderías de toros de lidia, una de ellas fue la de “San Cayetano”, del señor Romero Padrón Wade en el municipio de Teapa, Tabasco.

Los domingos y días festivos, era el escenario de encuentros entre equipos de béisbol, fue famosa la novena Pizá integrada por tabasqueños que competían con novenas de otras ciudades del Estado como Comalcalco y el Puerto de Frontera así como de otros Estados; estos juegos mantenían una expectación debido a la popularidad de sus jugadores y otro era motivo de que una vez más, el playón fuera el punto de reunión de las familias de Villahermosa.

 

Tomado de “Lo que el tiempo quiere olvidar” de Edith V. Matus de Sumohano

 

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