Entrevista con la poeta Rosario Rodríguez,  mujer con pasión por el lenguaje

Murió en abierta intimidad. Pero la necesidad de la memoria afectiva y la admiración con deseos de mito hace que surjan por aquí y por allá algunos anécdotas que pintan al personaje. Muchos ya los había confirmado ella misma en algunas entrevistas que concedió en vida, otras salieron y van de voz en voz. Unos horas después del fallecimiento de Charito se contaba por ejemplo de su rebeldía que abandonó la casa de sus padres cuando apenas era una jovencita de 15 años porque su padre no la dejaban escribir sus poemas.

Rosario Rodríguez
Rosario Rodríguez

En aquella villahermosa de mediados de los años sesenta no era muy bien vista la vocación artística ni literaria. Lo menos que se pensaba de un practicante de la literatura era que terminaría de bohermia en bohemia o muerto en la total miseria. Rosario Rodríguez, Charito para los amigos, quería ser periodista y poeta.

A los quince años siguiendo una intuición, la pasión de la cultura y en especial la literatura, Rodríguez llega a la famosa y fallida Escuela de Artes dirigida por la poetisa y directora de teatro Carmen de Mora, institución pionera en la historia cultural tabasqueña desaparecida a final de los años 60. Ahí encontró simpatía y solidaridad para su vocación.

Pero también tenía ese rarísimo entusiamos de pegar duro a las tecleas de la máquina de escribir mecánica por las noches, justo cuando todos se iban a dormir. Su padre, un hombre de costumbres tradiciones daba la orden a las 10 de la noche: todos a dormir, y se tenía que respetar. Pero Charito no era fácil de doblegar y seguía con su tic tac tic tac tic tic tac buscando el ritmo del poema. Y su padre, intransigente, desconectaba la luz de la casa para dejar todo a oscuras.

La jovencísima aprendiz de poeta, se rebeló. Tomó sus cosas, buscó casa para teclear sus poemas a gusto, y desde entonces, como ella misma dijo en varias ocasiones, siguió buscando poemas. La poeta nace con el libro “El reflejo de lo oculto” publicado al inicio de los años setenta y se puede decir que cierra páginas con su libro c, publicado en 2016.

Con motivo de la presentación de su libro La otra piel nos sentamos a platicar en un café de la Plaza Olmeca, tenía un vozarrón y una risa que de tan franca parecía un estallido. No le espantaban las preguntas, afrontaba. Con algo de pose de la mujer que conoció las mieles del poder pero también con la honestidad y la fiesta de la mujer que amó y vivió el oficio de resolver problemas con las palabras. A manera de homenaje, presentamos aquí aquella entrevista tal cual se conoció.

Reflejo de lo oculto, primer librode poemas de Rosario Rodríguez
Reflejo de lo oculto, primer librode poemas de Rosario Rodríguez

Para la poeta Rosario Rodríguez cada libro que escribe es una muda de piel, y de ahí que su última publicación lleve un título parecido a eso: La otra piel, con el que, gracias a la magia de la ambigüedad metafórica, habla de la piel de ella, de la piel del ser amado, de la piel de los otros que pueden ser los amigos vivos o muertos.

Incluso la poesía es otra piel, enfatiza la escritora tabasqueña, mujer rebelde, que hizo del poema su territorio de permanentes pasiones y de la gestoría cultural su trabajo de toda la vida, una rutina que de vez en cuando rompe con algún libro de poemas, como este que recién le publicó la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT).

Parafraseando los versos de la autora también se podría decir que La otra piel… es la soledad/ un trago amargo que escurre por la garganta,/ impidiendo tragar, pero también es la celebración de la amistad, el encuentro y la despedida sobre el papel.

Entrevista Rosario Rodríguez, mujer con pasión por el lenguaje
Entrevista Rosario Rodríguez, mujer con pasión por el lenguaje

Precisamente la escritora Gloria Virginia Manzur señala que los poemas de Rodríguez tienen ese aire antojadizo de las canciones que uno termina cantando en un bar o en cualquier lugar porque dicen lo que necesita decir aunque no lo esté viviendo.

Menos terreno pero sin soltar amarras, el poeta Héctor de Paz señala sobre este poemario que es un reclamo o una conjura para acercarnos más y abandonar el egoísmo globalizado que caracteriza a las generaciones de nuestros días. “En estos tiempos tan vertiginosos, de hiperconectividad tecnológica, nos hemos vuelto más indiferentes unos con otros, más distantes, paradójicamente, de nuestro prójimo tan próximo”.

Rosario María Rodríguez Ruiz, nació el 29 de enero de 1950, un domingo de carnaval. Fue desde pequeña “mujer de izquierda en una familia que no lo era”: de una izquierda afortunada tengo que decirlo pero que es la que uno sostiene y cuesta trabajo porque te critican de pose.

-¿No estudió en la escuela de monjas?

-Me opuse y le dije a mi padre: quiero estudiar la secundaria estatal, que era la Concha Linares y tenía fama de ser una escuela muy brava. Esa escuela me dio otra conciencia de lo social, ahí nació otra Rosario Rodríguez con amigos extraordinarios. Ahí, por ejemplo, estudiaba junto a un chavo que era el hijo de la lavandera de mi casa, y fuimos grandes amigos.

A los quince años siguiendo una intuición, la pasión de la cultura y en especial la literatura, Rodríguez llega a la famosa y fallida Escuela de Artes dirigida por la poetisa y directora de teatro Carmen de Mora, institución pionera en la historia cultural tabasqueña desaparecida a final de los años 60.

Fue amiga de artistas como la pintora Bertha Ferrer y el arquitecto Ventura Marín, contemporánea de creadores como el dibujante Fontanelly Vázquez y el grabador Férido Castillo, y  miembro del primer grupo cultural independiente que se creó en aquella Villahermosa alejada de las políticas culturales nacionales: el grupo Tlamaxcalli, a lo que luego siguió FONAPAS y luego el Instituto de Cultura.

También pionera en el periodismo hecho por mujeres, Rodríguez Ruiz, comenta que se inició a los veinte años en el diarismo gracias a un premio que ganó con un artículo. Muchos años adelante, mantuvo a lo largo de dos décadas el suplemento cultural Grandes Mujeres –en varios periódicos locales-, con el que hizo semblanza de casi mil mujeres importantes por su trabajo, por su inteligencia y por sus cualidades humanas, en Tabasco.

-¿Qué es el periodismo para usted?

-Pasión por el lenguaje pero sobre todo un oficio que me encantó hacer y voy a continuar haciendo hasta que me muera, que se logra pulir a través del día a día. El periodismo no es el que ahora se hace por internet, es el que se suda, el que se siente, el que se camina, el que pelea por una nota.

-Dicen que es usted una mujer “de poder” por su cercanía que le ha permitido el periodismo con la clase política.

-Crecí en un tiempo donde la política se manejaba diferente pero yo no soy política, yo soy poeta.

Si Rosario Rodríguez no es leyenda dentro de la poesía escrita por mujeres en Tabasco, por lo menos es una de las figuras indispensables para entender el proceso creativo de las mujeres en Tabasco. Relata que sus primeros pasos en la poesía se remontan a su niñez –ganó un premio estatal de poesía a la madre a los ocho años-, y a su familia, donde hubo músicos, pintores, escritores, “cosa que no era muy grata porque en esos entonces había el mito de que, pues, no había futuro en el mundo arte”.

La poeta nace con el libro “El reflejo de lo oculto” publicado al inicio de los años setenta. A partir de este tomo se acercó a la Escuela de Bellas Artes dónde encuentra la tutela de la escritora Carmen de Mora que fue algo así como la madre adoptiva de esa generación.

-¿Ha sido difícil ser poeta en un Tabasco?

-Al inicio, ahora no. Antes te decían: y tú, ¿para qué escribes eso? Cuando abrimos el Tlamaxcalli llegaban las autoridades a espiarnos para ver qué hacíamos ahí (risas).

-Seis libros y cuarenta y cinco años después, publica La otra piel, un título que sugiere muchas interpretaciones.

-Este libro lo empecé a preparar hace varios años, muchos me decían ¿por qué tanta muerte Charito? y me descontrolaba, pero me animaba Bertha Ferrer que fue como una hermana mayor: sigue, me decía, la muerte es la otra cara de la vida. He sufrido muchas muertes y hay muertes que marcan, como la de dos o tres familiares, una hermana de sangre muy querida, y la de muchos amigos como Bertha, Panito, Teo. Crecí en una ciudad que era un pueblón grande.

-¿Pero qué es la otra piel para usted?

-Eso se explica en el poema que se titula así precisamente: hablo de la otra piel que tenemos con la pareja, la otra piel que tenemos cuando creemos en dios, la otra piel que es tu parte interna que sale y puede ser piel de lobo o de oveja.

-A propósito ¿cuál es su animal favorito?

-El perro en primer lugar y el caballo luego. Sé a dónde vas… Y sí, esa otra piel en mí pudiera ser la de un perro porque a mis perros yo los amé como a mis hijos. Ahora ya no tengo animalitos, se sufre mucho cuando les pasa algo o se mueren.

-Muchos de sus poemas están dedicados a varios amigos, son como retratos antiguos.

-Sí, son poemas a la medida, como hechos en sastrería para mis muertos. Creo que esa otra piel a la que aluden los poemas es la piel que vamos mudando a diario, esa piel muerta que dicen los médicos que dejamos en la cama, es la piel que muere para recordarnos sin decirnos que morimos todos los días.

 

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.