I

Comienzo con estas palabras tan cercanas y actuales, pero que en verdad nos llegan desde muy lejos y fueron pronunciadas por primera vez hace ya muchos años:

Admite una cosa:

a todo el que ves, le dices,

«Quiéreme».

En todas las épocas los tiempos han sido vertiginosos y caóticos; siempre, antes y en el presente sólo que a los tiempos actuales les ha correspondido ocurrir ahora, en el preciso momento en que nosotros, aquí, somos testigos de ellos y nos hacemos conscientes de sus aspectos vertiginosos y caóticos.

Haciéndonos cargo de esta falacia a medias, digamos entonces que en estos tiempos caóticamente vertiginosos muchos seres humanos vivimos en condiciones de hiperconectividad tecnológica, pero también nos hemos vuelto más indiferentes unos con otros, más distantes, paradójicamente, de nuestro prójimo tan próximo.

Y en medio de esta confusa maraña de circunstancias, resulta siempre reconfortante entrar en contacto con poetas como Rosario Rodríguez, que tienen la enorme capacidad de hacernos recordar que los poetas siguen siendo esos confederados en defensa de la inocencia, como quería Thomas Merton.

II

Y sigue diciendo el poeta persa que sabía de memoria el texto del Corán:

Por supuesto no lo dices en voz alta,

sino, alguien llamaría a la policía.

Porque en verdad se necesita gran acopio de inocencia y de coraje para dejar por escrito nuestro sentir más profundo, sobre todo cuando los poetas, como ya nos enseñó Bécquer, tienen que domar al rebelde y mezquino idioma con palabras que sean a un mismo tiempo suspiros y risas, colores y notas.

Y esa misma querella con el lenguaje está presente en La otra piel, porque sus páginas contienen una sucesión pausada de imágenes y momentos muy bien delineados a través de un lenguaje claro y certero, porque Rosario Rodríguez sabe que a media voz las verdades de la vida se vuelven más contundentes.

III

Porque más allá de lugares y épocas la condición humana es semejante en muchos aspectos, resuenan en nosotros las palabras del místico sufí que también fue aprendiz de panadero, copista y ocasionalmente poeta de la corte:

Aún así piensa en esto:

este gran impulso en nosotros

para conectar.

El presente volumen, de una brevedad que amplifica la intensidad de su contenido, reúne poemas escritos durante los últimos veinte años pero unidos por un hilo conductor bastante identificable: el arduo y cotidiano empeño de Rosario Rodríguez por forjar una conexión profunda y verdadera con hombres y mujeres afines a su sensibilidad artística y su calidad humana.

No es gratuito, entonces, que la mayoría de los poemas estén dedicados, en algunas ocasiones a los familiares más cercanos y en muchas otras a esa especie de familia ampliada que son los amigos, porque el transcurrir del tiempo nos hace transitar por las sucesivas etapas de la vida pero también nos va marcando dolorosamente con la suma paulatina y feroz de una muerte tras otra.

IV

El poeta sufí del siglo XIV buscaba con devoción unirse a la divinidad, sabiendo que a la eternidad se llega solamente a través de la vida cotidiana y del contacto con los otros que son nosotros.

Varios siglos después y al otro lado del mundo, La otra piel nos entrega las palabras de una mujer rodeada de duendes y fantasmas, que sabe entrar y salir de los laberintos de la obscuridad, pero que también sabe recorrer los caminos luminosos del día.

Arropada por el cálido abrazo de sus amigos, los presentes y los ausentes, Rosario Rodríguez busca su voz más auténtica y gracias a la hermandad de la inocencia poética logra hacerse eco de las palabras tan cercanas y actuales de Hafiz:

Admite una cosa:

a todo el que ves, le dices,

«Quiéreme».

 

Por supuesto no lo dices en voz alta,

sino, alguien llamaría a la policía.

 

Aún así piensa en esto:

este gran impulso en nosotros

para conectar.

 

¿Porqué no convertirte en aquel

que vive con una luna llena en cada ojo,

que siempre dice,

con ese dulce lenguaje lunar,

lo que todo otro ojo en este mundo

muere por oír?

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Héctor de Paz. Poeta, ensayista, narrador y editor. Actualmente es director de la Biblioteca Pública del Estado José María Pino Suárez. Ha publicado “Cuadernos de asombros bajo la lluvia” (UJAT, 2013); “Raíz de palabra y silencio” (Querétaro, 2012), “Papeles de la isla” (Orizaba, 2009), “Ahogada lumbre la sangre” (UJAT, 2006); “Pondrás tu boca en el polvo” (2002); y “La sangre es un caos doméstico” (UJAT 2010). En 2011 coordinó con Omar Lara “Vivo en doradas márgenes. Una muestra de poesía tabasqueña contemporánea”, publicado en Chile. Es asesor editorial, coordina talleres de creación poética y es profesor de la Escuela de Escritores José Gorostiza. Colabora con textos sobre literatura en revistas, periódicos y publicaciones electrónicas de México, Chile, Brasil y España.