Puntodereunión.- Antes de que Villahermosa se convirtiera en la “zona residencial petrolera del sureste mexicano” a finales del siglo 20, como se le describe en algún libro, fue una “dama pueblerina que vestía de trajes de múltiples colores”.

La sociedad era una sola familia y las casonas criollas lucían sus pianos de tres cuarto o media cola que las niñas tocaban a la perfección, así describe la poeta tabasqueña Rosario Rodríguez a esta ciudad en aquella mitad del siglo pasado.

“Y a pesar de ser provincia y aparentar recato o ingenuidad, los hombres y mujeres de aquella época vivieron grandes y prohibidos romances que hoy son parte de su historia”, comenta la autor del libro La otra piel.

Rosario Rodríguez
Rosario Rodríguez

Rosario María Rodríguez Ruiz nació en enero 29 de 1950, ha ejercido el periodismo desde los 20 años, la gestión cultural, la rebeldía de la literatura, y formó parte de la primera generación de creadores crecidos bajo la tutela nutricia de doña Carmen de Mora, la matriarca de la cultura tabasqueña.

La ciudad –y la sociedad tabasqueña en general-, ha comentado en charlas amenísimas llenas del sabor de la nostalgia y acompañadas con café, era una sola familia que tenía dos grandes herencias culturales, la recatada y la garridista, la de misas por la mañana y la comesantos: Y yo creo que tenía de las dos, dice la poeta aludiendo su carácter crítivo y rebelde.

A propósito de los festejos villahermosinos regala para Puntodereunión una estampa de la ciudad vivida en su infancia y adolescencia.

“La Villahermosa de ayer, era una dama pueblerina que vestía de trajes de múltiples colores y sin darnos cuenta se nos escurrió de las manos. A veces recuerdo el ayer de ésta ciudad, con nostalgia, pero también con la alegría de mis años de infancia y adolescencia, cuando las familias que la habitaban eran una sola familia.

“La sociedad villahermosina que vivía en el primer cuadro (las calles Juárez, Madero, Venustiano Carranza, Sáenz, Aldama, Reforma, Lerdo, 5 de Mayo, Iguala, Hidalgo, Fidencia, etc.), apenas ocupaba dos barrios importantes: Santa Cruz y La Punta, donde estaban ubicadas las iglesias de la Santa Cruz y La Purísima Concepción, las cuales anualmente celebraban la novena de sus respectivas fiestas patronales con kermeses propias de ese tipo de celebraciones.

“En la Villahermosa de antes se vivía con mucha libertad a pesar de ser provincia y aparentar ser recatada o ingenua. Grandes y prohibidos romances vivieron algunos personajes de aquella época, que hoy son parte de su historia. Cuando nos reunimos los paisanos nos da por recordar el cruce de las calles Zaragoza y Juárez, donde colocaron un semáforo, que fue el único durante mucho tiempo en toda la ciudad porque en esa época transitaban pocos carros.

En la remembranza de la escritora se entretejen los recuerdos “non santos” como cuando, a las 2 de la tarde, las damas que trabajaban en los centros nocturnos -“cabaret”-, salían a comprar a la ciudad. Se notaban sus presencias porque esa era la hora que muchos de los que vivíamos en plenoa estabamos comiendo.

Era una hora significativa para los villahermosinos. Marcaba la mitad del día “de nuestra patria chica a la que yo llamo mi casa grande”. Después de esa hora los adultos se iban a dormir la siesta, platica la escritora en una entrevista que acepta vía internet.

Agrega que en aquellas casas de muros altos y techos a dos aguas con tejas francesas también se escuchaba música clásica tocada por las excelentes pianistas villahermosinas, o  los pianistas, que también los había. Escuchar esos conciertos era maravilloso.

-¿Había una cultura del piano en casa que se perdió?

-Sí. Pasabas por las calles y casi en todas las casas alguien estaba tocando el piano e interpretando una bella melodía.

-¿Qué pianos de qué tipo eran?

-Los pianos por lo general eran de tres cuarto o media cola aunque muchos tenían vertical. Y te estoy hablando de pianistas de alto nivel como Graciela del Castillo de González, Rebeca Carrera Sosa, Amparo Vega, Angélica Somarriba, María del Pilar del Espíritu Santo Torruco -que es también la extraordinaria sonetista Alicia Delaval-, Manuel Pérez Merino conocido como el cantor del Grijalva y muchísimos más…

-Los pianos eran el lujo de las casas.

-Un lujo que se usaba magistralmente por casi todos los habitantes de casa.

-Decía que, a las dos de la tarde, se veían pasar las damas de cabaret, quiero imaginar el cuchicheo o el asombro.

-Las damas de cabaret eran las chicas de la zona roja. Un día le pregunté a mi madre porque no me podían llevar a la casa de mis tíos (que estaba a tres cuadras), y me dijo como si estampara una bofetada en el aire a mi impertinencia: ¡Porque No! No me quedé con la curiosidad y un buen día en la calle Juárez, hice tiempo adrede para verlas. Me parecieron guapísimas pero con un vestuario y maquillaje exagerado. Las saludé y todas me acariciaron la cabeza. Salí corriendo a contarle a mi primo la aventura, que se quedó boquiabierto, jajaja. Yo siempre saltándome las reglas de la “decencia”.

-¿Dónde quedaba la zona roja en esa época?

-Pasando el monumento a Sánchez Magallanes sobre la entonces Carretera del Golfo, en unos terrenos baldíos. Eso era lejos, lejísimo de la ciudad, solo los hombres llegaban por ahí y las prostitutas. Algunos amigos me contaron que sus papás los llevaban “al debut” sexual.

-Y me imagino que también hubo muertes y divorcios por amores “non santos”.

-Las mujeres de aquel entonces aguantaban los amoríos de los maridos, y algunas, les pagaron con la misma moneda.

-Lo normal y necesario…

-Así es…

-¿Cuándo aparece la televisión?

Primero fue el radio, luego el tocadiscos, enseguida aparecieron las consolas que traían todo. Y en los años 60, la televisión, con aquellas antenas altísimas que cuando llovía se perdía la señal, y si había tormenta, caían estrepitosamente sobre las azoteas.

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.