Un autor que hace de la práctica fotográfica su práctica de vida

Autorretrato, Hermilo Granados y las divas del jardín de oro, cortesía del autor.
Autorretrato, el fotógrafo y su trabajo retratístico. Foto cortesía del autor.

El fotógrafo tabasqueño Hermilo Granados es uno de los autores más completos que tiene la sepa de creadores visuales tabasqueños. Además de su animado talante y mejor decir, ha caminado con buenos resultados en casi todos los géneros de la práctica de la mirada fotográfica. El autorretrato, el retrato de las bellas y de los bellos –por aquello del desnudo femenino– el paisaje urbano y la naturaleza, el documentalismo de la cultura popular, la fotografía de autor y, por supuesto, la fotoestudio dan cuenta de su fórmula, combinación de limpia técnica, experiencia creativa y sensibilidad.

El retratismo quizá lo presente como autor pero no lo define del todo porque también es empresario y promotor de ese oficio-arte, y por si fuera poco, se mueve con facilidad entre las animosidades –y hasta se da el lujo de conciliar– en el gremio adorador de la casquivana musa de los asuntos visuales: la cajita negra, la lente, los pixeles, el asombro y los placeres de la imagen escrita con luz. Es decir, el maestro Hermilo es un autor que hace de la práctica fotográfica su práctica de vida y de eso vive. Ejerce la mirada como un acto de fe concupiscente, dicho esto en el sentido de que, la mirada fotográfica es un acto voyerista, precisamente porque se trata de un asomarse a lo otro y a los otros desde la ventana de la cámara o del celular.

La admiración, esa vista gorda que opaca los yerros pero da volumen a los aciertos, es uno de los primeros obstáculos a vencer cuando se trata de hablar desde los afectos. En este caso lo asumo con gusto para afirmar, por ejemplo, que el maestro por la Sociedad Mexicana de Fotógrafos Profesionales (SMFP), Hermilo Granados, entró por la puerta grande de la historia de la cultura en Tabasco y ha sabido mantenerse ahí con trabajo y aportaciones. No es el único, pero de aquellos que pudiera afirmarse lo mismo ya habrá oportunidad para decir sus por qué.

El Importador Fotográfico, cortesía del maestro Hermilo Granados
El Importador Fotográfico, cortesía del maestro Hermilo Granados

Lo de nacer con un pie en la historia lo escribo por varias razones conocidas por amigos cercanos y alguno que otro estudioso de la cultura local, pero que a lo mejor no lo son tanto para las nuevas generaciones. Su nombre completo es Hermilo Eligio Granados Carrillo, nació el 3 de febrero de 1944 en la Ciudad de México. Es hijo del matrimonio tabasqueño formado por María Concepción Carrillo Richie y Hermilio Manlio Granados Murillo. Su padre hizo nombre vendiendo vajillas y objetos lujosos fabricados en Europa que llegaban por barco hasta los faldones de Villahermosa, y es el mismo que, en 1926, establece la primera casa de venta de productos fotográficos llamada El Importador Fotográfico Kodak. La empresa familiar que también se conocería como Casa Granados, se mantuvo hasta la segunda mitad del siglo 20, y su hijo: el joven Granados Carrillo, con el cambio de banderín generacional, convierte en lo que hoy conocemos como Foto Fácil.

El joven Granados Carrillo estudió la carrera de Contabilidad en la UNAM y tras las visitas esporádicas  de vacaciones se reintegraría definitivamente al terruño paterno a los 18 años. Forma parte de esa generación de autores nacidos alrededor de la última década de la primera mitad del siglo 20: el poeta José Carlos Becerra en el año 36, Israel “Chacato” Zúñiga en el año 39, Arturo Fernández León en el año 40, Férido Castillo en el año 42, el poeta Dionicio Morales en el año 43, él, en el año 44, el narrador Bruno Estañol en el año 45, Ciprian Cabrera Jasso y Yolanda Andrade en el año 50, Ignacio Osorio en el año 51, Fontanelly Váquez en el año 52.

Fotofácil apadrina la llegada de la fotografía popular en Tabasco

Desnudos femeninos , presentados en la exposición colectiva Miro..., luego existo, de Hermilo Granados. Septiembre de 2017, Institututo Juárez
Desnudos femeninos , presentados en la exposición colectiva Miro…, luego existo, de Hermilo Granados. Septiembre de 2017, Institututo Juárez

De acuerdo con mis apuntes cronológicos para la histórica de la fotografía en Tabasco, hay varios momentos importantes en los que el homenajeado del fotoseptiembre universitario 2017 ha participado: Como adelanté líneas arriba, es el fundador de la empresa Fotofácil –así lo pronunciamos en Tabasco, todo juntito– que se inaugura el primero de septiembre de 1969, hace 48 años. La primera tienda Fotofácil abrió sus puertas en la calle Juárez, en pleno Centro Histórico de Villahermosa y años después con el boom de la fotografía popular llega a otras ciudades como Cárdenas, en Tabasco, y Mérida, en Yucatán. Como empresario al tanto del desarrollo de la tecnología fotográfica, Hermilo Granados abrió el primer laboratorio de revelado en color en Tabasco marca Kodak en 1978.  Instaló el primer servicio de revelado de una hora en 1984 y la primera impresora digital de calidad fotográfica y de gran formato en 2004.

El nombre comercial de este proyecto empresarial resulta visionario para la época porque resume la filosofía de la fotografía popular análoga –iniciada por la industria fotográfica estadounidense- que se caracterizó por el auge de los rollos de película a color en 35 mm, camaritas casi desechables que podía comprar cualquier persona, y las impresoras minilabs a color con capacidad para reproducir grandes volúmenes. Fotofácil apadrina la llegada de la fotografía popular en Tabasco, continúa operando hasta el día de hoy, aunque enfrenta los duros retos que impone la llamada foto web móvil que se caracteriza por eliminar el objeto foto: la impresión.

Se puede afirmar al final de al segunda década del siglo 21 que la fotografía popular análoga ya no existe pues fue desplazada abrumadoramente por la cultura popular ciberespacial que conocemos: la de los Smartphone que a su vez crearon nuevos hábitos de consumo y producción de imágenes como comunicación inmediata que hoy domina el mundo a través de redes sociales. Esta nueva fotografía popular, por cierto, tiene en jaque al universo mismo de la fotografía profesional y la somete a un nuevo universo: el de la imagen líquida. Hay una situación curiosa con la fotografía popular que va de los años 70 a los 90 –y digo fotografía popular entendida como un hábito de consumo sin apegos ni presunciones creativas, pero liberada de los estereotipos “artísticos”- fue menospreciada por la fotografía seria de la época, sin embargo, los fotógrafos conceptualista del nuestros días revisan con fruición y se apropian de las viejas impresiones maltratadas de personajes comunes y negativos encontrados de autores anónimos, incluso se copia su estética retro y desenfadada.

Lo que dice y calla el retrato

Carla Sofía Azcuaga Díaz, Embajadora de Emiliano Zapata, foto de Hermilo Granados, 2015
Carla Sofía Azcuaga Díaz, Embajadora de Emiliano Zapata, foto de Hermilo Granados, 2015

Otro proyecto fotográfico importante del maestro Granados ocurre en 1979 cuando inicia con su trabajo más conocido: los retratos alegóricos de las mujeres que participan en el concurso de bella realizado con motivo de la Feria Tabasco. De acuerdo con lo que él mismo platica este proyecto fue más bien un impulso que no se imaginó que conservaría a lo largo de más de tres décadas, pues continuó con el registro y lo mantiene hasta la fecha.  Desde 1983, cuando realiza la primera exposición, cada año, retrata a las 17 jovencitas que compiten por la Flor de Oro, símbolo de ese reinado efímero de la belleza local y metáfora visual sintética de la cultura de cada una de las regiones del estado. Este trabajo -interrumpido en 2008 y 2009 por las secuelas de la inundación de 2007- basta para convertirse por sí sólo en un estudio social e histórico de género sobre la belleza y la moda, incluso el político de nuestro estado. Pero también está la mirada del fotógrafo que se mimetiza o somete a los dictados del juego escénico de la tabasqueñidad. En su inmenso archivo análogo y digital están los retratos de más de 600 jóvenes mujeres, conjunto que es hoy por hoy el acervo más importante sobre la mujer en Tabasco y alrededor de esa producción, de seguro están igual o un mayor número de fotos que el maestro hace como regocijo propio, sería interesante encontrar los ecos y desencuentros de la misma mirada.

El retrato –dice la investigadora Laura González Flores en su libro Fotografías que cuentan historias (2007)- tiene un carácter tan ideal como las “vistas” pintorescas: no representa necesariamente a la persona como es, sino como debe, pretende o aspira a ser. Y en este caso las fotos de las embajadoras tabasqueñas son imágenes construidas mediante la convención dictada por el imaginario folclorizado del trópico maravilloso. Esto no es un desdoro para la fotografía idealizada y bien hecha, como enfatiza González Flores, es necesario decirlo para entender que en ella conviven: lo que muestra y -al mismo tiempo- lo no representado de una imagen. Los retratos alegóricos: una simbolización sintetizada de unos cuantos elementos típicos del paisaje, las escenificaciones y montajes fotográficos de las embajadoras son la declaración por antítesis de un trópico en vías de extinción. Los retratos de las embajadoras tabasqueñas son una versión moderna de aquellos paisajes de la identidad -como describe la investigadora a los retratos de los tipos mexicanos realizados en el siglo 19-, que tienen un doble efecto descriptivo: lo pintoresco de paisaje se enlaza con lo exótico de sus habitantes, que nada tiene que ver con la real realidad que por impertinente se le escamotea como sospechosa, pero que ella, la realidad, como toda buena impertinente, termina colándose con su verdad.

De esa otra forma de mirar también participa el maestro Granados como miembro fundador del Círculo fotográfico enfocArte. El grupo se dio a conocer por primera vez en el circuito cultural local con la exposición Realidad Alterna, inaugurada en el Instituto Juárez el año 1994. A este grupo, junto a otros que aparecieron años antes, le tocó abrir brecha para la fotografía en el escenario de las artes visuales en Tabasco, de hecho se puede decir que junto con el Diplomado de Fotografía de la UJAT, son el antecedente obligado de lo que hoy se conoce como Centro de la Imagen de Tabasco (CIT). También –pero por reacción adversativa– dio origen a los grupos alternativos que desaparecieron con la misma rapidez con que se inconformaron contra el núcleo enfocArte, poderoso por sus relaciones de poder, estable por la condición económica de varios de sus integrantes. Es el grupo cultural más longevo de Tabasco, en este 2017 todavía se utiliza su membrete desde el CIT para convocar a exposiciones. Su lugar en el panorama de la cultura es innegable, en su momento ofreció perspectivas de poderosas construcciones visuales colectivas como las muestras colectivas: Ecocidio presentada en el 2005, o su participación en la colectiva de Arte Objeto en la cantina Brunos. Hoy el grupo va en retirada, perdió su perspectiva crítica y su colectividad es de inercia. Ecocidio, en la que se da fe de la estrujante destrucción que se comete día a día en el paraíso tabasqueño, se colgó por primera vez en el mismísimo Palacio de Gobierno como la exposición fotográfica que dio voz a “la naturaleza que se muere”.

Ecocidio fue un hecho inédito para la época que muy pocos percibieron. Fue una de las mejores propuestas visuales entorno al trópico en ruina. En ella, el maestro Hermilo Granados se imponían en el espectador con su trabajo de corte experimental en el que se integran a la imagen elementos extra fotográficos: como el collage y el arte objeto: Para mi fue un reto hacer porque no quería retratar la basura ni elaborar un concepto o una foto sino agregar elementos. Son fotos construidas, de alguna manera. Sin duda, fue con la obra “Ayyy mis selvas” donde mejor logra su cometido pues el cuchillo que sobresale del plano de la imagen “hiere”, “asesina” la selva que se desangra, y va perdiendo color en varios zonas de la fotografía.

Construir repositorios fotográficos para ensayar nuevas visiones

La huella editorial de un hombre que hace foto, …luego existe.
La huella editorial de un hombre que, Hace foto, …luego existe.

La condición de fotógrafo, empresario e introductor de los nuevos modelos de cámaras en el estado otorgó al maestro Granados una posición privilegiada. En el año 2000 –en el vano del siglo 21- seis años después de aquella muestra colectiva con enfocarte, presenta las primeras fotos digitales tituladas en un recinto cultural: Eros y Tanatos y Tres veces tres, en la galería villahermosina del desaparecido Colegio de Artes Tabasco.  La cámara fue una Kodak DC 290 (1998) que tenía un costo aproximado de mil 100 dólares, algo así como unos 22 mil pesos mexicanos, que permitía tomar fotos de 11 X 14 pulgadas con una resolución de 2.1 megapixeles que se almacenaban en discos compactos y se alimentaba de cuatro baterías doble A. Para la edición de las fotos usó en la versión 3 del famoso programa Photoshop. Estas primerísimas imágenes fueron el anuncio. Desde entonces, ¿cuántas imágenes digitales ha producido el maestro con cámaras digitales y con los Smartphone? No lo sabemos.

A esa primicia digital, se suma su inclusión en uno de los libros significativos para la historia de la cultura en Tabasco: Mirar al Sur, publicado por la entonces máxima institución cultural nacional, Conaculta, en el 2002. Mirar al sur resultó de la curaduría realizada por el crítico y curador de arte  Santiago Espinosa de los Monteros para la exposicion itinerante que se conoció en todo el país bajo el mismo nombre. Es un libro importante para la historia de la fotografía en Tabasco porque es el primero donde la fotografía que se hace por tabasqueños encuentra mención dentro de los circuitos de las artes visuales de la región sur-sureste. El crítico, destaca la obra idílica el maestro Granados pero se queda -e incluye- con aquellas preocupaciones visuales que reflejan la vida contemporánea:

Hermilo Granados, por el contrario, ha optado por dejar en sus placas fotográficas la parte idílica de la sociedad tabasqueña. Una de sus actividades comerciales más recurrente como fotógrafo es retratar a las encumbradas damas de la sociedad, quienes al ojo de su cámara lucen los mejore peinado, los vestidos más bellos y los maquillajes precisos para ser la reina de la primavera, la novia ideal o la cándida quinceañera. Su obra en Mirar al Sur nos permite ver otra de sus preocupaciones: documentar algunos espacios públicos, en este caso la famosa cantina poblana “La Pasita” y el interior de un bar estadunidense en el que un adolescente rodeado de meseras en diminutos shorts se aventura a ser el centro de atención momentánea de esa noche. Es destacable su serie sobre México, plagada de los colores verdes, blanco y rojo, calaveras y rostros mestizos realizada de manera digital.

En este impreso, Espinosa de los Monteros, apunta un sesgo de la obra granadoína, la documental y la fotoestudio, la que se hace según las relaciones mercantiles pero que no deja de reflejar a la sociedad tabasqueña, y la que representa las dinámicas culturales que Granados encuentra cuando se libera del estudio, más libre y hasta llena de humor. Otro dato es que, solo incluye dos autores: Granados e Ignacio Osorio. Extraño porque para entonces ya estan en plena producción otros autores como Fernando Elizalde, Edmundo Segura, entre otros.

Detalle de la exposición colectiva Miro..., luego existo. Septiembre de 2017, Institututo Juárez
Detalle de la exposición colectiva Miro…, luego existo. Septiembre de 2017, Institututo Juárez

Además de la producción y trayectoria como creador, esos son algunos de los motivos que permiten decir que el maestro ha estado presente en algunos de los momentos privilegiados de la cultura en Tabasco. Pero da para más: su trabajo documental, por ejemplo, es bastante desconocido. Esta es quizá la parte más difícil del proceso creativo que enfrentará la obra del maestro, definir las colindancias de sus apetencias, marcar los itinerarios de sus obsesiones, realizar la cartografía creativa de sus desplazamientos visuales. Su galería de embajadoras y autorretratos son conjuntos definidos pero qué pasa con todo el otro capital visual que no entra en esos apartados. Con el trabajo documental o el paisajístico, por ejemplo, se podrían hacer revisiones apropiativas o curaduría con selecciones críticas. Por ejemplo, ¿qué seleccionarían otros fotógrafos de la obra granadoína? puestos a trabajar sobre líneas conceptuales o temáticas: el color, la mujer, el paisaje. A las nuevas generaciones les tocará asumir los abordajes críticos hacia sus hermanos mayores.

Los congéneres de la fotoestudio tabasqueña, la generación de principios de siglo 20 y los de segunda mitad de ese mismo siglo, incurrieron en un error común, no pensaron en función de archivos ni de patrimonio cultural. Esperemos que con esta generación del siglo 20 y principio del 21, no ocurra lo mismo, aunque ya sabemos a lo que se enfrentaría un archivo fotográfico –además digital- en Tabasco, con la devastadora humedad del trópico. A diferencia de aquellos, los actuales autores además del trabajo creativo tienen que considerar como parte del oficio la creación de repositorios digitales abiertos para la construcción de imaginarios. Los archivos documentales de Granados de seguro serán las delicias de la investigación histórica pero sobre todo de los artistas posmodernos. En el siglo 20, la fotografía fue confinada a la mesa de ilustraciones del pensamiento histórico, una auxiliar visual, pero el siglo 21 se caracteriza por hacer de la imagen un espacio de investigación y experimentación plástica más allá de ser únicamente un dispositivo visual que se cuelga en la pared o se comparte, aunque también se hace objeto dimensional. Entran en escena la neo-objetualidad y la conectivividad de la imagen.

Sobre estas perspectivas Pedro Meyer ya puso el ejemplo ene l 2002. Como se sabe, el fotógrafo mexicano puso en línea su archivo fotográfico que contiene todo su material: cerca de 400 mil imágenes producidas a lo largo de su vida –y sumando- con el que se pueden consultar y  armar temáticas complejas o sencillas al que se puede acceder sin costo. Quizá esta opción permitiría deconstruir al Granados que conocemos y construir otros que desconocemos pero que están ahí, esperando nuevas lecturas. El asunto es perder el miedo a compartir, ensayar nuevas construcciones y permitir nuevos ensayos, cambiar el chip, convertir los acervos en repositorios abiertos a la multiplicidad de las lecturas. Ensayar la visión.

Crear conectividades visuales para los nuevos lectores

Hermilo E. Granados, Encuentros Visuales
Hermilo E. Granados, Encuentros Visuales

Tamañas empresas se dicen fácil. La creación de un archivo fotográfico tiene que incluir la participación de las autoridades culturales: Instituto de Cultura, universidades como la UJAT, municipios como Centro, empresarios, pero también es necesario el interés de las distintas agrupaciones y autores. Si pensamos en función de Imagen fotográfica –y no de la foto- en el siglo 21 la imagen tiene que pasar por el proceso de la apropiación para que exista: la reproducción pero también el análisis. Mantener una conectividad entre el contexto que le dio origen y los nuevos espectadores a través de un acceso libre para que no le ocurra lo mismo que le está ocurriendo a los libros en las bibliotecas. La fotografía tiene a favor la inmediatez de su percepción pero en contra el mito de que se lee más fácil que mil palabras.

En Tabasco se tienen muchas carencias, rezagos que parecen penitencias históricas. Quizá ya es tiempo de la creación de un Centro de Investigación y Producción de la Imagen, con su galería dedicada al retrato, con su salita de exposiciones de objetos relacionados con la imagen: desde las cámaras hasta los microscopios y telescopios, pasando por las herramientas que los propios fotógrafos han construido o modificado. Sé que el fotógrafo Fernando Elizalde ha construido cámaras, sé que el maestro Vila construyó su propio cilindro para revelar fotos de gran formato, sé que profesor Edmundo Segura ha elaborado cámaras de cartón con diseños originales. Me imagino que el maestro Granados conserva muchas de sus primeras cámaras digitales. Un Centro de Investigación y Producción de la Imagen que cuente la historia de la fotografía en Tabasco, divulgación biográfica de autores, consulta de archivos por tema y por autor, compra de fotos en línea, un espacio abierto y distinto al de los acaparamientos museísticos con talleres que contribuyan a la alfabetización visual. Se necesita crear oportunidades de conectividad visuales -yo prefiero la palabra conectivividad-  para los nuevos lectores bajo esa combinatoria que propone Meyer: visibilidad y accesibilidad.

Y ni qué decir con las memorias y las expresiones escritas de los fotógrafos. A mí –especialmente- me gustaría leer los comentarios críticos y las memorias o por lo menos el anecdotario fotográfico escrito por el propio maestro Granados, porque también tiene buena pluma. Como otros autores de la época de oro del fotoestudio, esa de cuarto oscuro y fotos en blanco y negro, el maestro Granados conoció los procedimientos, la pericia en el laboratorio y la actitud en el terreno de la toma, de muchos. Tanto él como el maestro Israel Chacato Zúñiga –otro personajazo- podrían escribir el libro de los Tipos tabasqueños de la fotografía.

Gato viejo que merodea la luz, y despedida

“Reflejos e imágenes de Tabasco” publicado en el 2015 por el Gobierno del Estado de Tabasco.
“Reflejos e imágenes de Tabasco” publicado en el 2015 por el Gobierno del Estado de Tabasco.

Conocí al maestro Granados hace unos 10 años y desde entonces he observado que se mantiene en constante movimiento creativo y aprendizaje. Sigue acumulando Méritos en la agrupación nacional, sus amigos lo quieren y los aprendices –algunos- de aquí y por allá, lo celebramos como autor. Lo he entrevistado varias veces en los últimos años, hemos realizado algunas excursiones fotográficas y lo he visto como se mueve entre la gente: gato viejo de harta maña merodeando la luz, seduciendo a los sujetos. Recuerdo en especial el taller con la maestra Yolanda Andrade, su capacidad para reencuadrar la experiencia visual y aceptar otras posibilidades en la fotografía, esa experiencia no la hemos repetido los autores tabasqueños que asistimos a ese diplomado. Nos falta humildad y curiosidad por la obra de los otros. También he tomado con él unas cervezas y como sé que vivirá muchos años tengo tiempo para ser su amigo.

Mientras tanto, me da gusto estar en esta mesa-homenaje con la que el fotoseptiembre ujateco lo destaca y suma a una serie sucesos que lo han venido ponderando: en el 2015 el gobierno de Tabasco le publicó su hermoso libro Reflejos e imágenes de Tabasco, hace poco, el mensuario Liberación Tabasco le dedicó un gran espacio a su trabajo sobre las embajadoras tabasqueñas. Me alegra que se le mantenga presente, porque: como el amor y otras querencias, los homenajes en vida son mejores. ¡Saludos y salud!

*Parte de este texto fue leído el viernes 1ro de septiembre en la primera jornada del Fotoseptiembre Universitario 2017, convocado por la UJAT, en el Instituto Juárez.

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.