Siempre he dicho que no creo en el paisaje pellicerianizado que políticos, autoridades culturales y costumbristas de cualquier cuantía y género se empeñan en meternos por los ojos y sin anestesia: en cada Feria, evento cultural, homenaje y hasta charla de café. Un paisaje que la contundencia de los estudios científicos y la mínima observación cotidiana desdicen. Por ejemplo, leí que Tabasco amaneció a mitad del siglo 20 con apenas el 10 por ciento de lo que fue la gran selva tabasqueña, pero como los hay descreídos, a estos les bastará darse una vueltecita por las lagunas y ríos para constatar que son un vertedero de aguas negras, territorio de rapiña de la modernización urbanística e incluso de la pobreza.

Imaginemos –sin cerrar los ojos para evitar accidentes- un mapa de Villahermosa de los años 30 del siglo pasado sobre otro de este 2015 para ver cómo el territorio de agua de la ciudad ha sido devorada por el cemento. Estamos ante un “trópico en ruinas”. Nostalgia¡? No. Esto es mera descripción para darle carnita al puchero de los desencantos condimentado con la hipocresía social: todo mundo está hablando de la maravilla del paisaje tabasqueño, del calentamiento global, de la extinción de las especies naturales, sin embargo, cuando se trata de defenderlos muy pocos asumen el riesgo.

Pero entonces, ¿cómo fue que escribí un texto como el que acompaña las fotos del libro Reflejos e imágenes de Tabasco del maestro Hermilo Granados? La razón es sencilla. Si bien creo en la fotografía como una forma de constatar –visual, emocional, reflexivamente- el tiempo que me tocó vivir, también creo en que, a veces como ahora, la fotografía es una especie de caja temporal de pequeños prodigios, una especie de botella de imágenes tirada al mar que algún día otro lector-espectador encontrará y se asombrará tal y como nosotros nos asombramos ahora cuando encontramos una foto de aquella antigua san Juan Bautista. Mucho de lo que ahora vemos quizá en esos futuros entonces ya no estará, y serán –únicamente- asombros en el papel. Este libro es la celebración de un hombre que sabe encontrar belleza. No me desdigo entonces y retomo el texto publicado en sus páginas:

Tabasco es una geografía que se compone de varios reinos naturales: el agua, la luz, lo verde y el barro. Es un territorio de intensidades que se combina y se transforma en el tiempo. Para vivirlo hay que tener conciencia de esto porque tanta agua y tanto verde puede convertirse en fascinaciones inquietantes en la pupila no acostumbrada. La alquimia de la naturaleza en las manos de los hombres y mujeres tabasqueños produce pequeños prodigios, por ejemplo: a ras de tierra, el barro cocido se convierte en memoria. Y en los sesgos del aire la querencia tiene el aroma del chocolate. ¿Y qué me dicen de la sombra y del agua de tamarindo o de matalí tan necesarios en los días de la canícula?

El trópico es un territorio bullicioso de la metáfora solar que crece con el talle musculoso de las ceiba –hay quienes dicen que arriba los árboles y los pájaros se ponen de acuerdo en cosas generosas para las gentes que habitan estas tierras-, se expande en las hojas de los platanares o toma las formas ondulantes de los ríos y pantanos.

Esta fiesta de prodigios también se puede percibir en el día a día mundano y necesario. En los mercados, en la agitada vitalidad urbana y en el jolgorio de la fiesta patronal están están los olores y colores de la tierra. Y va más allá esta impregnación. El reino natural de Tabasco está en la celebración del poema y la canción popular, en la maravilla de la pintura y, gracias a la cámara y la sensibilida del hombre tras ella, en el milagro sigiloso de la fotografía. Sabemos del paisaje y sus prodigios altísimos en el siglo 20 porque fue poetizado por Carlos Pellicer, de la jocosidad del lenguaje por la pluma de José Ma. Bastar Sasso, de sus formas en el amor por lo cantado por Pepe del Rivero y José Claro García. Y sabremos del edén en el siglo 21 por lo plasmado por pintores como Faustino Franco y Férido Castillo y captado por fotógrafos como el maestro Hermilo Granados.

Vivir, cantar, celebrar, tener entre las manos este paisaje es una aspiración que se renueva con cada nueva generación. El paisaje tabasqueño es un asombro que se renueva con los años y al mismo tiempo es diferente en la Sierra, en los Ríos, en la Chontalpa, en los Pantanos y en el Centro, que son los puntos cardinales que se dispusieron para guiarnos en el trópico.

Lo que aquí se ve “los llenará de luz”: ese árbol reciente puesto frente a nosotros, ese atardecer que aconteció en la lontananza y esa choca en su traje de gala que obsequió una sonrisa fugaz, todas son imágenes cosidas por un filamento de luz y sensual humedad, son parte de un asombro que viene desde otros tiempos y se quedará con nosotros, gracias a las fotografías y libros como el que ahora nos reúne. Felicidades maestro.

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.