Sheila Dorantes de Monterde nació en Agua Dulce, Veracruz, el 1 de noviembre de 1934. Es pintora y escritora, uno de esos casos raros de la historia de la mujer en la cultura tabasqueña: se inicia en la literatura hasta los 45 años, formación que interrumpe, y los 55 retoma sus inquietudes creativas iniciándose en la pintura al tiempo que renueva su interés por la formación literaria. Expone por primera vez a los sesenta años y publicará su primer libro tras una larga formación en talleres literarios locales a los 77 años.

Dorantes es hija de familia tabasqueña, de ahí que señala que nació por accidente en Veracruz. Su abuelo materno Ángel Gonzalez García abandonó el estado por la persecusión que sufieron los católicos ferreos en la época del garridismo, de hecho, el hermano de don Ángel, Evaristo González García, fue fusilado por las brigadistas armados de Tomás Garrido Canabal. Volvería al terruño originario a los seis años de la mano de sus padres Artro F. Dorantes Martínez -alto funcionario de PEMEX- y Laura Elena González López, que se establecieron en Macuspana. De inteligencia aguda, a los cinco años ya sabía leer y escribir. A los catorce y medio, su padre la envió a aprender inglés en la California estadounidense de donde regresa a los 17 años dominando el idioma, lo que -más adelante- le permite ejercer su enseñanza durante muchos años.

Por las costumbres dominantes de la época: primero el duro sometimiento familiar y luego el control exigente del matrimonio, no pudo ser maestra de primaria ni pianista. Esperaría con calma. En plena madurez, a los 45 años, logra iniciar su proyecto de formación en la creación literaria y luego la pintura. “Pintar, escribir y bailar son mis pasiones, y aún ahora, a mis casi 81 años, pongo música y bailo sola en mi casa, porque así como hacer ejercicio te da buena condición en el cuerpo, bailar da buena condición en el alma”, dijo en una de las pocas entrevistas que se conocen de esta autora tabasqueña.

Por el lado de las prácticas literarias es narradora que frecuenta el cuento y la novela. Se inició en el mítico taller literario que ofreciera el poeta ecuamex Fernando Nieto Cadena en Villahermosa, gracias a un convenio cultural entre  el INBA y la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), a finales de los años setenta en lo que fue la Casa de la Cultura de la UJAT (hoy Instituto Juárez). Abandonaría este taller un año y medio después de su llegada por los recelos de su esposo, quien le pide que lo abandone “porque habían muchos hombres y pocas mujeres en el grupo”. La anécdota es importante porque refleja la época y en especial, el cáracter y la búsqueda del cauce creativo de la tabasqueña. A la edad de 55 años, ahora en un taller de pintura, recibe otra vez un últimatum de su esposo: la pintura o el divorcio. Por supuesto, tras la respuesta contundente de Sheila, su esposo aceptó que continuara con su formación en diversos talleres literarios y de pintura que se impartían en Villahermosa.

Será hasta 2011 cuando publica su primer libro La princesa de la luna, novela impresa bajo el sello de la UJAT -que se puede bajar de manera gratuira en la página de la máxima casa de estudios tabasqueña  http://www.joveneslectores.sems.gob.mx/documentos/colecc_estatal_tabasco/La_princesa_de_la_luna.pdf  -y en 2014 publica su segundo relato extenso Un extraño regalo, bajo el sello del Instituto Estatal de Cultura de Tabasco (IEC). Toda su obra gira en torno a una obsesión, el mundo ancestral de las culturas Olmeca y Maya. Como parte de su cumpleaños 80 publica -de manera particular- el poemario titulado “El ser”, que tiene como tema central: Dios. Del total de su producción, doce libros siguen en espera de publicación.

En el campo de las artes visuales es pintora con larga trayectoria en su terruño donde ha presentado 23 exposiciones individuales y un sinfín de exhibiciones colectivas. Se inició en el taller de pintura del Ateneo de PEMEX que se encontraba muy cerca del Parque Museo de La Venta. Tras la desaparición de ese instituto, cursa los cuatro años del taller de pintura de la Casa de Arte de Tabasco, en la zona cultural CICOM, con la maestra Norma Pirrón. A eso, siguieron dos años más en el taller alternativo que se improvisó en la casa de la pintora Vitola Galán. Participa poco o casi nada en los concursos y bienales, sin embargo, en 1983 obtuvo el primer lugar de pintura dentro del concurso estatal que convoca el Gobierno del Estado con motivo de la Feria Tabasco.  Casi toda la produccion visual se encuentran en colecciones familiares, algunos pocos en colecciones privadas, sólo los trabajos que guardan especial atención, se mantienen en su casa, casi convertida en una galería particular. En lo pictórico, “como no tiene palancas”, no se le ha publicado un catálogo de su trabajo.

Sheila Dorantes de Monterde casó a los 22 años con Antonio Monterde Lardiez, “un español que se sentía muy mexicano”, con el que forma familia estable y próspera, y es prima hermana de la actriz Lucy González, la diva tabasqueña que alcanzó fama en los años sesenta por sus actuaciones en la época del cine de oro de México. Precisamente en la foto -tomada para la entrevista que se puede encontrar encontrar en esta página http://puntodereunion.com.mx/2017/07/18/sheila-dorantes-una-mujer-que-pinta-escribe-y-baila-sola/– y que ilustra esta entrada, aparece con la actriz y el menor de sus primos, emulado una foto que se tomaron los tres cuando eran muy jóvenes en la ciudad de México. Dorantes de Monterde forma parte de ese reducido grupo de mujeres tabasqueñas nacidas en el siglo20 que se impusieron a su época y practicaron varias actividades creativas como la escritura, la pintura, el periodismo, la enseñanza, entre ellas: Bertha Ferrer y Gabriela Gutiérrez.

 

Compartir
Artículo anteriorUn extraño regalo, la novela
Artículo siguienteSheila Dorantes, una mujer que pinta, escribe y baila sola
Puntodereunión (Enero de 2016) es una revista cultural en línea que concentra su atención periodística en el encuentro contemporáneo entre las culturas, las ideas, el arte y la ciencia en el Tabasco y el Sureste. En sus temas -dentro de lo posible y según sus posibilidades- se pepena la inmediatez viral en la redes sociales, se da cuenta del diarismo de la agenda cultural según lo dictan la actividad de las instituciones y organismos alternativos, y el periodismo cultural entendido como actividad reflexiva, como investigación y diálogo que toma su tiempo y distancia. En resumen, periodismo cultural como punto de reunión propuesto para pensar con emergencia lo que acontece pero también para la convivencia entre las distintas prácticas culturales.