El autorretrato, el performance y la anagnórisis tienen en común el territorio de la “Yodicea”: dominios, descubrimientos, atributos y presencia de ese bendito yo. El autorretrato es género propio de las artes y los artistas del siglo 20. En una primera etapa, el autor se representa a sí mismo para indagar en su interior o exponer ideas estéticas,  y enseguida, desde el performance pone el cuerpo, se deconstruye y reconstruye a sí mismo en función de una idea a veces política, a veces en confrontación con su tradición. Enseñar el cuerpo, llevar lo íntimo hasta los límites era cosa de artistas hasta que, el nacimiento de la telefonía móvil y las redes sociales, al mismo tiempo que liberan a la fotografía del exhibicionismo la ponen en crisis: la intencionalidad conceptual se reblandece, el fotógrafo desaparece.

Contra el autorretratismo embarnecido con likes, la  autorrepresentación se mantiene como una salida creativa con la puesta en escena de un yo ficcional donde el imaginante visual, el autor, antes que el parecido busca des-parecerse. El autor nos cuenta sobre su presencia desde la ausencia, es la casa –su luz y su sombra, la huella y los acomodos- la que cuenta sobre el hombre que la habita. Más allá, la simbiosis metafórica entre un objeto y el cuerpo nos dice algo sobre ese yo en la que el parecido es lo que menos importa.

Retrato y autorretrato anagnórico
Retrato y autorretrato anagnórico

Por retrato anagnórico entiendo la puesta en escena en la que opera un encuentro con un objeto que viene a sustituir la fisonomía, no para ocultar sino para decir lo que no se dice. El imaginante visual, el fabulador, no construye un yo ni se agota en un yo, construye muchos otros que pueden surgir de la multiplicidad de su interior y representar a los distintos otros yo colectivos con los que simpatiza, se duele o se confronta: accionista lírico o conceptualista.

Los diccionarios literarios explican la figura narrativa “anagnórisis” haciendo referencia al famoso pasaje homérico, donde Odiseo-Ulises tras veinte años de ausencia es reconocido por su padre, su hijo, su siervo y su esposa: la bella Penélope, gracias a varios indicios que solo conocían su mujer, su siervo, su hijo y su padre: una, marca, una seña, un recuerdo, un arco y una destreza especial.

La definición más literal de este recurso ficcional que proponen los especialistas es la siguiente: reconocimiento o revelación de un personaje por parte de otro en un relato gracias al descubrimiento de datos esenciales sobre su identidad, sus seres queridos o su entorno, ocultos hasta ese momento. Otros más agregan el auto-descubrimiento de una verdad que un personaje hace sobre sí mismo a partir de un “indicio” -lo que lo emparenta con la novela policiaca- que tiene que ver con el objetivo esencial del autorretrato anagnórico.

Dilatando la extensión del concepto, aplicado al retrato y la autorrepresentación se puede decir que se trata de una revelación fabulatoria que se busca o se construye a partir de un “objeto que ocupa gran parte del espacio de la identidad. En el caso del retrato -una imagen de poderosa carga simbólica-, donde más que atender a la carga referencial o denotativa, subyuga el contenido simbólico de conjunto formal. En el caso de la autorrepresentación es el propio autor el que busca o encuentra “el personaje que es” a partir de un “objeto: la asociación y asombro que dice –nos revela ante el otro-, o nos dice –a nosotros mismos- algo.

Nuestra señora de las iguanas, de Graciela Iturbide, 1979
Nuestra señora de las iguanas, de Graciela Iturbide, 1979

Unos ejemplos. El primero es la Nuestra señora de las iguanas, de Graciela Iturbide, tomada en Juchitán (1979), obra imponente por el magnetismo del extraño personaje: una mujer oaxaqueña que lleva coronada la cabeza con siete iguanas de distintos tamaños. Una  toma en contrapicado que le aporta monumentalidad. Se trata de una foto documental, es decir, la autora se “topó” con ella aunque también podemos decir que la “buscó” por el contexto de toda la obra que rodea esa temática obsesiva de Irturbide en esa época, como señala ella misma.

La luna, de Luis González Palma, 1989
La luna, de Luis González Palma, 1989

El segundo ejemplo es La luna, foto del guatemalteco Luis González Palma realizada en 1989, una obra cargada del imaginario de su país. En La luna, el personaje femenino se presenta perfil, desnudo de la cintura a los hombros, lleva amarrada al rostro una media luna. Es una fotografía construida en la que el autor “despliega un lenguaje simbólico e iconográfico rico y polisémico que desestabiliza la posibilidad de una mirada única y dominante”: ¿qué significa el cuerpo de la mujer con ese objeto que parece una media luna?, ¿es una luna-mujer o un animal mítico?

Las otras presencias del yo, los picobolas, de Juan de Jesús López, 2017
Las otras presencias del yo, los picobolas, de Juan de Jesús López, 2017

En la autorrepresentación anagnórica el “objeto no tiene la presencia de un disfraz –carnavalización-, no está ahí para ocultar, para disimular ni para decorar. La presencia del “objeto” obedece una transposición simbólica. La combinatoria del proceso de metaforización da como resultado un relato mítico, surge de un impulso revelador, de un deseo de mitificación: el objeto se encontró o se construye siguiendo el impulso del que se tiene una intuición que va de lo obsesiva a lo ritual, no importa cuál sea la vía adoptada. La poética del retrato anagnórico no es la del autor que fabrica imágenes para ilustrar sino la del hombre que va viendo visiones, y para eso, recurre al imaginrio de su cultura o construye el suyo propio.

*Las fotos: Nuestra señora de las iguanas, de Graciela Iturbide, y La luna, de Luis González Palma, se reproducen aquí sin fines de lucro y solo con el fin divulgación cultural.

 

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.