La diva tabasqueña que irrumpió en el cine mexicano de medio siglo 20

De Comalcalco es la mujer que Tabasco dio a la época de oro del cine mexicano: Lucy González, la actriz tabasqueña que ha sido descrita como una estrella fugaz de ese codiciado firmamento nacional en blanco y negro. Estampó su nombre en filmes clásicos de medio siglo 20 como Chilam Balam al lado de Ignacio López Tarso y Carlos Bahena, y comedias como Hora y media de balazos filmada junto al famosísimo Resortes, además de muchas fotonovelas, obras de teatro y programas de televisión de la época. Sin embargo, dejaría el escenario del espectáculo en medio del éxito total y las promesas internacionales: para casarse y dedicarse a ese otro escenario donde los rodajes no son aclamados, carecen de lamparones y flashazos: el hogar y el amor por sus tres hijas.

Lucy González, la diva tabasqueña que irrumpió en el cine mexicano de medio siglo 20
Lucy González, la diva tabasqueña que irrumpió en el cine mexicano de medio siglo 20

Ahora vive sola en la Ciudad de México. Hace cinco años murió su pareja, el también actor de cine Víctor Jordán, y dos de sus hijas radican en Estados Unidos: Magnolia y Lucy, mientras que la tercera, Nora, por razones de trabajo se mantiene casi siempre fuera del país. Tiene buena salud y una memoria con su delicado engranaje en perfecto estado pero sobrelleva los achaques de la edad, a los que se suma problemas añejos de columna. A raíz de su situación las hijas radicadas en el extranjero han decidido llevarla a vivir definitivamente con ellas. Como es casi seguro que cambiará su residencia, en febrero decidió viajar a Tabasco y pasar varios días en el trópico húmedo para despedirse, de manera simbólica, de sus familiares y amigos, del paisaje que conoció y de los rincones de su pueblo natal aunque muchos no coinciden con las imágenes fijadas en la querencia.

“No estoy recogiendo mis pasos”, ataja con una sonrisa esta mujer que en la adolescencia coleccionaba carteles de cine, que su padre no la dejó estudiar pero la obligó a trabajar en casa como costurera para ayudar a pagar los estudios de sus hermanos, que nunca se sintió una mujer especialmente bella hasta que encontró su rostro en uno de los diarios de circulación nacional. En Tabasco, la acompaña la pintora y escritora Sheila Dorantes de Monterde, prima cercana a la actriz quien teme lo que con toda seguridad ocurrirá: es mejor que esté cobijada por sus hijas aunque ya no retorne a su país.

“Sus hijas se la llevan a E. U. porque están casadas con gringos y ella vive sola en la Ciudad de México. Así que vino a despedirse de su tierra. Tiene 84 años y sabe que no podrá volver. Nunca le hicieron un homenaje digno en Tabasco como le hacen a tantos otros”, reclama con discreción la pintora. Es ella la que invita a su casa para platicar, y acompaña el largo repaso que ofrece la ex actriz.

Ante la pregunta obligada, Lucía Aura González Domínguez, contesta sin titubeos:

“Sí, valió la pena sacrificar mi carrera en el mundo del espectáculo. Tengo tres hijas maravillosas, mis nietos que amo muchísimo, y en el amor, aunque me falló, fui feliz”. A cambio acepta al final de la reveladora platica, que aún ahora, a casi sesenta años de distancia de aquel momento cuando decidió dejarlo todo, no le queda vida “para arrepentirse”.

En su rostro de mirada limpia hasta los recuerdos más dolorosos se convierten en una anécdota feliz -como esas golosinas al final de las citas médicas-, cuando platica que su abuelo le amarraba los pies para controlar la zancada sus pasos, y que, sobrevivió a una infección pulmonar.

La infancia

En Comalcalco nacimos todos los hermanos de la familia: José del Carmen, Guillermo, Uriel y yo. Yo nací el 19 de octubre de 1931 y mi nombre completo es Lucía Aura González Domínguez: en el cine me conocieron como Lucía González. Éramos seis pero murieron dos hermanos. Mi padre se llamaba Guillermo González Oliva, era de Cunduacán, y mi mama Rita Domínguez Rosado, de Comalcalco.

Mi madre era nieta de don José María Domínguez, el primer médico que hubo en Comalcalco, el médico Desiderio Rosado. El padre de mi madre en cambio hizo su dinero como contador de las monterías de Tenosique, luego vino a su municipio natal donde se dedicó a ser prestamista sobre las cosechas, acaparaba las cosechas en grandes toneles que luego revendía, no lo disculpo ni lo culpo: así se ganaba la vida. Mi abuelito era altísimo y recuerdo que presumía que pesaba 120 quilos. Tenía una casa enorme de cuatro patios que iba de una calle a otra. Y era muy estricto.

Cuando tenía un año de nacida mi papá se fue a trabajar a Agua Dulce Veracruz, en Pemex. Se llevó a toda la familia. Mis padres y mi abuelita decidieron mandarme de regreso con los abuelos a los siete años para estudiar la primaria en la Escuela Rosendo Taracena, en Comalcalco, una de las instituciones educativas más reconocidas en la región. Yo digo que no tuve infancia porque vivía en una casa con personas que tenían ochenta años, donde mi abuela me consentía mucho y mi abuelo me imponía disciplinas estrictas y extrañísimas: era muy alta para mi edad y daba tremendas zancadas, así que, me amarraba los pies y me ponía a caminar para que diera, según él, los pasos adecuados de una señorita.

En la casa de los abuelos se preparaba todos los días un postre que llamábamos manjar: arroz con leche y canela, que únicamente lo podía comer el abuelo, pero mi abuela mandaba a preparar lo suficiente como para que quedase algo en la cazuelita y me lo daba a escondidas.

-Me encantaba esa olla, pero claro, eso nunca lo supo el abuelo.

La adolescencia

La niña que fue Lucy terminó la primaría y regresó son sus padres. Lo que destaca de esa época es que desde pequeña mantuvo la iniciativa de tener su propio dinero. Durante la primaria, rememora, vendía en la escuela las guayabas que cortaba en el patio de la casa de los abuelos y los timbres que sustraía de la esmerada colección del abuelo, el mismo que le regaló su máquina de escribir.

La diva tabasqueña
La diva tabasqueña

Cómo quería tener su propio dinero y no estaba conforme con lo que hacían las otras niñas de su edad: trece años, su padre la dejó estudiar corte y confección, además de cursar estudios de secretariado que eran los oficios apropiados para las mujeres en aquella época, mientras que sus hermanos cursaban estudios de química y e ingeniería mecánica de aviación.

A mí, lo que mi padre me regaló fue una máquina de coser para que no saliera de la casa.

Y desde ese momento, con apenas catorce años, se dedicó a trabajar en la costura para contribuir en los gastos de estudios de sus hermanos mayores. En tanto, por las tardes, a manera de retribución por su esfuerzo, estudiaba secretariado en una academia: Siempre me sentí discriminada por mi padre, dice la señora a manera de sosegado reclamo retroactivo, y a cambio admite sus primeros admiradores.

-Debió ser una joven muy bella a esa edad.

-Yo nunca me di cuenta de eso hasta que me vi en una fotografía y luego en el cine. No tenía tiempo para mí, nunca pensé que fuera importante ni que mereciera algo, no quería nada si no había tenido lo que quería. Me castigaba a misma. Medía un metro setenta y seis y me chuleaban, pero no lo tomaba como algo extraordinario.

-No creo que pasara desapercibida.

-No, para nada. En Aguadulce vivían muchos tabasqueños, veracruzanos y tehuanos. La máxima fiesta era el carnaval así que cuando cumplí los diecinueve años un grupo de paisanos que quería participar me invitó para ser su reinal del carnaval. Se hizo una comisión muy formal que fue a pedir permiso a mis padres, que accedieron: asistía a bailes y participaba en las representaciones teatrales para conseguir fondos. Total que gané.

-Y rompió corazones.

-No sé pero llegó mi primer novio al que quise muchísimo y fuimos novios cuatro años. Era mi entrenador de vólibol. Todavía me acuerdo de él. Todavía sueño con él !Y ya se murió.!

Lo que la llevó la Ciudad de México

A mí siempre me gustó la actuación, comenta la actriz al reagrupar todos esos recuerdos que tienen que ver con su vida y el cine. Durante la infancia, recuerda que en casa de los abuelos leía muchísimo porque su abuelita era una gran lectora, siempre tenía a la mano novelas que compraba durante el mes de vacaciones que pasaba en la Ciudad de México cada año. Además, tenía muchos libritos relacionados con películas de Hollywood que coleccionaba como en secreto. Todo eso lo leía yo. Así que en la escuela me ponían a recitar porque  me encantaba leer y porque también tenía un vozarrón.

La actriz Lucy González, su prima, la escritora Sheila Monterde y el hermano menor de los prrimos, en la Ciudad de México
La actriz Lucy González, su prima, la escritora Sheila Monterde y el hermano menor de los prrimos, en la Ciudad de México

En la adolescencia, transcurrida en Aguadulce, asistía mucho al cine y tenía pegada en la pared del cuarto muchos retratos de artistas que recortaba de periódicos y revistas. Su padre era buen lector de periódicos: El Siempre, el Excelsior, y ella, además de leerlos, recortaba y guardaba fotos.

Pero el cine era su segunda casa no porque pasara mucho tiempo en la sala sino porque era donde más feliz se sentía. Recuerda que se enamoró del actor Jorge Negrete desde que lo vio en la película Enamorada: Yo soñaba con él. Y en la juventud hizo teatro como diversión durante los carnavales.

La actriz Lucy González, su prima, la escritora Sheila Monterde y el hermano menor de los prrimos, en la ciudad de Tabasco, Villahermosa México
La actriz Lucy González, su prima, la escritora Sheila Monterde y el hermano menor de los prrimos, en la ciudad de Tabasco, Villahermosa México

Pero nunca imaginó que sería estrella de cine ni nada. Fueron las circunstancias -y esto es un secreto guardado que solo ahora voy a compartir-, las que me llevaron al cine por el lado menos esperado, el de enfermedad.

Por tanto trabajo en la máquina de coser, además de que comía poco –a los 19 años pesaba 58 quilos- y practicaba vólibol: enfermó de los pulmones. Lo descubrieron porque llegó a Aguadulce la campaña que en ese entonces se conocía como Catastro Toráxico.

En efecto, tenía principios de tuberculosis. Mi madre se alarmó tanto que por fin se dio cuenta de que yo existía y en Aguadulce cuando se supo lo que tenía me rechazaron. Así que mis papás decidieron viajar a la Ciudad de México, para curarme y para evadir los comentarios de la gente.

La entrada al cine

La actriz tenía alrededor de 20 años cuando llega a la Ciudad de México. Ahí, la sometieron a tratamiento con Estreptomicina y Rimifón, que duró año y medio. Pero lo que mejor recuerda es que no trabajó tres meses: ¡Eso fue un lujo porque trabaja sin descanso desde de los catorce años!. Luego volvió a trabajar pero ahora en una agencia de publicidad porque a ella y su madre no les alcanzaba el dinero que les enviaba papá desde Aguadulce.

Lucy, en la portada de la Revista América. Salí en la portada de la revista de América en Octubre de 1955. En ese tiempo aún estábamos rodando la película de Chilam Balam con Carlos Bahena e Ignacio López Tarso. La película la empezamos en Septiembre y terminamos en Diciembre de 1955. Se estrenó en enero de 1956, en el teatro Roble con un costo de entrada en taquilla de $ 4.00 pesos !Qué tiempos tan bellos!, foto tomada de su cuenta en Face Book
Lucy, en la portada de la Revista América. Salí en la portada de la revista de América en Octubre de 1955. En ese tiempo aún estábamos rodando la película de Chilam Balam con Carlos Bahena e Ignacio López Tarso. La película la empezamos en Septiembre y terminamos en Diciembre de 1955. Se estrenó en enero de 1956, en el teatro Roble con un costo de entrada en taquilla de $ 4.00 pesos !Qué tiempos tan bellos!, foto tomada de su cuenta en Face Book

Por fortuna o destino, que veces se parecen, su hermano que estudiaba en la Facultad de Medicina de la UNAM la carrera de Química Farmacéutico sabía que su hermanita era excelente secretaria y que la actuación era su tema predilecto, así que la presentó con un amigo que colabora en una empresa distribuidora de películas mexicanas ubicada por el Monumento a la Revolución.

En realidad lo que hacía la joven tabasqueña era cortar y pegar secuencias de cintas que llegaban en carretes pequeños y se vaciaban en carretes grandes. Tenía el privilegio de ver las películas antes de que se enviaran a Sudamérica. Una tarea humilde que la hacía feliz y que no estaba exenta de cierto peligro pues -como señala- en alguna ocasión la máquina de los carretes casi le arranca el cuero cabelludo pues se le enredó su cabello largo.

Un año y medio después, el mismo hermano, la presentaría con su ex maestro,  el conductor de televisión Mico Villa:

El maestro me vio y me dijo: te voy a enseñar a modelar y vas a modelar en mi programa. Así empecé en la televisión. En dos clases le agarré la onda rápido a la caminada y el desplante, la proyección de las emociones y todo eso.

La actriz ganó confianza rápidamente modelando ropa, pieles, cervezas, artículos de belleza femenina y cigarros que no sabía fumar. Cuando hizo sus primeras apariciones como extra en el famoso programa Noches Mexicanas el modelaje ya era algo natural. Su madre la enseñó a fumar y modeló los famosos cigarros Raleig, lo que significaba cierta categoría, en un programa de don Pedro Vargas.

-Pero modelar no es lo mismo que actuar.

-No, para nada. Como a mí me gusta la actuación me inscribí en la academia de don Andrés Soler que estaba en la calle Tabasco.

En la distribuidora de películas, donde le decían la grandota, sus amigas descubrieron una foto que ocupaba la página principal de una sección de espectáculos del periódico Novedades, era 1954. Fue la misma foto que vieron en la productora Alameda Films donde trabajaba Resortes, y la llamaron.

Tenía entonces 23 años -platica. Mi padre falleció a los pocos años de llegados a la Ciudad de México, mi hermano seguía estudiando y mi madre no tenía pensión, así que el cine fue la bendición.

-¿Y el novio?

-Hay… dejé al novio por la actuación. Cuando murió mi padre supimos del suceso por él. Yo estaba en Acapulco trabajando y con lo que cobré pagamos un taxi que nos llevó de la Ciudad de México hasta Aguadulce, Veracruz. Pero ya habíamos terminado. Lo dejé ir, pero nunca lo olvidé y me arrepentí de no haberme casado con él.

No me gusta ese hombre

La primera vez que entró en set de cine fue para grabar la película La carga de los rurales, una producción México-Estadounidense, con Martha Roth y el tabasqueño Miguel Torruco, que se filmó en Cuautla donde hizo el papel de una bailarina de cantina.

Resortes me pidió matrimonio pero no estaba enamorada de él
Resortes me pidió matrimonio pero no estaba enamorada de él

Una cantinera con trenzas largas que bailaba sensual, se sentaba en las piernas de uno de los actores y solo decía dos frases en inglés que no sabía pronunciar.

Salvó la situación gracias a que, en la película, trabaja el compositor José Ángel Espinosa, más conocido como Ferrusquilla, quien le dijo cómo debía decir la frase y lo que quería decir. En español significaba: No me gusta ese hombre.

Corría el año 1955. En menos de un año y medio de haber llegado de la provincia y enferma, la tabasqueña Aura Lucía González Domínguez, ya estaba de lleno en el ambiente artístico. Y en un año su estrella se elevó vertiginosamente pues participó en cinco películas importantes en las que pasó de las primeras partes, luego a los coestelares, hasta que firmó para el estelar en Chilam Balam, basada en el famoso libro maya. Pero además hacía teatro, televisión, fotonovelas y modelaje.

-Con Resortes filmó varias películas.

-Y me llevó a conocer a su mamá y me pidió matrimonio. Me trataba como una reina pero no estaba enamorada de él.

-¿Y termino la academia de actuación?

-Los tres años, tengo mi diploma. No me iba tan bien como en el cine porque no tenía tiempo de estudiar y terminé con calificaciones de 7.

Chilam Balam se conoció en blanco y negro pero fue la primera película que se filmó en cinemascope, es decir, se grabó a color. El guión fue elaborado por Íñigo de Martino que también la dirigió, el galán fue el español Carlos Baena, fallecido en el 2015, y el vestuario lo elaboró Baldiosera, el mismo que diseñó los vestuarios tabasqueños que se usan en la Feria. La película ganó muchos premios pero la ex actriz estima que le faltó carácter: la mano de un Gavaldón o de un Indio Fernández.

Fue una película de primer nivel por sus actores: don Carlos López Moctezuma, don Ignacio López Tarzo que ya era primer actor de teatro pero que se inicia en el cine con esta película, además de Julio Aldama, entre otros. Como mi color no era tan oscuro me pintaban de morena y luego de azul por el tema de los mayas. Fue un trabaja intenso y cansado pero lo hacíamos con muchísimo gusto.

Llega el amor con adiós firmado para el cine

-¿Cuándo se casó?

-En 1960.

Lucy y Víctor el día de su boda
Lucy y Víctor el día de su boda

-Firma el acta de casamiento y dice adiós a lo firmado para el cine.

-Sí. Dejé, y no me alcanza la vida para arrepentirme, tres películas firmadas con Alameda Films.

-¿Llegó el gran amor?

-Pues ni tanto porque aún me acordaba del de Aguadulce.

-Entonces, ¿qué pasó?

-No sé.

-¿Quién era ese amor?

-Él trabajaba en el cine, había filmado como ochenta películas pero haciendo papeles pequeños. Era buen actor, estudió muchísimo, pero no le llegó nunca la oportunidad. Se llamaba Víctor Manuel Martínez pero en el ambiente artístico se le conocía como Víctor Jordán.

-¿Cómo lo conoció?

-Esperando un reparto. Nos hicimos amigos cinco años antes de conocernos, renunció al cine, y no termino de arrepentirme porque el matrimonio no era lo que yo esperaba. Al año tuve una hija y al siguiente otra. Hice teatro infantil en Bellas Artes con una obra que se se llamaba El Dragón, fue un gran privilegio, otras veces hacía de coordinadora de teatro, pero luego, también dejé todo eso por el amor a mis hijas. Yo, como mexicana y tabasqueña, cuando mis hijas nacieron fueron la prioridad en mi vida y no me interesó nada.

-¿No la mandaron a buscar?

-De Hollywood me mandaron a llamar para firmar un contrato de siete años: no sé si aún tengo esa carta. Un día, en un momento de desesperación y frustración -recuerdo que estaba lloviendo-, lo tiré todo al patio. Las cosas no me habían salido como pensaba. Me falló mi esposo y aun así, duré 55 años de casada: por mis hijas. Él era… él era un hombre bueno, no me engañó con ninguna mujer ni nada de eso. No supo cargar con la responsabilidad de una familia.

-Y usted, que siempre quiso ser independiente, ¿qué hizo?

-Trabajé en la Secretaría de la Reforma Agraria como secretaria, soy jubilada, para tener un sueldo pequeño y seguro para mandarle a una de mis hijas que estaba estudiando inglés en Estados Unidos.

El adiós

Todo fue un vértigo para la actriz tabasqueña. A los dos años de haber llegado de Aguadulce, Veracruz, a la Ciudad de México, ya estaba participando de lleno en el ambiente cinematográfico mexicano. Y con la misma prontitud, en 1955, filma cinco películas. Si bien la última película en la que figura la graba veinte años después, entre 1955 y 58 participó en nueve de las diez películas que hizo. Su retiro, comenta, fue en realidad una serie de retiros acumulados en su contra: al matrimonio, la familia y por último, su madre que vivió 102 años y tuvo que cuidar. Viajar a territorio estadounidense no le preocupa, de hecho, tiene la nacionalidad norteamericana porque allá vivió varios años y trabajó dando clases de español, también en aquel páis la operaron de un ojo y realizó una serie de televisión hace cuatro años. Allá en estados unidos he ido y venido, siempre tumbo casa en Mexico y me voy para allá y levanto todo, y digo, que ya no voy a regresar pero siempre he vuelto. En esta ocasión, no lo sé.

*La entrevista fue publicada originalmente en el primer número de la revista mensual Resistencia Tabasco, en mayo de 2017.

*Las fotos de época y los textos que la acompañan, fueron tomados de la cuenta en Face Book que mantiene la autora https://www.facebook.com/LucyGonzalezCineMexicano/

Filmografía:

1955 – La Carga de los Rurales (Producción Norteamericana). Con James Craig.
1955 – El Hombre que quiso ser Pobre. Con Armando Calvo y Carmelita González.
1955 – Las Medias De Seda. Con Joaquín Pardavé y Armando Silvestre.
1955 – Cadena de Mentiras. Con Resortes.
1955 – Chilam Balam. Con Ignacio López Tarzo y Carlos Bahena.
1956 – Policías y Ladrones. Con Resortes.
1957 – Hora y Media de Balazos. Con Resortes.
1958 – Paso a la Juventud!. Con Tin Tan y Ana Berta Lepe.
1958 – Señoritas. Con Sonia Furio, Mapita Cortez y Christiane Martell.
1975 – Renuncia por Motivos de Salud. Con Ignacio López Tarso

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.