Dice el diccionario que la palabra “patrimonio” significa dos cosas. 1, conjunto de bienes propios de una persona o de una institución, susceptibles de estimación económica como, ejemplo: los “patrimonios” de la Iglesia y el Estado. En esta misma entrada hace mención del patrimonio histórico-artístico al que califica como un conjunto de edificios, yacimientos arqueológicos, obras de arte, objetos y documentos de interés científico, histórico o artístico de un país. No dice literario pero dice “documento de interés (…) artístico”, y eso significa que los textos con pretensiones literarios –es decir, que resuelven problemas de lenguaje con fines estéticos- como los poemas, cuentos, ensayos, reportajes, crónicas, biografías, dramatúrgicos, son patrimonio literario.

Libros "intervenidos", catarsis de una destrucción en el Centro Ciultural Vilalhermosa
Libros “intervenidos”, catarsis de una destrucción en el Centro Ciultural Vilalhermosa

Y 2. Eso que llamamos patrimonio es un conjunto de bienes que una persona adquiere por herencia familiar. Esta segunda parte de la definición incluye una idea que permite considerar patrimonio literario -a través de la cultura de la lectura-, por ejemplo, a las novelas reconocidas e incluso a sus autores, así como a las canciones y relatos orales. Un poema o un cuento es un patrimonio cultural que, si bien fue escrito por otra persona, es parte de nuestra herencia cultural y, en el mejor de los casos, familiar. Lo es porque el  idioma español es nuestra herencia familiar común, lo aprendimos en el territorio íntimo de la familia, y lo es porque la historia también es un patrimonio cultural común. Rulfo sin la enorme desigualdad pos-revolucionaria mexicana sería otro Rulfo, José Agustín sin la cultura juvenil de los fabulosos años 60 sería otro José Agustín. Nos apropiamos de sus historias lo mismo que nos apropiamos del Huapango de Moncayo, las canciones de José Alfredo Jiménez y los Tigres del Norte, y ellos a su vez de la cultura, la sabiduría popular y los sucesos del momento.

A propósito de Juan Rulfo, se puede decir que sus dos libros son nuestro patrimonio literario, pero también sabemos que la novela Pedro Páramo y el libro de cuentos El llano en llamas, tienen un autor inalienable e intransferible, y que los derechos son patrimonio de sus herederos, la familia Rulfo. Pero el ejemplar impreso es nuestro, y lo que cuenta ahí también es nuestro gracias a la forma en que opera la narración rulfiana con nuestra subjetividad. De hecho, si tuviéramos un ejemplar de la primera edición de la novela Pedro Páramo firmado por el autor, tendría un valor de objeto coleccionable superior al que tenía cuando se compró el libro recién salido de la imprenta. Por cierto, el ritual de la dedicatoria evolucionó, ahora los lectores prefieren tomarse la selfi con su autor favorito que es otra forma de apropiación que tiene la admiración y la identificación con lo leído.

Patrimonio cultural tabasqueño, invisble, foto Juan de Jesús López
Patrimonio cultural tabasqueño, invisble, foto Juan de Jesús López

Entonces, ¿a qué nos referimos cuando decimos que un una novela, que un poeta, es nuestro patrimonio literario nacional? El patrimonio literario es más bien una apropiación simbólica de la experiencia estética, de la experiencia lenguaje. Es intangible y tiene gradaciones, como muchas otras cosas que sirven para la vida o reflejan eso que entendemos como identidad pero aparentemente son prácticas inútiles. Los relatos orales son patrimonio de todos en una comunidad, las anécdotas y consejas de los abuelos son patrimonio de todos en la casa familiar, pero en uno y otro seno, alguien hará suyo esos relatos y lo agregará a su experiencia de vida con mayor intensidad que otro a su lado leyendo el mismo libro. Ese alguien, por sensibilidad o por disposición formativa los hace suyos. Retomando a Rulfo, se puede extender la apropiación hasta decir que esa experiencia de lenguaje no se reduce solo a los mexicanos sino que se extiende a todos los que hablan español. De hecho, por los valores estéticos y la condición humana universal que refleja en sus páginas, se puede decir que será patrimonio cultural de cualquier persona en el mundo que lo lea. Pero hay algo que las hace más nuestra que del mundo.

Se dice que los jóvenes nacidos bajo el signo del imperio de la conectividad, dominada por la divina trinidad del Internet: telefonía móvil, redes sociales y likes, lo primero que hacen por las mañanas es abrir los ojos y consultar enseguida sus cuentas de redes sociales, en especial Facebook- para saber qué circula en las redes y que han compartido o sancionado otros con un like. Es cierto, pero también lo es que muchos adultos hacemos lo mismo. Ese inmenso y fluctuante territorio, sin hacer a un lado las críticas, impone un nuevo reto al patrimonio literario y cambia los paradigmas de atesoramiento: promover la apropiación a través de compartir y circular. El patrimonio literario, generalmente establecido y protegido en bibliotecas y apartados especiales, necesita ser compartido y circular entre esa población nativa y habitante del internet para que se cumpla la apropiación de la experiencia estética, y convertir los recintos de la memoria literaria y el libro, en centro culturales de conectivividad.

Volvamos a la segunda parte de la definición: conjunto de bienes que una persona adquiere por herencia familiar.  En ella está un verbo que me llama la atención: adquiere. La palabrita parece un camaleón o más bien una muñeca rusa que esconde adentro de sí otros significados. Y es que cuando uno adquiere algo, ya sea porque lo reciba como regalo o lo compre, recibe también, un compromiso. En el seno de la familia, adquirimos muchas herencias: la genética, las éticas, las económicas, las culturales, las afectivas, pero como todo es tan sencillo y no firmamos un documento y recibimos aquel bien sin formalismo, no nos damos cuenta que hemos recibido un compromiso. La apropiación del patrimonio literario también ocurre en el espacio de lo íntimo, o debiera, aunque este espacio es personal.

Erase una vez un cuento en línea, para leer en verano
Erase una vez un cuento en línea, para leer en verano

Lo mismo pasa con las palabras y con los bienes culturales, con los relatos orales, las leyendas, las tradiciones, y claro, la literatura por escrito. Los compromisos que nos imponen los patrimonios culturales se  aceptan o se rechazan, esa es la verdad, pero incluso cuando una persona los rechaza, siguen con uno y a veces sin darnos cuenta, aceptamos ese compromiso a través de la memoria, de los recuerdos significativos, de una carta de amor, en la redacción de un diario o la anécdota del barrio.

Tabasco tiene un rico patrimonio literario local atesorado en bibliotecas públicas y particulares. La Biblioteca Pública del Estado “José María Pino Suárez” y la Biblioteca Universitaria “José Martí” de la UJAT, son espacios con los que no se practica la apropiación digital, prácticamente sus acervos no “circulan” ni se “comparten”. Falta agregar las nuevas disponibilidades de apropiación. En torno al patrimonio literario tabasqueño se puede hablar de los primeros esfuerzos que probablemente marcarán los rumbos a seguir. Además de los distintos blogs de crítica están las páginas web,  en especial: Erase una vez un cuento, que dirige Luis Acopa, y puntodereunion.com.mx que dirige este autor, y una página en red social especializada en bibliografía histórica como la página Bibliografía del Sureste Mexicano (https://www.facebook.com/Bibliograf%C3%ADa-del-Sureste-Mexicano-1380908448798169/) que dirige el historiador Raymundo Vázquez Soberano.

Compartir y Circular no son conceptos ni experiencia propia de la cultura ciberespacial. En muchas ciudades del mundo, por ejemplo, se promueve la lectura del libro libre. La dinámica consiste en dejar un libro en cualquier lugar para que, quien lo encuentre, se lo lleve, lo lea, y repita la acción de volverlo a dejar en algún otro lugar para que otra persona lo tome, y así. La promoción de la lectura en línea, ofrece otras posibilidades a las tradicionales: se puede leer en cualquier sitio, se puede bajar y guardar, se dinamiza a través de estrategias del video, y hasta se hace divertida gracias a los memes o el gif. Las publicaciones digitales ya tienen la misma importancia que los libros impresos. Incluso el proceso se invierte y se publican libros con textos escritos en redes sociales, así nació ese subgénero llamado twitteratura. Compartir y Circular a través de la web y las redes sociales permite el reencuentro con nuestro patrimonio literario, fomentarlos podría contribuir al fomento de la lectura, pero sobre todo, a que las bibliotecas sean espacios de convivencia de lectura.

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017).
Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012).
Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco.
En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.