Ramón Galguera Noverola nació en San Juan Bautista, hoy Villahermosa, el 28 de junio de 1914. Sus estudios de primaria y secundaria los realizó en su ciudad natal. Fue hijo único del matrimonio formado por don Hermenegildo Galguera y su señora esposa, doña Esther Noverola de Galguera.

Desde muy joven, ya despuntaba en Ramón Galguera Noverola el gran poeta que conocemos a través de sus magníficos libros; y en 1934, cuando sólo contaba con 20 años de edad, publica en el periódico La Voz del Estudiante, editado por la Sociedad de Estudiantes Libres del Instituto Juárez, el poema “Son dos gotas iguales”, compuesto de cinco raras décimas heptasílabas, en el que se nota el influjo que sobre el novel poeta ejercía la lectura de Gustavo Adolfo Bécquer, a quien rinde homenaje y en el que a la vez se advierte la atmósfera de tristeza y desolación que campeará en la totalidad de su obra poética, pues al parangonarse con el sevillano, considerado uno de los más altos exponentes del romanticismo, declara:

Camarada en el llanto,

compañero en la pena,

millonario de ensueños,

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trovador de sirenas,

siempre tras una estrella

sobre la comba fría;

siempre amando la noche

y aborreciendo el día,

son dos gotas iguales

tu alma triste y la mía.

Esa melancolía rayana en amargura se advierte en el poema de corte nerudiano intitulado “Sitio”, incluido por el maestro Francisco J. Santamaría en su libro La poesía tabasqueña, que en una de sus partes dice así:

Aquí donde el crepúsculo

corre borrando mástiles

y el puerto lava el alma,

y es el vértigo urbano

un rumor que se pierde

y un afán que no llega;

entre estas cosas húmedas

de mares y gaviotas,

bajo esta cruz de amargos

soñares infinitos,

en que el otoño llega,

dibuja el paso simple

del amigo tranquilo,

y nos deja en las manos

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un color de hojas secas…,

aquí te amo.

Aquí te amo, y en vano mis palabras te buscan.

Están cerca tus ojos y mi amor no te toca.

Viejos vientos de octubre quiebran ansias

[ modernas.

Tú no sabes del grito que se dice hacia dentro,

del afán que no sabe florecer en palabras.

Aquí te amo.

En periódicos y revistas de la capital tabasqueña, Ramón Galguera Noverola sigue publicando sus poemas. En el semanario El Censor, que dirigía el también poeta José María Bastar Sasso, hemos encontrado varios de ellos, así como en la revista Alborada, de la que fue director Ramón López, hallamos algunos de los que integrarían su libro Examen de primer grado, que vio la luz pública en el año de 1951. En los poemas de este libro, Galguera ya es dueño de su propia y muy personal voz poética, de tal forma impregnada de angustia que esta circunstancia es la que hace resaltar Margarita Paz Paredes en el magnífico juicio que sobre Examen de primer grado y su autor publica en el volumen 5, número 55, de la revista Universidad de México, de la Universidad Nacional Autónoma de México, correspondiente al mes de julio de 1951, del que transcribimos a continuación los

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siguientes párrafos, insertados un poco arbitrariamente por nosotros, para sintetizar lo expresado por la brillante poeta mexicana:

[…] nada hay en la poesía de Ramón que nos recuerde a Tabasco. Nos hemos asomado, con curiosidad y deslumbramiento, a su mundo poético, donde creíamos encontrar súbitamente el tronco vital de alguna ceiba milenaria, o el torrente avasallador de las aguas del Usumacinta, o el vuelo fugitivo de garzas y quetzales legendarios, o siquiera la sombra tutelar del poeta que ha dado a Tabasco carta de ciudadanía en el atlas de la poesía iberoamericana. Pero nada de eso encontramos […]

[…]

Poéticamente, Ramón Galguera Noverola emparenta, por un lado, con César Vallejo y por el otro con Edgar Allan Poe y Baudelaire (esto por lo que se refiere a la melancolía y al calosfrío de ultratumba que palpitan en casi toda su obra). Pero la tónica de su poesía —honda y substanciosa— y la esencia lírica de su mensaje se caracterizan por ese “matiz crepuscular” que, según Pedro Henríquez Ureña, es peculiar de la poesía mexicana.

[…]

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La asolación y el desamparo que dieron vida al inmortal verso de Poe “and all I loved, I loved alone” (y todo lo que amé lo amé yo solo) están presentes en este desolado poema de Ramón Galguera:

Una noche me iré, con el seguro

convencimiento de que estuve solo,

con una inmensa soledad de piedra;

[…]

Una noche me iré, como he venido,

negado a toda voz y a toda imagen

y con todos los ámbitos vacíos.

Todo rezuma amargura y desesperanza en las estrofas estremecidas y estremecientes de este poeta que concibe el amor sólo en trance de despedida o de ausencia:

[…]

Un sentimiento de “fuga perenne”, reflejo de la honda e incurable melancolía del poeta tabasqueño, convierte el encuentro en despedida y el hallazgo en pérdida:

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En ti todo el encuentro viene a ser despedida,

y el hallazgo, una pérdida y una búsqueda nueva,

y el retorno, una angustia de volver a perderte.

[…]

La desesperanza adquiere aquí tonos verdaderamente sombríos:

No nacerá la voz

que me denuncie

y haga brillar

la flama estremecida

que vivió entre cenizas,

ignorada…

Y hace que el poeta, poseído de trágico fatalismo, se conforme con todo lo bueno y lo malo que su destino le ha deparado:

Estaba escrito el sueño y la porfía,

el llanto fiel, la soledad oscura,

y la traición, y el vino, y la poesía.

Esperaba el puñal y la amargura,

y la noche de lutos verdaderos,

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y el desgarrón, y el grito, y la locura.

Escrito estaba a signo de luceros..

Carlos Pellicer, quien fuera maestro de Galguera en la Escuela Nacional Preparatoria y a partir de esa época, uno de sus más entrañables amigos, en la ya legendaria conferencia que sobre la poesía tabasqueña sustentó durante tres noches seguidas en el Instituto Juárez de Villahermosa, el mes de mayo de 1952, se refiere a él y a su libro Examen de primer grado en los términos que a continuación citamos:

Ramón Galguera Noverola es un poeta típicamente egoísta. Toda su obra poética se establece sobre su propio yo; cuando externa sus ideas, no hace sino hablarse a sí mismo. […]

[…]

[…] Gurría Urgell es expresivo hacia fuera, Galguera va hacia dentro de sí mismo, si con algo de amargura, también con paso seguro en el terreno de la poesía. Posee la más pura expresión castellana. Pero como está aprisionado dentro del amor físico, ello le hace perder libertad; sólo puede disponer de la que le concede el ser amado y ésta es muy restringida. Su carácter

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amatorio lo coloca en una zona donde la ESPERANZA no existe.

Ramón toca el paisaje tabasqueño con la yema de los dedos, pero con exquisita delicadeza, acaso porque para él la naturaleza tampoco existe. Como además no es un poeta religioso, su desolada angustia lo lleva a refugiarse en el regazo de su madre, a quien dedica dos poemas: “El pequeño afán” y “La noche y mi madre”.

Todo el “Examen de primer grado” debiera considerarse un solo pero bellísimo poema, por su unidad y su temática. Es al propio tiempo uno de los más bellos libros que se han escrito de unos años a esta parte. Con él, su autor da a la poesía tabasqueña un acento que no había tenido antes.

Carlos Pellicer confirma lo ya antes expuesto por Margarita Paz Paredes en el sentido de que, en la poesía de Galguera Noverola, está proscrito el paisaje pleno de sol, de colores y perfumes de Tabasco, y que el influjo pelliceriano que Santamaría cree hallar en la poesía del autor de Examen de primer grado es, como bien lo acota Margarita Paz Paredes, inexistente. Esta última característica ya la habíamos hecho notar en una sencilla nota biográfica de Ramón, al decir:

Mientras Pellicer canta:

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Trópico: ¿para qué me distelas manos llenas de color?

Todo lo que yo toque

se llenará de sol.

Galguera expresa:

¿Y para qué la luz,

sus tulipanes de gritada feria,

su voz multiplicada en los espejos,

por ecos infinitos reflejada?

Exigiendo más adelante:

¡Que asesinen la luz

o la encadenen para siempre!

Más de diez años después, Galguera, que siempre fue refractario a camarillas o clubes de elogios mutuos y que jamás medró al amparo de su poesía, publica Solar de soledades.

Si en los poemas que integran Examen de primer grado encontramos de cuerpo entero a la angustia, ésta se hace más patente en la voz dolorida, más distante y distinta todavía de los poetas del trópico, que campea en Solar de soledades. De la lectura de este libro, sale uno con el espíritu mucho más desalentado y huérfano

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que el de quien “acaba de hacer azarosa travesía por el Río Amarillo de la angustia”, como dijera Hildo Gómez Castillo en nota crítica sobre Examen de primer grado.

Al hablar de Galguera Noverola y referirse a su segundo libro, Manuel R. Mora, en un artículo publicado en la gaceta literaria Nivel en agosto de 1979, expresa lo siguiente:

Solar de soledades ha sido su vida. Solo, siempre, en su grandeza. Ajeno a las tribus literarias. Por elemental respeto a sí mismo y al quehacer poético, nunca se ha promovido ni tampoco ha buscado promotores. Su trabajo se halla en la más conmovedora intimidad, por no avenirse con el viento que pasa.

Qué diferencia tan notable entre este poeta mayor, en el que se equilibran forma y fondo, respecto de algunos que, sin jerarquía ni facultades, se pasean por las calles, por las ferias, por los círculos de ineptos, pregonando ser lo que no son. “Yo soy poeta”, claman, cuando no hay en ellos (mujeres u hombres) la savia que integra y proyecta.

La falta de pudor es el signo de estos indotados que se esponjan de abalorios y alquilan escaparates para exhibir sus carencias y su irresponsabilidad. Y lo grave es que encuentran cajas de resonancia que alientan el disparate y lo proliferan.

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Más adelante, Mora coincide con Margarita Paz Paredes, al comparar a Galguera, más que emparentarlo con César Vallejo, al expresar:

Me atrevo a decir, de Ramón, que es el César Vallejo mexicano. “Me moriré en París con aguacero”, escribió el extraordinario poeta incaico, en dramática premonición. Galguera expresa, en su poema “De la muerte verdadera”:

los que pasamos, pero no pasamos,

porque al pasar nadie nos ha mirado.

Los que estamos tan solos

que no podemos preguntar siquiera:

¿cuándo fue el girasol condecorado?

Es posible que quienes desconocen la poesía del tabasqueño consideren que se trata, al cotejarlo con Vallejo, de una comparación hiperbólica. Pues bien: preocúpense por conocer su obra. Búsquenla. Procuren la hazaña del descubrimiento. Cuando esto suceda, la joya se hará presente en su mágica excelsitud, en el ámbito de las letras hispanoamericanas.

Mora coincide también con Pellicer y Paz Paredes, cuando afirma:

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Ramón, excepto en su “Carta de amor a Villahermosa”, no parece proceder del trópico, donde el árbol, el agua y la luz, constituyen la dimensión del paisaje. Hermano de los torturados poetas de las “Misas Negras”, su poesía ha transitado por túneles en las madrugadas invernales.

Ramón Galguera Noverola: ¡tan envuelto de soledad, como un vaso dorado en medio de la sombra!

Ciertamente, la poesía de Ramón Galguera Noverola, escrita siempre bajo el amparo de la soledad y de la melancolía, reflejaba su ánimo torturado, la asfixiante angustia que siempre lo acompañó desde sus primeros años de vida. La falta del padre, asesinado cuando él contaba con pocos días de haber nacido, fue causa determinante de su ánimo desolado; su falta de fe y de seguridad en sí mismo hicieron más difícil su tránsito por la vida, y su ensimismamiento, rayano en la misantropía, lo alejó por completo de los círculos literarios —a los que se acercó exitosamente, a raíz de la publicación de Examen de primer grado—, lo que trajo como consecuencia el desconocimiento casi total de su excelente obra poética.

Hacemos nuestras las palabras de don Manuel R. Mora, en el sentido de invitar a quienes desconocen la obra de Galguera a buscarla y “procurar la hazaña del descubrimiento”.

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El Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, con el objeto de poner al alcance del público la casi totalidad de la obra poética de Ramón Galguera Noverola, se dio a la tarea de publicar este libro que tiene usted en sus manos, que se integra con los poemas que forman sus libros Examen de primer grado y Solar de soledades, a los que se suman gran parte de los publicados por su autor en diversos periódicos y revistas de la ciudad de Villahermosa. Enriquecen este volumen las opiniones que sobre la vida y la obra de Galguera emitieron destacados escritores e intelectuales tabasqueños, principalmente, así como una serie de fotografías del poeta y sus familiares.

Villahermosa, Tabasco, junio de 2003