Fragmento del ensayo

La Fabulación del trópico húmedo en ruinas. Tres poetas en Tabasco

 

Preliminar

¿Qué tienen en común tres poetas como Ramón Galguera Noverola, José Carlos Becerra y Teodosio García Ruiz? Los tres tabasqueños nacieron o vivieron en Villahermosa, escribieron su obra en la segunda mitad del siglo 20, y si bien ninguno se tomó un vaso de cerveza con otro de ellos, podemos decir en sentido contrario, que Teo conoció la obra de Becerra y Galguera Noverola, mientras que Becerra apenas tuvo tiempo de intercambiar libros con el primero. Como esos hay otros puntos de coincidencia pero el más importante para una lectura de sus libros: Examen de Primer Grado conocido en 1951 cuando Galguera Noverola tenía treinta y siete años. El poema La Venta escrito entre 1964-1965 cuando Becerra rondaba los veintinueve años. Y el libro Furias Nuevas publicado en 1993 cuando García Ruiz tenía veintinueve, es la forma que miraron el trópico.

Pese a que entre el primer y el segundo título pasaron catorce años y entre el segundo y el último la distancia fue de veintiocho, un puente de lectura entre ellos nos permite distinguir que los tres ofrecen una fabulación del trópico de aluvión y, dentro de él,  de la ciudad en el tiempo que les tocó vivir. Galguera Noverola plasma una ciudad amarga, un trópico mórbido, Becerra encuentra un trópico de aguas turbias en la memoria y revira hacia el misterio de los tiempos genésicos, mientras que García Ruiz, ante la devastación petrolera del trópico deconstruye la ciudad mediante la gozosa celebración amorosa.

Ramón Galguera Noverola, poeta noctuno, collage
Ramón Galguera Noverola, poeta noctuno, collage

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Fue en junio de 1518 cuando el capellán Juan Díaz miró por encima de la inmensa bocana del río, frente a Centla, y dijo con suficiencia que esta tierra parece ser la mejor que el sol alumbra. Con esta mínima frase santigua y nombra aquel horizonte verde apenas entrevisto. Juan de Grijalva no se queda atrás y bautiza el río con su nombre. Al año siguiente, con la expedición de Hernán Cortés, sucede otro de los actos simbólicos importantes del encuentro entre españoles y precolombinos: el desventajoso intercambio de vírgenes que ya no lo relataría el religioso sino el soldado-escritor Bernal Díaz del Castillo. Tras la derrota militar los de casa entregan veinte doncellas entre ellas una muy excelente mujer que se dijo doña Marina (madre paridora del mestizaje) y a cambio los recién llegados entregan una imagen muy devota de nuestra Señora (madre de Dios). Y comienzan las avaricias y las fabulaciones.

Con aquella primerísima frase más bien dictada por el asombro y la pleitesía al soberano de ultramar, Díaz inicia una larga descripción del trópico como la viva imagen del edén bíblico con sus aves multicolores, con sus especies salvajes y maravillosas, con sus frutos incandescentes y jugosos. Una manifestación prodigiosa que habla de la magnífica gratuidad divina a la que sin embargo hay que someter en nombre de esa misma divinidad. A esta tradición que desde los prodigios del color y la abundancia se extiende hasta nuestros días pertenecen autores de renombre como Carlos Pellicer que no en balde es un poeta religioso. Al poeta tabasqueño lo sigue una larga cauda de pintores, músicos y escritores inspirados en su obra pero que sin la fuerza creativa de aquel, devienen en una visión idealizadora, en un mito institucionalizado de uso lucrativo turístico y político. Sin embargo, por debajo del gozo sensualista y escenográfico fue cobrando fuerza con el tiempo la visión fabuladora fincada en la experiencia: amarga, turbia, devastada, de los que viven el trópico tabasqueño con sus pasiones bajo la sombra de árboles milenarios que apenas podían abrazar quince hombres, o si se quiere, la visión de los que sucumben de frente a los límpidos días infestados de palúdicas alucinaciones. Es la poética de la vorágine en Tabasco, del infierno verde de un edén que todo lo consume.

 

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La mirada de Ramón Galguera Noverola
La mirada de Ramón Galguera Noverola

Entre mediados y finales del siglo 20 los poetas viven y escriben –lo asuman o no- en un trópico decadente, en ruinas, que sin embargo mantiene su poderosa fuerza negativa. La selva se convirtió en una metáfora, y así, cuando alguien desde afuera dice que los tabasqueños viven en mitad de la selva se refiere a que viven en medio de la violencia gratuita y la tupida ignorancia. Los escritores que llegan a Villahermosa con la idea del trópico pelliceriano se fastidian pronto cuando constatan que la Esmeralda del Sureste es una ciudad  como cualquier otra con rincones llenos de basura, con hacinamiento y pobreza. Entre los escombros de aquella selva que platica Mena Brito quedan rastros mínimos de belleza que ha servido para mantener el mito –en su sentido de imposición ideológica- del edén tropical. A estas alturas, tras la devastación del patrimonio natural, el trópico tabasqueño entró inmediatamente en otra fase destructiva a partir de los años noventa del siglo pasado y se agudizó justo a principios del presente siglo 21: la violencia relacionada con el tráfico y consumo de drogas, la violencia soterrada hacia la mujer, la violencia política, la violencia urbana. Tabasco ya es territorio de la violencia, todo México es territorio de la violencia. Para este milenio que ya tiene recorrido tres lustros, será distinta la fabulación y seguramente otras las estrategias literarias para este nuevo panorama ¿Quiénes lo harán? ¿Serán mujeres narradoras,  poetas o ensayistas?

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La mirada de Ramón Galguera Noverola
La mirada de Ramón Galguera Noverola

¿Cómo llevaron a cabo su fabulación desde la poesía los tabasqueños? Lo hicieron a partir de tres ideas-proyectos bien diferenciadas pero colindantes: el viaje hacia la memoria, el viaje hacia el tiempo remoto y la deconstrucción de la ciudad, Villahermosa, para lidiar con el Mal, con la Presencia hostil del trópico tabasqueño. Digo Mal porque ni la memoria ni la ciudad son ajenas a lo terrible humano. Eso más la inconformidad contra el trópico que les tocó en suerte y contra los santones de la poesía. Unos más intensos otros menos, son los rasgos creativos que unen los libros Examen de Primer Grado de  Ramón Galguera Noverola, La Venta de José Carlos Becerra y Furias Nuevas de Teodosio García Ruiz. Estos elementos no son necesariamente únicos de su poesía ni de la poesía que se hace en Tabasco, ellos más bien la extrajeron de otros cauces mayores que en los solares del trópico se climatizan.

Ninguno de los tres poetas escribió sobre su proyecto creador pero a partir de sus libros se pueden intuir senderos y registros de lectura. Salvo algunas coincidencias tuvieron muchas otras que los marcaron para uno y otro lado. Ahora se sabe: Galguera Noverola llegó siguiendo a Edgar Allan Poe, César Vallejo, los surrealistas y muy probablemente el conde Lautréaumont. De acuerdo con lo que se anota en el único libro de Becerra, el autor de  El otoño recorre las Islas asumió como guías al poeta católico Paul Claudel, Saint-John Perse y José Lezama Lima. García Ruiz fue un lector voraz y todos y cada uno de sus libros son un largo registro de lectura donde lo mismo se pueden encontrar poetas y narradores que la música popular del momento. Cada título es un homenaje a los autores que van definiendo su forma de hablar del mundo y en especial de su trópico. Algunos son más transparente que otros. El más diáfano de todos es el primero de sus libros más importantes: Yo soy el cantante de obvias alusiones al cantante Héctor Lavoe. Durante algunos años me llamó la atención el título de su libro Textos de un falso curandero (1985) hasta que releyendo la novela Bajo el volcán de Malcom Lowry encontré la frase textual. Precisamente en la cuarta de forros de la primera edición de Furias Nuevas el maestro Fernando Nieto Cadena señala que, como el buen poeta que es todo lo asimila, lo personaliza, lo expropia, lo hace suyo. No padece el trauma de la persecución interminable del trauma.

Galguera Noverola: el trópico mórbido

Ramón Galguera Noverola
Ramón Galguera Noverola

Ramón Galguera Noverola nació en 1914, en la ciudad que entonces se llamaba San Juan Bautista, hoy Villahermosa. Precisamente el pasado 28 de junio de 2014 se cumplió el centenario de su natalicio. Inicia sus estudios básicos en colegios villahermosinos que continua en la Ciudad de México en la Escuela Nacional Preparatoria. Allá mismo comienza su formación profesional en la Facultad de Derecho de la UNAM que abandona por la carrera de Contador Privado. Francisco J. Santamaría es el primero que da cuenta de su obra. Como hombre lo define raro y extravagante y como poeta lo coloca fuera de los verseros que caen en la trampa del ritmo y el número de sílabas. Galguera Noverola Publicó dos libros: el primero lo tituló Examen de Primer Grado. El pequeño conjunto apenas rebasaba los treinta poemas escritos a lo largo de una década y fue conocido en 1951. El poeta rondaba los treinta y siete años. Solar de Soledades fue su segundo impreso y lo presentaría en 1964 trece años después de que apareciera Examen. Es aquí donde figura el poema Mejor la sombra con el que confronta de manera abierta a la dominante impresionista del paisaje. El paisaje galgueriano va de otros tintes y formas, es de un expresionismo desgarrado, pintado a dentelladas. No le interesa la grandiosidad del verde ni los colores que se caen de maduros desde los árboles sino la oscuridad subterránea donde germina la semilla y el cadáver.

Nocturnos horizontes
Nocturnos horizontes

Un año después de que apareciera Examen de Primer Grado Pellicer lo presenta en Villahermosa. Reconoce el acento del libro pero arrincona a su autor: Es un poeta típicamente egoísta que solo ve hacia adentro de sí mismo –dijo en pleno Instituto Juárez según la nota de la época. Su carácter amatorio lo coloca en una zona donde no existe la esperanza ni el paisaje –le reclama tronante el santo patrono de la cultura local desde la mesa principal. Luego la estocada. Lo acusa de ser un poeta faldero:

Como además no es un poeta religioso, su desolada angustia lo lleva a refugiarse en el regazo de su madre (…).

Antes y después de sus dos libros se conocieron poemas sueltos que dejó fuera ya sea porque no tenían cabida en el tono de sus poemarios o porque fueron escritos por encomienda institucional como su Marcha Tabasco. Los dos libros más los poemas sueltos se volvieron a leer –juntos- hasta el año 2003 bajo el título Nocturnos Horizontes, compilación de poemas, fotos y textos varios realizada por el escritor Jorge Priego Martínez que en Tabasco es su principal promotor. Ahí está toda su obra. Sus contemporáneos señalan que sobrevivió a dos intentos de suicidio. Los pocos estudiosos de su obra señalan que el narrador estadounidense Edgar Allan Poe y el poeta peruano César Vallejo fueron sus principales guías. De uno lo mórbido y del otro la inmensa tristeza. A esta breve lista habría que agregar las lecturas de la poesía surrealista y la influencia del escritor Porfirio Barba Jacob.

Galguera Noverola fue hijo único. Entre sus amigos están dos políticos tan dispares como Tomás Garrido Canabal y Manuel R. Mora. En el ámbito social villahermosino era muy estimado como locutor y declamador pero sus retozos homosexuales le ocasionaron rechazos. Él mismo no se aceptaba. Fallece el 6 de octubre de 1979 –cierra la década trágica para la poesía en Tabasco- en la Ciudad de México. Tenía 65 años. No volvió a su tierra donde fue consumido por la maledicencia y el alcohol. El olvido y el rencor fueron sus territorios. Su preferencia sexual, a diferencia de Pellicer, no contaba con la tramazón política ni la aureola del Poeta de América que lo disculpara ante la sociedad villahermosina de la época. Según las anécdotas el escritor y periodista salía por las noches a vociferar. Se acercaba al muelle fluvial en busca de muchachos o de barcos para salir de la ciudad y escribía versos con el sabor de la raíz amarga. Como la ciudad, el trópico y su tiempo lo rechazaban, arremetió contra ellos y contra la complicidad de la luz. No celebra, suda amargura, destila su maldad. Ahí está su poema Mejor la sombra:

¿Y para qué la luz/ con su mirada de loca/ en la garganta del coyote herido?/ …) que la asesinen/ (…). Mejor en la tiniebla fértil de la semilla/ abriéndose un costado para instalar el árbol;/ mejor el más negro agujero/ buscándole el abrazo al signo en que nacimos,/ seguros del barro natural y opaco;/ (…).

Es lo que propone en uno de sus versos más célebres por antipelliceriano, con el deseo infructuoso de ahogar la ciudad en una poética oscura donde los sentidos se abran y los demonios de quienes lo acusan, los acusen también. De improviso, los pájaros,/ todos los pájaros se ahogaron. / Dañaba frío vidrio de ausencias/ ver sus cadáveres (…) dice en su Elegía por la muerte de los pájaros. O quizá no, a lo mejor Galguera Noverola solo quería encontrar compañía en la abierta oscuridad que habitaba.  

Ramón Galguera Noverola. Ilustración de Alejandro Hernández-García
Ramón Galguera Noverola. Ilustración de Alejandro Hernández-García

Desde que apareció Examen de Primer Grado es una ventana hacia la amargura,/ y la noche de lutos verdaderos,/ y el desgarrón y el grito y la locura. Ahí Galguera Noverola se declara El hijo de la diosa verde que tiene los ojos de niebla, las manos amarillas y los labios morados, casi negros. La diosa verde es una extraña referencia que llegó probablemente al poeta vía el comic o el cine con la película de 1938 con título homónimo: Tarzán y la Diosa verde. Recordemos que el tabasqueño pasó largas temporadas de formación en la Ciudad de México. Pero quizá Galguera Noverola se refiere a su ciudad natal que fue conocida como la Esmeralda del Sureste o al consumo de aquella diosa alucinógena, como también se le dicen, a la mariguana. No lo sabemos. Como sea, el poeta se apropia de la imagen y con un marcado aliento surrealista –atisbo que no se vuelve a encontrar en su obra- dice que este hijo de la diosa verde:

Lleva un hervidero de luciérnagas en la cabeza y galopa sobre el potro de las imaginaciones febriles, el ferrocarril con alas, el avión subterráneo, y el monstruo que se alimenta con la sangre de las doncellas y la carne de magnolia de los niños recién nacidos.

En una de esas imaginaciones febriles mira la vida como la niña de las pupilas en fuga, atrapada en una casa pútrida de una calle que es un río de apestosa descomposición:

Estaba allí,/ La Niña de las Pupilas en Fuga,/ mirándose las vísceras contaminadas,/ la sangre negra,/ el arroyo sucio de los cabellos,/ el luto redondo de los ojos/ y las gaviotas tuberculosas/ de sus manos.

Estaba allí,/ La Niña de las Pupilas en Fuga,/ con las manos huesudas,/ acariciando el Cristo/ que le pendía del cuello…/ nada más.

Estaba allí,/ aguardando la lotería cotidiana (…)

 

¡Claro que nadie querría saber de este poeta ni de sus versos! Lo suyo era como popular y sabiamente se dice: mencionar la cuerda en la casa del ahorcado. Mientras que Villahermosa se remozaba por fuera para verse bonita y así entrar a la ansiada fiesta del progreso nacional, el poeta Galguera Noverola señalaba la ponzoña moral que la corroía por dentro y el rezago social que socaba la esperanza.

Campaña resalta que una característica de los poetas que pertenecen al linaje de los malditos es la facultad de la videncia. Los videntes aterran y por esos son golpeados y echados a las entrañas de las ballenas que en el caso de nuestro poeta es el olvido. Galguera Noverola no es un poeta maldito pero cómo aterra su visión impura. Sus imaginaciones febriles poéticas no están muy lejos de las imaginaciones febriles narrativas de Bernandino Mena Brito en su novela Paludismo. En uno la lucha armada que traiciona su propio impulso, en el otro el progreso sin verdadera preocupación humanista. La tuberculosis, esa temible enfermedad, tiene una presencia muy marcada en la poesía de Galguera Noverola pero contrario a lo que se pudiese creer no es una referencia de linaje literario, la encuentra justo a ras de calle, recorriendo los pueblos del edén. La tuberculosis es la enfermedad del hambre generacional que cuarenta años después de la Revolución seguía padeciendo la población tabasqueña. El libro de Galguera se pudo haber llamado Tuberculosis (o poemas del hambre en el Edén).

En otra de sus imaginaciones febriles Galguera Noverola descubre que hay hombres que desprecian a los hombres de tierra firme, hombres del rencor creciente que tienen el ritmo de las marejadas y la terquedad violenta (…). Él no tiene cabida en ninguno de esos dos bandos, él es de Los otros, como dice en su poema. Así que, cuando llega a su segundo libro Solar de Soledades se da cuenta que no tiene otra salida más que pintar su raya y exclama: Esta ciudad ya no me gusta…/ voy a emprender un viaje.

Y ese, es un obligado viaje:

Les he dicho que soy un poeta/ y han sonreído maliciosamente,/ tal vez imaginando los hechos más absurdos./ Desde entonces,/ las cosas han devenido de mal en peor…

No volvió a publicar más. El viaje fue un silencio de sofocante suicidio poético para este autor.

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.