Hoy por la mañana mi hijo me  hizo una pregunta que me dejo por unos minutos en silencio, “Mamá, ¿Cuánto falta para las vacaciones?”, después de procesar la pregunta en mi cabeza, ubicarme en tiempo y espacio del calendario solo alcance a decirle poco hijo, muy poco”. Claro que en su mente infantil más o menos un mes es una eternidad, al contrario de mi mente adulta, que el tiempo se nos va volando.  Y es que las vacaciones están a la vuelta de la esquina y no me había detenido a considerar en todo lo que me dejo pensando mi hijo tras cerrar la puerta del auto y entrar muy feliz con su mochila de rueditas por el portón principal de su Colegio.

Las vacaciones escolares, llamadas ahora receso escolar, están cada vez más lejos de aquella época  donde todos en general sobre todo los maestros teníamos dos largos meses de descanso, donde se respiraba en las ciudades al menos las de provincia un ritmo pausado, con largas estancia en casa de familiares o simplemente durmiendo más tarde que de costumbre para después  pasear  por lugares de descanso. Hoy el ritmo de la vida se ha acelerado, padres y madres tenemos que trabajar a la par, sin que nuestras  vacaciones coincidan.

La contracción económica y el ambiente salpicado de inseguridad han reducido las posibilidades de descansos fuera de casa o prolongados. Unos que otros que tenemos la posibilidad  de descanso en centros turísticos optamos por justificar con una que otra mentirilla la ausencia de los hijos en la escuela para ausentarse de clases y asi evitar tarifas llamadas de temporada alta. En  fin que las vacaciones en playas paradisiacas se están convirtiendo en el verdadero sueño americano.

La casa será entonces para cientos de niños el lugar de refugio y estancia por decisión nuestra en ella, verán  la vida pasar, se incorporaran  a las labores del hogar que buena limpieza le hace falta a esa recamara de los niños,  a ver la televisión y a recrear mundos fantásticos con sus juguetes para desbordar su inquietud y creatividad, por lo que hay que considerar  hacer un recorrido minucioso por la casa y el patio para identificar áreas de riego, objetos peligrosos y material que no deba estar alcance de los niños recordando que  minutos de silencio en casa cuando hay niños es signo de alarma. Por lo que debemos evitar condiciones que provoquen  quemaduras, heridas, golpes o caídas  que son muy comunes como motivo de atención médica en esta época.

Vacaciones de verano, ¿oportunidad de aprendizaje o zona de peligro?

Y si las posibilidades lo permiten y decido  inscribir a los niños en algún Cursos de Verano de los que ya por cierto hay una lista de ofertas, tendré que  pensar  “A ¿Quién  le gusta que decidan lo que haremos en vacaciones?”, ¿Qué pensamos nosotros mismos cuando llega ese añorado momento?” y mirar a mi  hijo e  incluirlo en la toma de decisiones sobre lo que haremos al respecto con él, dejarlo  que emitan su opinión al respecto, tomar en cuenta sus deseos y no meter  al niño en una rutina acelerada en algo que tal vez no tenga el deseo ni sea de su interés.

Cuando piense en Curso de Verano, además de valorar el costo por variedad de servicios, tiempo de permanencia y duración, que como padres suele ser la prioridad,  pensaré también en otros aspectos como seguridad del lugar, interés del niño, necesidades para su desarrollo y utilidad en su vida cotidiana recordando que a veces lo barato sale caro, más es menos y el que mucho abarca poco aprieta. Si yo no puedo por el trabajo, que él si tenga la oportunidad  de salir de la de la rutina,  ofreciéndoles nuevos espacios, posibilidad de hacer nuevos amigos y aprender cosas diferentes.

Que hay aprendizajes que no se dan en la escuela, que son extracurriculares y puede aprovecharse este periodo para incursionar en ello como nos comparte un buen amigo mío “natación por sobrevivencia, algún arte marcial por disciplina, autocontrol y autoestima;  un deporte de equipo para la socialización” y  yo le agregaría música, pintura, danza o fotografía para desarrollar su sensibilidad y estética y un oficio para su autosustentabilidad como cultivos caseros, cocina, costura, etc.

No olvidar que este periodo es también la oportunidad de evaluar como padres, que tanto nuestros hijos han aprendido en la escuela, cuanto han ganado de autonomía, cuál es su comportamiento cotidiano, que aprendizajes de la escuela fueron verdaderamente significativos y que tan preparados están para el próximo ciclo escolar, ya que en caso de ser necesario tenemos oportunidad de hacer ajustes en las responsabilidades de él en casa, en la forma en la que establecemos derechos y obligaciones y de ser necesario atender algún rezago escolar que pudiera estar presentando.

Aprovechar también que esas horas que pasamos ayudando o supervisando al niño con las tareas escolares diarias, ahora pueden dedicarse a jugar algo divertido,  leerles un buen cuento, ver una gran película, danzar ritmos diferentes o preparar juntos la merienda.

Contrario a todo lo que puede suponer tener a los niños en casa durante  las vacaciones, es una invitación a ser creativos y salir de la rutina; que no todo es trabajar y hacer buen uso del tiempo libre.

*Foto de portada cortesía de la autora del artículo, se produce sin fines de lucro.