Un niño, desde pequeño, es creador curioso y ruidoso por naturaleza. Capaz de ser él mismo ya sea ensimismado en un dibujo, concentrado en el giro inagotable de una danza, en el eterno retruécano de una historia, en una letra nueva para cada canción, o como cuando se convierte en un músico de la batería con tachos de basura y viejas cacerolas que toca insaciable sin importar que suceda a su alrededor. Sólo trata de ser él mismo, de integrarse con su imaginación pura y honesta, a la creación propia y vivida y  -además-, de compartir.

Pero cuando esto empieza se descuidado o francamente se le ve como un problema en el seno familiar, entonces el niño se convierte en una molestia auditiva, verbal, a veces hasta física, y sin límites ¡No hay como controlarlo!

Vacaciones de verano, oportunidad para una experiencia provechosa, foto de Juan de Jesús López
Vacaciones de verano, oportunidad para una experiencia provechosa, foto de Juan de Jesús López

Pocos padres de familia actúan de manera inmediata vinculándolos a actividades físicas e intelectuales para que desarrollen su capacidad inquieta pero creadora. Estos pocos niños afortunados, con padres sensibles, serán los que tendrán resultados de disciplina e integración en una sociedad. Niños organizados y auto-constructivos.

También hay maestros y padres de familia que consideran que las manifestaciones artísticas son una pérdida de tiempo: la literatura no te da de comer; la danza es para mujeres y no para varones; la mayoría de los artistas son vagos que no pueden aspirar a nada al éxito; no progresan económicamente. En resumen los practicantes del arte son mendigos.

Los colegios y escuelas seculares no dan talleres de arte sino “artísticos” que son en realidad parte del progreso del show laboral y de entretenimiento. En pocos colegios y escuelas, los padres pagan talleres de iniciación artística fuera de sus actividades escolares importantes.

Vacaciones de verano, ¿oportunidad de aprendizaje o zona de peligro?

Y es que, algunos o la mayoría de los padres consideran que un Taller de Arte es una distracción a donde se lleva al niño que “tiene un problemas” de conducta o dispersión, falta de análisis y concentración, o cualquiera de esas cosas que solo los expertos en psicología saben y diagnostican desde el siglo pasado. ¿Entonces?, preguntan los papas preocupados. Entonces hay que llevarlo a un taller de dibujo, teatro, danza o música para que este chico se “recupere”, le responden.

¿Acaso es una enfermedad usar la imaginación creadora y participativa? ¿El niño carece de capacidad lógica y analítica para entender el comportamiento de sus padres hacia él? ¿No es mesurado?

El niño todo y cuanto hace es por amor y felicidad de ser, en esencia: él.  El docente en Arte es otro asunto, pero no lo podemos reducir únicamente a un individuo que llena un espacio de entretenimiento y recibe una paga económica por ello. El maestro del taller de artes aporta al pequeño una gran variedad de herramientas para comunicarse de forma creativa, valorando las diferentes manifestaciones artísticas logrando que su intelecto pueda expresar tanto verbal como visualmente su inquietud y experiencias vividas. Ejemplo: contarnos de manera creativa sobre el monstruo que se esconde debajo de la cama, confiarnos sobre el amor de la familia, lo que mira y le afecta en el recorrido de la casa a la escuela, lo seguro que se siente porque es capaz de hacer mayores cosas siendo tan pequeño.

Mitos y realidades del abuso infantil, foto de Carmita Díaz Marcial
Mitos y realidades del abuso infantil, foto de Carmita Díaz Marcial

No hay etiqueta para esto, es solo el hecho de ser creador y en esencia honesto. Haciendo y viviendo, continuamente. Este es el derecho del niño: crear e imaginar cómo es y cómo puede ser con los demás, advirtiendo que vive en una sociedad y que todos somos portadores de una nueva historia que contar, dibujar, danzar o simplemente platicar.

¿Pero qué pasa en las vacaciones cuando el chico tiene que estar en casa?

Los niños si bien le va al padre -o los padres- en sus trabajos, planean vacaciones fuera de la ciudad pero la gran mayoría no tiene esta oportunidad de salir o de ir a una playa y, se mueven dentro los márgenes que imponen los recursos y posibilidades inmediatas. El niño no se percata de que esas condiciones son una prioridad en la atención de sus padres, y que, en el mejor de los casos intentan resolver. Más bien eso no es importante para él. El niño piensa solo y únicamente en la posibilidad de imaginar y de establecerse en una nueva aventura desde la  imaginación y lo hace.

Es en este choque entre los imperativos de los padres y las necesidades expresivas de los niños cuando se presenta los problemas, y algunas reglas familiares se pueden tornar en un problema. No les parecen conocidos los gritos: ¡Niño cállate! ¡Este niño ya me tiene harta¡ ¡Niño, entretente en algo! Si es cierto que a los niños se les marca límites pero se les establece derechos y obligaciones: jugar y recoger mis juguetes después, limpiar y recoger mi plato etc.

Los padres carentes de reglas y disciplinas prefieren comer en la calle que en familia, prefieren dejar a los chicos jugando un video juego, mejor que estén “metidos” en la Tablet o en el celular, confunden la libertad de decidir entre comer un dulce antes que las verduras, dispersando y tergiversando el concepto de familia.

Pero el punto aquí es el Arte. El arte enseña y transforma a la sociedad que actualmente carece de tolerancia y sensibilidad hacia el prójimo, Vivimos, en este tiempo nos tocó vivir, en sociedades más violentas, sociedades con analfabetismo de toda clase, desde las más elementales como las urbanas hasta las más complejas como las políticas –por eso no sabe por quién votar-, sociedades confundidas que estiman que es mejor una música comercial que un concierto de piano.

El arte incomoda porque transforma al individuo y propicia la posibilidad de un hombre de calidad, y no me refiero a la calidad de vestir a la moda o que tenga el mejor auto, sino de ese hombre y mujer sensible al entorno, reconociendo que su persona es capaz de sobreponerse a través de un instrumento o herramienta por cualquier agresión o violencia. Un hombre criado en el seno de las artes se convierte tarde o temprano en un hombre de calidad sin necesidad de usar las armas, ni la violencia. Difícilmente tomará un arma, pues su único objetivo es comunicar al espectador o al oyente que su alma y el espíritu sienten y recuerdan, transformando la sociedad y sus épocas en algo maravilloso. Ser luz sobre todas las personas vacías de espíritu y sensibilidad; que sin gritar establece autoridad, ser él mismo y creativo.

Me preguntaban, y eso fue lo que dio origen a este texto que ahora leen, ¿qué pasa con la expresión de violencia en un dibujo o en una pintura cuando la realiza un niño? ¿Cómo se sabe si esa violencia la está padeciendo en casa y la está expresando a través de un dibujo? ¿Acaso es el reflejo de nuestra sociedad y el niño la purga a través del arte?

Mi respuesta es que se ha dejado la educación a la televisión, hay en la educación una tecnolatría: tablets, computadoras, celulares, videojuegos. Antes se le llamaba niñera virtual a la tv pero ahora “educan” –sí, como lo escribo-, educan facilitando al niño los caprichos más incontrolables, al adolescente en la satisfacción inmediata de tal o cual juega, al joven en hacer amigos virtuales y la reacción en cadena llamada viralización, hasta tener individuos adultos inseguros emulando lo que ven, copiando una moda y estableciendo por hecho que así se “es”.

Cuando los papas llevan a sus niños a los talleres de curso verano desbordan alegría y todos quieren que se atienda de manera exclusiva a sus hijos, pero  todos o casi todos, creen que un taller de iniciación artística es un taller de entretenimiento. Será con el paso de los días en el taller cuando los docentes en Arte reconocerán si en algún caso un niño pasa violencia en casa, en la escuela, o si estamos ante un niño cuya delicado equilibrio: su sensibilidad, es afectado por su sociedad y tiempo, pero en cualquier caso y en ninguno de ellos el niño va a un taller artístico –teatro, danza, pintura, fotografía, audiovisual- para un análisis de conducta, para que aprenda a ser el niño creador: curioso y ruidoso, por naturaleza. Capaz de ser él mismo.