Viernes. Son las seis y media de la  mañana y  todavía  alcanzo a verla por encima del techo de la plaza comercial San Joaquín. Se cuela entre las ramas de las matas de guayaba y naranja agria. Blanca, redonda, como una gran hostia plateada. El sol proyecta tenues sombras definidas de los techos rasantes sobre las paredes de los edificios apenas más altos. Mi vecino, el amarillito, celebra mientras picotea las últimas guayabas maduras. Es hermosa la gran zorra. Me levanté con malos presentimientos. Me acuerdo de mi amigo Teo, y me alegro de haberlo visto en la presentación del libro-homenaje que le dedicó a la cronista de la ciudad Gabriela Gutiérrez Lomasto a través de su editorial Arqueros del viento.

Para nadie es un secreto que Teodosio apenas sobrevive a los muchos males que sigue acumulando por la diabetes que lo aqueja, pero también, a todos nos sorprende porque —la luna ya casi no se ve— su cabeza sigue llena de proyectos, de poemarios, de humor y de locuras. Anoche, 8 de marzo (de 2012), se notaba el  gran esfuerzo que hacía para estar presente en la presentación del librito “La importancia del llamarse Gabriela”. Y es que, a la ceguera se le han sumado la neuropatía y gastropatía: casi no come porque hasta las verduras le propinan un gran dolor en el estómago y la incontinencia lo obliga a permanecer alerta y en casa. Me platicaron con preocupación que cada semana pasa dos días en el hospital. La neurosis es como una gran sombra en su cabeza que cuando llega lo hace maldecir a tientas. Pide perdón a su esposa Estela por los sufrimientos diarios, llora como un niño y vuelve a encabronarse. Vocifera porque le niegan las galletas y su Coca Cola. Ruega que lo dejen morir solo. Maldice a los seis puntos cardinales. Se quiere matar. Los vecinos hablan de él como si se tratara de un anciano enloquecido.

Teo durante la presentación del libro "La importancia de llamarse Gabriela", foto de Juan de Jesús López
Teo durante la presentación del libro “La importancia de llamarse Gabriela”, (la tercera de izq a der) los acompaña la mesa la periodista Lorena del Carmen, foto de Juan de Jesús López

Se fue la zorra y llegó el ruido de los claxonazos. Anoche, tenía un color naranja intenso que se imponía sobre las farolas. Me preguntaba: ¿a quién se le ocurre presentar un libro con una luna tan imponentemente preñada de presagios? Al Teo, como le decimos con afecto amigos y lectores. Estaba contento. Fue un homenaje doble. Repartió generosos elogios a la cronista choca y la periodista Lorena del Carmen, y al final,  en esta ocasión a cambió de tamalitos y “sanduiches” compartió donas azucaradas y pelonas rellenas. Él, que no las puede comer. Sus nietos vendían la plaquette en veinte  pesos  entre  los que asistieron al homenaje convocado en la galería Casa Siempreviva. Y vaya que son buenos vendedores, hicieron que la propia homenajeada comprara diez. Le falló uno de los dibujantes que se encargaría de elaborar una de las dos caricaturas que obsequiaría a las villahermosinas, pero no se desanimó. Desde el inicio de su trabajo adoptó tres hábitos culturales: Villahermosa y los villahermosinos, la celebración del Día Internacional de la Mujer cada 8 de marzo y del Día Internacional de la Poesía cada 21 del mismo mes. Muchos esperamos con curiosidad la primaveral celebración literaria porque convence siempre quién sabe con qué mañas o artes a alguna poetisa de por los rumbos o alguna mesera de café -tiene algunos intentos no logrados con una putita fantaseada- para que se conviertan en la Señorita Poesía por un día, electa por olfato y oídas. “¿Cómo es —he escuchado que pregunta-, tiene caderas grandes, ta’ buenota?”. Dependiendo de la respuesta del lazarillo en turno elige, decide y unge él solo, también toquetea avalado por la ceguera aunque la corona la pone otro ganón.

Con los homenajes que organiza con motivo del Día de la Mujer, hasta ahora, ha entregado reconocimientos a manera de exorcismos a dos grandes mujeres con las que ha tenido desencuentros y debe mucho: Bertha Ferrer y doña Gaba. De ambas dijo cuando era joven y bravo, el irreverente recién nacido a la literatura que no se tentaba el corazón para usar las palabras, que eran una nulidad como escritoras. Ahora las elogia y celebra. Ese es Teodosio, al que le decían “gatito por Papá”. Con todos los escritores chocos -amigos o no- ha hecho lo mismo: los ningunea, se burla de ellos en el café, pero si alguien de afuera intenta venir a decir lo mismo defiende su charco y congéneres con uñas y dientes.

Diatribas aparte, lo que realmente me asombra de Teo es su querencia mayor que ocupa tanto espacio en su trabajo literario como en sus deferencias de promotor cultural: Villahermosa. Sólo conozco a cuatro autores que tienen como pasión constante a esta ciudad: el historiador Geney Torruco Saravia, la cronista Gabriela Gutiérrez Lomasto, el arquitecto Miguel Ramsés Vázquez Ortiz… y el poeta Teo. Desde sus inicios literarios mantiene como tema principal atrás o delante de su poesía, de sus crónicas, de sus homenajes y de sus querencias a Villahermosa. Me viene a la memoria un texto que tengo a la mano —el ruidero sube decibeles, a los claxonazos y mentadas se agrega la histeria de la televisión-, sobre este mismo asunto:

Con el libro Sin lugar a dudas de Teodosio García Ruiz publicado en 1985 la poesía local se sacude de una vez por todas el tufo bucólico  de la versificación  sentada  sobre las rodillas  complacientes  de  la  nostalgia  y  el  paisaje. De manera emblemática, el pequeño poema de cuatro versos  irregulares  que  va  del  trisílabo  al  alejandrino y da título al conjunto de más de setenta poemas, varios de ellos con versos  prosaicos  con aliento de corredor de fondo, marca una nueva actitud poética.

La quietud / es un caso de apuro / no significa paz / sino desgarramiento de conciencia.

Para el joven autor de ese entonces, la aparente calma esconde en realidad la urgencia que impone la conciencia desgarrada por el apuro de la vida y la conciencia del lenguaje. Apuro viene a ser un conflicto y un compromiso y el breve texto un poema consigna, una empresa silogística que convoca a poner al día la conciencia, un llamado de atención para no quedarse —y muchos se quedaron— en la infructuosa calma penitente de la ruina del paisaje tabasqueño para interiorizarse  atribulado  y  doloroso  —el  desgarramiento— en el nuevo panorama de las masas y la luces de neón, en el espectáculo de imágenes y palabras luminiscentes, en el rumor de la vida que llega con el grito que anuncia la ruta desde el estribo de los camiones de transporte urbano lanzado por el cobrador: “¡Tamultéee-atasta-centroooo!”.

En ese primerísima publicación, este poeta-voceador que no se sabe si se invita y a la vez impone, como sea, anuncia los escaparates, las luces rasantes, la novedad citadina, la ciudad como el edén prometido para las esperanzas del día a día. Lejos quedaría el rumor de rumiante domesticado, desde la ribera del río Grijalva. El poemario Sin lugar a dudas no es el primer libro moderno de la actual poesía que se escribe en Tabasco pero sí es el antecedente más poderoso y sólido por su tono desenfadado, por la coloratura altisonante, y porque se centra en la nueva goepoética: LA CIUDAD. Nada nuevo para otras latitudes pero sorprendente para la poesía que se hacía en Tabasco ya que según las estimaciones en los años ochenta cumplía medio siglo de rezago

Teo durante la presentación del libro "La importancia de llamarse Gabriela", lo acompaña el poeta Francisco Murillo, foto de Juan de Jesús López
Teo durante la presentación del libro “La importancia de llamarse Gabriela”, lo acompaña el poeta Francisco Murillo, foto de Juan de Jesús López

Y ahí, cuando se habla de ciudad, por supuesto, se habla de la antigua San Juan Bautista. Y no puede ser de otro modo porque desde ese libro Teo ya pinta lo que sería uno de sus temas favoritos, Villahermosa. Luego vendría el libro de crónicas Villahermosa, peligro para caminantes, después Villahermosinos en el que hace una serie de jocosas semblanzas de las que se conocen algunos adelantos publicados en los periódicos locales, y por último, la serie de libros-homenaje dedicados a personajes locales como el “ecuamex” Fernando Nieto Cadena, el pintor Rogelio Urrusti y ahora doña Gaba.

De acuerdo con lo que ha dicho él mismo esta colección forma parte de un proyecto para alcanzar su doctorado. Los más mal pensados apuntan que lo hace para asegurarse un lugar en los meandros de la historia de la cultura tabasqueña. Quién sabe. Teo es un poeta y ya tiene incluso un lugar dentro de la literatura nacional: ahí están sus libros como “Yo soy el cantante”, “Furias nuevas” y “Nostalgia de Sotavento”. Creo que lo que busca  es ser amado tal cual, con sus sombras y luces, con sus afectos y encontronazos. Por eso me dio gusto verlo, sabiendo que pese a los pesares “queremos mucho al Teo”.

Hace poco, como parte de un documental, el videasta Alejandro Breck me preguntaba sobre nuestro amigo en común y le comentaba que en el fondo me recuerda aquella parábola evangélica del hijo pródigo. Teo es el hermano que se quedó en casa, cerca del padre y de la madre, viviendo el tufo de las cantinas, soportando la estulticia cotidiana, viendo crecer a las muchachas que se largan con otros, suicidándose lentamente. Es el hermano que se quedó en casa y escribe con todos sus odios y todos sus amores, y da cuenta de lo que pasa en esta ciudad, siempre cambiante, a orillitas del gran río Grijalva que dicen es afrodisiaco manquesea por contagio milenario.

Hay dos cosas de las que estoy seguro como de la ausencia de esa luna que ya no está: No sé quién es el hermano que se fue, y dos, esta ciudad, como toda buena mujer, lo abandonó hace mucho. Lo abandonó cuando él ya no pudo mirarla, vivirla ni satisfacerla en sus rincones, aunque la sentía más suya desde su “abierta oscuridad”. Y es normal, es una mujer-ciudad que sigue su vida. Es de otros, es una ciudad de muchísimas personas, pero nadie le cantará como Teo.

Nota del autor: La compilación fotográfica forma parte del proyecto “Teo, de cuerpo presente”, una antología de testimonios fotográficos  y evocaciones textuales sobre el poeta Teodosio García Ruiz (5 de mayo de 1964. Cunduacán, Tabasco/12 de noviembre de 2012. Villahermosa, Tabasco) que está en proceso de preparación, coordinada por Juan de Jesús Lopez y Miguel Ángel Ruiz Magdónel.

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.