Pocos, muy pocos escritores tabasqueños se han tomado la molestia de hacer de la vida cotidiana villahermosina un tema literario. Como si en cuestión de temas el tufo de la vida diaria, sus luces nocturnas y sus callejones no merecieran la pena de convertirse en tema de arte. Por eso, cuando apareció el poemario “Sin lugar a dudas” de Teodosio García Ruiz, allá por 1985, los aires decimonónicos de la poesía choca se estremecieron desde sus cimientos. La poesía de arrojos épicos, la que cantaba a los héroes cívicos y a las sensualidades tropicales se topaba con la poesía que le cantaba a lo urbano, al hombre y a la mujer popular, a los viandantes que subían al camión y a los regocijos del cuerpo untado por el bochorno. En “Sin lugar a dudas”  la cotidianidad se filtra en el poema sin disfraz ni protocolos líricos. La cotidianidad con sus mentadas, la cotidianidad con sus mujeres, la cotidianidad con sus cervezas, la cotidianidad con su fatalidad, la cotidianidad con su ruido y su furia de una ciudad, Villahermosa. Nada más lógico, entonces, que decir que Teodosio (Cunduacán, Tabasco. 1964) es el poeta de esta ciudad (Juan de Jesús López).

 

Pollo a la plancha (detalle de una foto de Edmundo Segura)
Pollo a la plancha (detalle de una foto de Edmundo Segura)

 

 

Paradas  de humo

Teodosio García Ruiz

 

Tamulté blues

1980

 

Azul, intenso, claro de su propio color, el cielo de la colonia Tamulté de las Barrancas se disuelve en un suspiro.

 

Quienes venimos a dejar a las compañeras del CEBETIS 32 para tomar transporte o hacer tareas escolares a este lugar, tomamos los camiones urbanos que son moles cuadradas con espacio para más de cuarenta personas. Las sillas son de fibra de vidrio con infraestructura de metal. La característica más usual: incómodos, sillas chicas, con la propiedad de transportar ganado y no personas.

 

Quien haya adquirido este tipo de autobús, no tomó en cuenta que pudo ser un diseño de prueba, un experimento de vagón del metro con llantas para una ciudad –pueblo como Villahermosa. Estamos cerca del parque y del mercado, entre la avenida Gregorio Méndez y las callecitas de la colonia donde se ubican los camiones suburbanos que transportan a las gentes de las comunidades rurales y expendedores de hortalizas y especies menores en los alrededores de este mercado.

 

Con el señalamiento de disco que dice en letras blancas “parada”, los usuarios nos amontonamos cerca de la puerta delantera del bus, que en 1980 no se llamaban bus ni ahora. Si el camión tiene una puerta trasera, también por ahí subimos con el previo pago a un “chalán”.

 

Si llueve o el sol se empecina en sus naturales calores, nadie protege a quien espera el camión. No hay cornisa, galera, saliente, alerón o tablado que nos ampare. Total, es sólo un momento la espera (10 a 20 minutos). A menos que sea la ruta de Circuito 1, la de Punta Brava o la de Tamulté- Guadalupe, entonces la espera se dilata y es necesario sentarse, tomar un refresco en estanquillo alguno o leer el diario de la vida tabasqueña, que es pura publicidad.

Teodosio García Ruiz por Edmudno Segura
Teodosio García Ruiz por Edmudno Segura

 

Tamulté road

1990

 

En la parada de minibuses que son dos bases de metal con láminas como techo y con cierto declive  para disminuir la brutalidad del sol, las lluvias o los vientos, esperamos como siempre el transporte.

 

De lunes a viernes los estudiantes, oficinistas del gobierno del estado, vendedores ambulantes o trabajadores del comercio, mostramos nuestras mejores vestiduras por la mañana o a media tarde. Estamos presurosos por viajar, encontrar un lugar en la ventanilla del minibús o de los viejos y oxidados camiones de antes.  El viaje por la mañana es atractivo olfativamente y también visual. Casi todos los viajantes vamos bañados, peinados, olorosos a perfume de cualquier índole  y costo popular. Las miradas de las mujeres y jovencitas son de audacia, atrevimiento, ganas de interactuar con el mundo y disfrutarlo. Obvio: van rumbo a una actividad de formación, entretenimiento, acción. Las relaciones humanas en sus espacios de labor son intensas y diversas, Pero en esta unidad de transporte sólo se advierte que son potencialmente seres maravillosos.

 

Por las ventanillas se aprecia, rumbo al centro, la finca Arceo, los árboles de mango que esplendorosos crecen en los patios como culonas gallinas criollas; la antigua clínica de  PEMEX, el registro civil de la familia  Rosario de Gómez (Hilda y Claudia), la iglesia de San Sebastián (ya en territorio de Atasta), la Fuente del Chorro y entrando a la avenida 27 de Febrero, Villahermosa adquiere rostro fijo: Clínica ISSSTE, Jean Piaget, A-Kim-Pech, la Victoria, Salón Carnitas, la ceiba de Atasta, etcétera.

 

De vez en cuando, un payaso, cantante popular o limosneros nos sacan del ensueño en que entramos. Por todo el trayecto alguna de las paradas están más nutridas que otras: todo depende  de la oficina de servicio, hospital o cruce de paradas.

 

De regreso a las colonias  el itinerario es casi idéntico y ritual. Ahora la gente viaja agotada o insatisfecha pero llevan a casa un gesto de agrado, bolsas de mercancías y pocos, poquísimos, algún cómic, libro vaquero o texto para leer. Sobre la calle Madero, donde estaba la Ferretería Concha,  se distribuyen  las personas para tomar su minibús. No hay una construcción para resguardar a los viajantes: la dirección de transporte no tiene idea de la noción de servicio; los villahermosinos son tratados como bestias silvestres: viajan en vehículos de deshecho, no tienen seguro del viajero, toleran mal trato de los conductores y el ruido infernal de la música de moda.

 

 

Villahermosa, today

2000

 

La ciudad crece, se desorganiza, se dispersa. Los taxis, combis, pochimóviles y toda suerte de transporte ilegal se fomenta desde las autoridades locales. Los usuarios toleran todo arbitrio y abuso porque necesitan moverse de un lado a otro, aunque ya con lentitud, por  la explosión vehicular  que se observa en la ciudad.

 

El costo del transporte se altera a cada rato. En los taxis, los conductores mal nacidos que se amparan con creencias cristianas, abusan de cualquier cristiano. Si está ciego, mejor. Porque no hay organismo regulador.

 

¿Qué hacer? Vivir con intensidad la vida citadina, las mentadas de madre, la autoestima pisoteada. Los peores conductores y abusivos en el costo del pasaje son los tabasqueños. Qué delicia!

 

 

 

 

 

 

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Teodosio García Ruiz es poeta, narrador, maestro de telesecundaria y promotor cultural. Nació en Cunduacán, Tabasco el 5 de mayo de 1964 y murió en Villahermosa, Tabasco el 12 de noviembre de 2012. Publicaría su primer libro “Sin lugar a dudas” en 1985 cuando apenas tenía 21 años. La ciudad y la celebración erótica son la marca inicial, pero sería en 1993 cuando sorprendió con sus “Furias Nuevas” publicado por el CONACULTA. Una década después, ya ciego, daría a conocer su “Nostalgia de Sotavento” (2013) publicado por la UJAT, bajo el cuidado de Francisco Magaña quien define al libro como un poema-novela. Teo –como le llamaban con afecto sus amigos y lectores- alcanzaría a vivir 48 años pero deja una obra intensa que cierra con el libro “Berridos”, publicado el año de su muerte. Su obra es considerada como la más importante de finales del siglo XX, su trabajo poético y narrativo lo ha llevado a ser considerado el poeta y narrador de la ciudad, que está en su poesía pero sobre en libros como: Villahermosa, peligro para caminantes, publicado en el 2000 gracias al apoyo del programa PACMYC.