De la vistosidad tradicional,

los carros alegóricos pasaron producción escéncia

 

Cada año, con motivo de la fiesta popular más grande de los tabasqueños: la Feria Tabasco, se realizan el desfile de carros alegóricos por las principales calles de la ciudad. Si bien participan unos cuarenta carros alegóricos de empresas e instituciones, el desfile que se realiza en el mes de abril básicamente consiste en que cada uno de los 17 municipios tabasqueños está representado por un carro adornado con elementos visuales tomados de la rica flora y fauna, la cultura tradicional y la actividad económica de cada región. En la vistosa escenografía sobre ruedas, resaltada con luces de colores y música del momento, luce su belleza una joven muchacha elegida entre las familias más destacadas o queridas del Municipio, que aspira a ganar el concurso de la “Flor de Oro”, esto es, convertirse en la mujer más bella del “edén tropical” y embajadora de la cultura del estado, hasta la próxima Feria.

Los carros alegóricos son un mensaje cifrado de color y formas que habla de la bonanza, cultura y preocupaciones  del lugar, foto de Juan de Jesús López
Los carros alegóricos son un mensaje cifrado de color y formas que habla de la bonanza, cultura y preocupaciones del lugar, foto de Juan de Jesús López

Por supuesto, los carros alegóricos también compiten por un primer lugar. Su lucimiento, además de aportar simpatías y puntos en el “aplausómetro” general de la Elección de la Flor de Oro, que se realiza unos días después, son un mensaje cifrado de color y formas que habla de la bonanza del lugar, de ahí que la administración de cada Municipio invierta mucho dinero en la producción de los representaciones ambulantes. Para la creación de una de las escenografías populares se elige a un jefe de equipo quien propone un diseño original y se le dota con un equipo de artesanos, carpinteros, herreros, pintores y equipos de luz y sonido, más de 20 personas -sin contar los campesinos que recopilan el material natural que se necesite-, quienes trabajan a marchas forzadas desde un mes antes del desfile. Una semana o tres días antes del recorrido los carros con sus esqueletos “sin vestir” o semi terminados llegan a la zona cultural CICOM donde se afinan los detalles.

Carros alegóricos: rivalidad y fantasía inspirada en la cultura

Hay muchas cosas que destacan de este tradicional desfile de figuras gigantes sobre ruedas que un solo día, por la tarde-noche, se pasean por la ciudad. Hacia el interior, hay una especie de rivalidad en sordina entre los directores encargados de liderar cada equipo de producción. Se reconocen entre ellos sus cualidades y trayectoria pero también sus pifias y acaparamientos, pues algunos tienen un sistema de producción tan bien estructurados que “elaboran” el carro de dos o tres municipios.

Destacan la participación de muchos especialistas que resuelven distintos problemas visuales y locomotores, por lo que se puede hablar de una auténtica producción escénica artesanal, foto de Juan de Jesús López
Destacan la participación de muchos especialistas que resuelven distintos problemas visuales y locomotores, por lo que se puede hablar de una auténtica producción escénica artesanal, foto de Juan de Jesús López

Hacia el exterior, lo que destaca es su fantasía “inspirada” y elaborada con los elementos culturales (intangibles) y naturales de cada región (tangibles), y en especial, la participación de muchos especialistas que resuelven distintos problemas visuales y locomotores, por lo que se puede hablar de una auténtica producción escénica artesanal, una puesta en escena efímera pues la “flor del municipio” lleva un vestido también elaborado por un diseñador artesanal y ofrece una coreografía elemental.

En resumen el desfile de los carros alegóricos es una auténtica instalación colectiva que atraviesa la ciudad –una especie de peregrinación imaginativa que abre el espacio urbano hacia la fiesta popular que dura dos semanas-, la llena fiesta y la coloca como espectador colectivo en posición de debate festivo, pues todos los medios de información se enfocan en el suceso y las redes sociales se saturan de comentarios de todo tipo.

Carro alegórico, un muestrario ambulante de la cultura

El creador de un carro aunque no es un artesano en estricto sentido pero sí es un moderno “guardián de tradición” a un nivel más elaborado: el escénico, el performático, lo mecánico y lo decorativo. En el desfile reúne y complejiza muchos de los saberes tradicionales para lograr un solo objetivo, convencer al público de que la belleza natural y cultural va de la mano de la belleza de la mujer que ese año los representa. Algunos carros incluso llevan un mensaje de preocupación “ecologista”, de nuevos ímpetus económicos, de celebración de sus tradicionales y pasado histórico.

A través de su carro alegórico, teapa impulsa una fibra que hasta ahora no se tenía en la estimación artesanal: el plátano, foto de Juan de Jesús López
A través de su carro alegórico, teapa impulsa una fibra que hasta ahora no se tenía en la estimación artesanal: el plátano, foto de Juan de Jesús López

Este año 2017, por ejemplo, el carro alegórico del municipio de Paraíso, dirigido por Jorge Enrique Garzón, representa dos langostinos de agua dulce, que en Tabasco son conocidas como piguas. Esta especie enfrenta serios problemas de reproducción por la salinidad de las aguas dulces, la pesca inmoderada y la multiplicación de especies invasoras como el pez diablo que se come la hueva de la pigua y la pone en peligro. Para presentar las piezas escultóricas monumentales, que ocupan una cubo imaginario de 4 metros de ancho por 10 metros de largo y cinco de alto, recurrió al joloche y las semillas de guásimo.

El carro de Jonuta, en cambio, dirigido por José Andrés Hoy Campos retoma un tema histórico de su región: la charrería, actividad que a mediados del siglo 20 le dio renombre en Tabasco y el país. Para su proyección escultórica recurrió al petate y la semilla de chigua, un fruto parecido a la calabaza pero cuya pulpa no se come, solo se usa la semilla, que se tuesta y se le pone chile piquín. Y carro alegórico de Teapa no se quedó atrás. Este es un municipio que no destaca por una producción artesanal distintiva pero si por su grandes extensiones de sembradío de plátano guineo en los faldones de la sierra, actividad que se celebró en el siglo pasado como el “oro verde” tabasqueño. En esta ocasión, el encargado del carro propuso un elogio a la naturaleza representada por un gran lagarto elaborado con la fibra de cientos de tallos de las matas de plátano.

Tanto unos como otros, recurrieron a la recolección de miles semillas, la elaboración de tejidos, a la reproducción de diseños que son parte de la tradición artesanal, la disecación de cientos de plantas de plátano, cientos de jícaras labradas, miles de sardinas sacadas de la cueva de la sardina, cientos de metros de petate, que combinan con técnicas de empapelados y telas coloreadas, por lo que se puede decir que este moderno “guardian de tradición”, productor visual, convierte cada carro en un muestrario ambulante de especies y rasgos culturales.

En la elaboración de carros alegóricos, no  existe escuela hay suma de dones

A diferencia de lo que se puede observar en los carros carnavaliticios de muchos países latinoamericanos –lo carros tabasqueños tienen de hecho su origen en el carnaval-, no hay una producción fantasiosa, sus elementos son “reproducciones figurativas a escala”, de la flora y fauna, de la historia y la cultura, de cada región. En el desfile de carros alegóricos chocos: las destrezas de los productores de artesanías tradicionales, el conocimiento de los materiales naturales, sumadas al diseño de vestuarios y la escenografía monumental en movimiento, son el foro visual más importante que tiene la producción tradicional tabasqueña anclada en la artesanía, en especial la relacionada con las fibras. Pero también, se puede decir que el esfuerzo de más de veinte hombres y mujeres puesto a disposición de los carros alegóricos es efímero, una producción visual –en su sentido más moderno-, que nace para morir en un día.

Otro aspecto interesante que resalta de los carros artesanales, es que, quienes dirigen los equipos de trabajos –los autores de los diseños-, son profesionistas egresados de alguna rama del arte como la pintura o la arquitectura pero también los hay de otras especialidades como la biología y la ecología, algunos  pocos, son autodidactas. En este sentido, el director de la representación de Teapa Manuel Jesús López Reyes, señala que no hay una escuela en el sentido forma de aprendizaje, muchos de sus colaboradores tienen un “don” que ellos descubren y aprovecha para el trabajo general. En cambio, afirma que si hay una “escuela”, es la que se hace de generación tras generación, agregando lo más reciente que conocen en el medio.

En esta segunda década del siglo 21, a la que faltan dos años para finalizar, conviven tres generaciones de directores: los hay quienes desde los 90 del siglo pasado vienen produciendo carros y tienen más de 20 premios, y también los muy jóvenes que este 2017 participan por primera vez y buscan un premio. Todos ellos son conscientes de que, su nombre no llamará la atención más que en los círculos muy cerrados de poder como el de los políticos, el de las familias de renombre y el de los amigos, pero entre ellos, se conocen, se adulan y se critican.

Carros alegóricos: falta investigación y sobran cuestionamientos

Salvo algunos apuntes de los investigadores de la cultura popular tabasqueña, no hay un estudio o investigación artística sobre este trabajo que se realiza cada año, ni se les considera dentro de las colecciones de producción popular, las muestras de artesanía moderna, no figuran en catálogos ni aparecen en documentales del arte tradicional. Sin embargo, año con año, el jurado que califica los carros alegóricos son funcionarios de cultura, especialistas en historia, artistas y promotores culturales que no tienen un discurso sobre ellos, igual que los cronistas de televisión y radio, quienes inventan aproximaciones narrativas sin proporción descriptiva ni perceptiva.

En la compilación “Brincando Fronteras: creaciones locales mexicanas y globalización” de Patrice Giasson, se anota que la actual producción artesanal al igual que todas las esferas de la vida cotidiana han tenido un impacto decisivo de la apertura del mercado, la aparición de las nuevas tecnologías y materiales, por lo que ya no se habla de una mirada representativa local sino de un “creativismo glocal” donde se mezclan la contemporaneidad y la tradición, la reapropiación y la tecnología, un arte de la migración cultural sin moverse del espacio originario. Con la cultura popular –tradicional y urbana-, y con los carros alegóricos pasa lo mismo que con el lenguaje y la comida: se mueve, se modifica. Eso no gusta a los folcloristas que prefieren la permanencia y celebran nostalgia del pasado.

Lo que sí han notado algunos conocedores de las rutinas culturales es que, el desfile –el ambiente alrededor de los carros alegóricos- se “carnavaliza” y se degrada: dejó de ser un muestrario de los logros agrícolas, ganaderos y culturales. Al igual que la feria misma, se convierte en un muestrario de banalidades, proclaman desde las redes sociales sus críticos. Por otro lado, se vive una “cosificación” de la mujer que se presenta como un mero atractivo visual, pero el desfile es tan vistoso y visto, que este año 2017 hasta la Gendarmería exhibió un despliegue, pero sin “flor”.

No se tiene una cuantificación de lo que gasta cada Municipio en la producción de un carro alegórico: los artesanos señalan que unos cuestan 200 mil y otros 300 mil pesos, y en total, participan los 17 municipios y cerca de 30 carros en total. En el caso de que fuesen 200 mil pesos, los municipios estarían gastando alrededor de 3 millones 400 mil pesos, y en general, más de seis millones de pesos. En ese sentido, las críticas más severas señalan que, si se cancelase el desfile, con ese dinero se podría desarrollar una mejor agenda en los sectores de la cultura, la ciencia y tecnología. Ante ese embate, en lo único que coinciden promotores y tradicionalistas es en que, si desapareciese el desfile de carros alegóricos, desaparecería el último vestigio de la tradicional expo-feria, pues los famosos kioscos devinieron en naves industriales, y hace algunos años, se canceló el desfile de barcos alegóricos en el río Grijalva.

Jorge Enrique Garzón:

un carro alegórico no es un gasto innecesario

Jorge Enrique Garzón: un carro alegórico no es un gasto innecesario, foto de Juan de Jesús López
Jorge Enrique Garzón: un carro alegórico no es un gasto innecesario, foto de Juan de Jesús López

Qué dicen los productores y especialistas desde su experiencia. De entrada sobresale que los carros alegóricos son una producción colectiva costeada totalmente por el municipio, que hay una gran ligazón entre los carros alegóricos y las tradiciones simbólicas y artesanales.

Yo soy Jorge Enrique Garzón, soy biólogo y nací el 12 de agosto de 1952 en Puerto Ceiba, Paraíso, Tabasco: Y nunca me imaginé hacer carros alegóricos. Eso es lo dice de entrada este realizador popular que además de sus estudios profesionales realizados en Puebla, guiado por su amor a la naturaleza, llevó cursos y talleres de pintura, dibujo y diseño. Toda esta formación le ha servido para ganar en más de veinte ocasiones, y realizar carros para dos y tres municipios en algunas ocasiones.

Garzón Díaz reconoce que gracias al apoyo de las autoridades municipales ha logrado realizar un trabajo de gran nivel, pero sobre todo, a la gran cantidad de gente que con las habilidades de sus manos le permiten alcanzar las ideas que plasmó en un papel.

-¿Cuándo hiciste tu primer carro alegórico?

-Bueno, yo nunca me imaginé hacer carros. Cuando estudiaba la Normal, para profesor de Primaria –en ese entonces, los carros los ponían en el Parque Juárez-, me llamaban mucho la atención y me salía de la escuela para ir a verlos. Una vez en Puerto Ceiba, una delegada, me llamo y me dijo que como yo era muy creativo por qué no la ayudaba a hacer un carrito para la feria de Paraíso. Ahí nació mi gusto.

En 1988, cuando mi prima fue embajadora, me pidió que le hiciera su carro. Y yo, sin saber –porque para esto no hay escuela-, hice mi propia técnica y ganamos una mención honorífica. En el 90 me pasó un caso y ya no quise hacer más carros, pero una comadre cuya hija sería embajadora me invitó con tantas insistencia que volví y gané mi primer premio.

-¿Cuántos oficios se necesitan para realizar un carro alegórico?

-Siempre lo he dicho: un carro alegórico no es un gasto innecesario, además de nosotros hay mucha gente esperando este desfile porque para ellos es una entradita que los ayuda a sobrellevar las difíciles condiciones de vida. Hay familias enteras que dependen de los pintores, carpinteros, herreros, diseñadores, y los campesinas que recolectan el material natural y se lo compramos: por ejemplo, para el diseño del carro de Paraíso se necesitaron más de 4 mil semillas de guásimo, compramos mucho joloche para hacer las 3 mil escamas para las mojarras. En total, trabajamos 22 personas pero sin contar las familias que se benefician.

-¿Cuándo tiempo les toma hacer un carro alegórico?

-Un mes antes del desfile, a marchar forzadas, iniciamos a las 8 de la mañana y nos retiramos a las 10 de la noche.

-¿Y cuánto dura el desfile?

-De aquí, de la zona cultural CICOM, salimos a las 5 de la tarde y terminamos a las 10 de la noche.

-¿Cómo llegaste a este diseño que titulas: El coloso de las aguas dulces?

-El diseño general lo dominan dos piguas, que son los crustáceos más grandes de las aguas dulces, por eso se llama así. Me inspiré este tema porque vi un reportaje donde dicen que la pigua se está extinguiendo por tres razones: no hay control de su captura, ejercen el canibalismo y el pez diablo acaba con las larvas, pero me gustó mucho también saber que las están reproduciendo en cautiverio para repoblar los arroyos y lagunas. Es un langostino pero tiene mejor sabor que la langosta. En el carro, las piguas van acompañadas por las mojarras castarricas que tienen un sabor riquísimo y sus colores son muy bonitos, y las topotas, que se da mucho por allá por Paraíso, en los bajos, es familia del topen pero este es moreno, prieto.

-¿Los elementos se mueven?

-Cuando empecé a hacer carros, los carros y los barcos alegóricos eran estáticos, entonces la primera innovación que metimos fue que se movieran las figuras, lo logramos fue gracias a un hermano que sabe de herrería, cuestiones mecánicas y locomoción. Hoy, todos los carros incluyen este atractivo.

-¿Cuál es el presupuesto?

-La verdad es que me están dando todo el apoyo, y no pasan de 200 mil pesos, que se derrama –como dije-, en muchas familias.

-¿Qué significa para ti ser un realizador de carros alegóricos?

-Mucha satisfacción, pero lo que más me gusta es ir de anónimo, al lado del carro e ir escuchando las impresiones de la gente. Yo creo que la gente lo aprecia, no falta el amargado por ahí y quizá los especialistas que aún no lo aprecian como trabajo creativo o artístico, pero esto una tradición única en la república. La gente se divierte y nosotros nos esforzamos por demostrar que hay mucho talento.

-¿Hay competencia entre los realizadores?

-Nosotros nos llevamos muy bien y nos apoyamos unos con otros, porque la idea es que cada vez sea mejor nuestro desfile. Nos llevamos muy bien. Sabemos que el mejor reconocimiento no lo da un jurado sino la gente.

-¿Lo calificarías un arte efímero?

-Es un arte en el que cada vez la competencia es mayor, cada vez hay más trabajo, y una tradición que continuará gracias a las nuevas tradiciones. En Paraíso hay muchos jóvenes aprendiendo con nosotros.

-¿Aspiras al primer lugar?

-Siempre, uno más a la cuenta: a la fecha he ganado 26 primeros lugares, 18 para Paraíso y los otros repartidos en Centro, Teapa, Tacotalpa, Cárdenas, Comalcalco.

-Este año, tú y varios realizadores, están realizando dos y hasta tres carros.

-Yo estoy haciendo dos: Paraíso y Centro, pero no me gusta porque la presión es muy alta, sin embargo me convencieron los de Centro, y logramos hacer algo muy bonito aunque fue a marchas forzadas.

José Andrés Hoy Campos:

demostrar lo que podemos hacer en nuestro municipio

José Andrés Hoy Campos: demostrar lo que podemos hacer en nuestro municipio
José Andrés Hoy Campos (playera negra): demostrar lo que podemos hacer en nuestro municipio

El realizador del carro de Jonuta es José Andrés Hoy Campos, nació el año 1987 en Villahermosa pero por motivos familiares vivió en Jonuta desde pequeño. Salió a estudiar la licenciatura de Arquitectura, estudios que concluyó, y regresó a su terruño adoptivo para radicar definitivamente allá.

-¿Este es tu primera participación?

-Este es el primer año que hago un carro alegórico pero en la Feria llevo cuatro años realizando el decorado de los estand de feria de Jonuta, es totalmente diferente, pero eso me fue metiendo poco a poco en este trabajo.

-El carro alegórico de Jonuta está representado la charrería.

-Nuestro municipio está tratando de destacar en este momento una de actividades más importantes de nuestro pasado reciente: en este caso la charrería, actividad que hace poco que en diciembre de 2016 fue nombrada patrimonio de la humanidad. El tema fue propuesto por la presidenta municipal y yo diseñé el concepto cultural que nos identifica, no solo como tabasqueños, sino como mexicanos.

-Es un trabajo que destaca por el uso casi total de los elementos naturales y la evocación del trabajo manual.

-Así es. El carro alegórico de Jonuta está realizado principalmente en petate que fueron elaborados por una de las comunidades chontales del municipio, y en el decorado básicamente está hecho con la semilla de a Chigua para hablar figurativamente de los adornos típicos de los trajes charros. También estamos utilizando el henequén y el joloche.

-¿Cuántas personas participan contigo?

-Si incluimos a los guardias de seguridad, somos 20 personas en total. Tenemos carpinteros, eléctricos, herreros, artesanos y nuestros elementos de seguridad.

-¿Cuál es tu presupuesto?

-No tenemos un presupuesto base, se concursó el proyecto, hicimos un requerimiento y el ayuntamiento nos apoya con todo lo que solicitamos, casi todos los de nuestro equipo trabajan en distintas áreas municipales.

-¿Qué significa para ti realizar un carro alegórico?

-Participar en la Feria uno de los sueños de muchos de los tabasqueños, con el solo hecho de haber elaborado uno de sus carros me hace sentir parte de la tradición. Es algo muy significativo, por supuesto, hacer el carro del municipio donde crecí.

-¿Y claro, te gustaría ganar?

-Me gustaría pero también sabemos que hay mucha gente talentosa, y bueno, nosotros en este caso solo venimos a demostrar lo que podemos hacer allá en nuestro municipio.

-El desfile de carros alegóricos da la impresión de que se trata de un arte efímero, en su sentido artístico: su realización en general les toma 30 días pero solo se ve la tarde noche de un día.

-Así es. Nosotros llevamos un poquito menos, tres semanas, pero trabajamos diariamente desde las 8 de la mañana hasta medianoche, durmiendo cinco horas al día.

-¿Lo consideras un trabajo artístico?

-Yo creo que sí lo es, unos más otros menos, esa es la intención. Si observamos a la gente que nos visita desde la mañana, unos lo miran desde la temática, otros lo miran desde la laboriosidad, otros desde la cultura tradicional, y otros desde el asombro de las figuras como en el caso de los niños. Son muchos puntos de vista.

Este año nosotros fuimos los primeros en llegar aquí, a la zona cultural CICOM una semana antes del desfile, y pudimos observar que llega mucha gente para observar el proceso de creación, otros vienen el día del desfile por la mañana para adelantarse y ver los detalles que no se notarán en la noche, y la mayoría se concentrará en las avenidas un poco a la vivir la sorpresa.

Nosotros mismos, a lo largo de esta semana antes del desfile, estábamos a la espera de ver que era lo que traían los otros. En nuestro caso, es un equipo joven, con alguna experiencia pero joven y estábamos ansiosos por ver qué traía los maestros reconocidos como Jorge Enrique Garzón, que ya es un figurón de esta disciplina.

-¿Afectaría culturalmente si desapareciese el desfile de carros alegóricos?

-Claro, sería una pérdida irremediable para la cultura como pasó primero con los quioscos tradicionales y luego con la desaparición del desfile de barcos alegóricos.

-Es un trabajo que me recuerda las puestas en escenas y el trabajo multidisciplinario: artesanía, diseño, proyección a escala.

-Creo que no nos hemos puesto a analizar eso, la verdad. Actualmente muy pocos municipios destacan el trabajo tradicional y otros se van hacia los diseños modernos, la tendencia es la combinación de estos dos aspectos: la fusión. Tanto en el trabajo como en los conceptos, a mi parece que lo extraordinario sería la fusión entre cultura tradicional y moderna, entre el pasado y el presente y llevarlo hacia el futuro. Es, como dices, un trabajo creativo multidisciplinario y de hecho así está inscrito, como un trabajo en equipo. La maqueta la hice yo pero el diseño de los adornos es de otro compañero, así.

-¿Cuánto material utilizaste?

-En petate son alrededor de sesenta petates, cuarenta quilos de semillas para hacer más de seis mil flores. Como nos llovió, tuvimos que hacer muchas piezas de nuevo, pero la verdad es que nos fue bastante bien todo.

 

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.