Ha muerto Agenor González Valencia, el último gran humanista de la tradición clásica en Tabasco, y duele. Se ha ido con su poderosa voz de jurista conocedor de doctrinas y autores memorables; con su reciedumbre de poeta que dominó el verso en todas sus formas, y con todas labró diamantes que nos alumbrarán por siempre; se fue el orador portentoso que al menor amago ennoblecía la Palabra y los gestos para abrir una ventana a la belleza en la cotidianidad de los días; se fue el periodista sin mácula, que enalteció ese oficio de bordes peligrosos; se fue el catedrático universitario que por décadas en Puebla y Tabasco insufló su sabia y amor por la ciencia del derecho a miles de futuros abogados. Pero fundamentalmente se fue el Hombre, el último gran clásico de nuestra tradición, el último de esa genealogía que conforman Francisco J. Santamaría, Félix Fulgencio Palavicini, José María Pino Suárez, Joaquín Demetrio Casasús, Manuel Sánchez Mármol, Arcadio Zentella Priego y José Eduardo de Cárdenas y Romero. Se fue su cuerpo pero pervive su espíritu, su Verbo. Es para siempre una de las columnas más sólidas del parnaso tabasqueño… pero oh Dios, cómo duele que Agenor ya no esté con nosotros!!!