BULEVAR MANIGUA (texto con y sin personajes)

 

1             Ella te mira desde su escondite tras las persianas, cuando su cuñado con los tragos de rigor se debate con la guitarra para serenatear por el día de las madres a su suegra de entonces. Oye las interminables discusiones sobre arte, cultura, la realidad nacional con las que los pomos pasan de mano en mano ya hartos de vasos y buenos modales. Ella desde el bunker de sus doce años permanece en espera de tus palabras porque, te lo dijo siete años después, iba perfilando lo que sería al crecer. Han pasado otros siete años y sigues recordando lo que te dijo hoy que la tienes a tu lado, en ese rincón de tu cama que también es de tu alma para no encontrarte solo y te parece mentira que no lo estés y te levantas y vas al baño para la primera ablución, recapacitas en la palabra que aunque no venga bien al caso y aunque sí, la usas cada mañana para resumir tu primera visita al Niagara Falls Water Closed y te reconvienes, como siempre, tanto ruido barroco para cagar aguado light. Ella te mira desde sus quince años cuando te despides porque te cambian de taller. Son los últimos brindis en la capital mundial del calzado y la divina salsa para empujarte los pasitos rechéveres de tu afrocaribeñidad nunca desmentida. Ella te dice que si bailas con ella este danzón, pero me enseñas, y qué remedio le dices. Pero nos vamos de cachetito para no perderme te aclara. Ese danzón fue un bolerazo que hizo historia porque te dejó el recuerdo de sus florecientes senos que entre ingenuos y osados se te restregaban y tú sin saber qué nota pana, qué onda con esta chavita que se te da y no pero quién sabe si sólo es su estilo de bailar un danzón abolerado para que su mami no se dé cuenta que lleva tiempo con la danza contemporánea y sus pininos teatrales. Ella buscaba en las carteleras de la Casa de la Cultura los anuncios de las presentaciones de libros, conferencias, lectura por si tu nombre aparecía. Y un día apareció y estuvo con su novio. Después de la lectura te acompañan a cenar y te cuentan de su grupo, del trabajo que están haciendo con títeres, marionetas y narrativa oral para reelaborar mitos prehispánicos y continuarse hasta la época actual. Ella insiste en que si se dedicó al teatro fue por esas charlas en la casa de su mamá cuando ibas con su excuñado a tomarse los primeros tragos de la noche antes de salir hacia los que llamas centros culturales nocturnos. Ella escucha todo lo que discuten mientras su futuro aún sin horizonte moldea su vocación. Con nerviosismo la liberas de la sábana y ves su cuerpo, trigo quemado al sol, qué cursi pero es cierto y le besas los hombros reteniendo sus senos con la punta de tus dedos mientras bajas por su espalda y te instalas en el nacimiento de sus nalgas y una de tus manos baja hacia el ombligo, juegas un rato y bajas hasta la creciente humedad de su vagina que se abre al tiempo que se despereza y te pide que subas para el beso primero y subes sin soltar su pecho ni su sexo y te acomodas entre sus piernas en un leve y apremiante serrucho para sostener el beso largo con esgrima de lenguas, tu pecho sobre su espalda, se ladean para que las caricias sean más intensas. Ella se aferra a tu erección y baja y sube sus manos colocándose en posición de ataque reculativo que es como más le gusta, te lo ha dicho y te lo sugiere y tú entiendes el reclamo y haces como que no pero la sorprendes y entras y sales y empieza a gemir como si llorara, le preguntas si está llorando, te dice que no que está gozando y tú con la confianza de no lacerarla entras de lleno y como en las viejas rumbas de siempre te sacudes para agonizar mientras tus dedos son apretados por su coño y ella respinga el culo para que la penetres más y la levantas sin salirte para permanecer  arrodillados y le besas la nuca y mordisqueas su oreja derecha y pasas a la izquierda y te busca para otro beso de lengua y tu manos se reparten pezones y labios vaginales. Ella te mira. Te cuenta otra vez por qué se dedicó al teatro, lo mucho que le ayudaste al hablar con su mamá para decirle que no obstaculice sus inicios y cómo se hizo del grupo porque les cose el vestuario y les prepara todo lo que necesitan para la escenografía con su habilidad artesanal. Te pregunta si volverán a verse, que cuando vayas a México le hables para empezar otra vez esta breve historia de encuentros y desencuentros. Que sí le dices, que ojalá pudieran ser más seguidos estos acuestes y recuestes. Ella se ríe. Te besa. Debo irme. Se va. Ella te mira desde las persianas de la puerta que separan la sala del comedor, desde su escondite de doce años. Ella te mira y recuerdas por qué hace teatro. Afuera Bronco norteñiza el tango yo la quise muchachos y la quiero/ y jamás yo la podré olvidar.

El escote de lo oculto, Antología del relato prohibido, 2006. Compendio narrativo preparado por Marcelo Báez Meza
El escote de lo oculto, Antología del relato prohibido, 2006. Compendio narrativo preparado por Marcelo Báez Meza

2             Te quedas con tus discos, con tus libros, con tu empecinada soledad más soledad ahora que se ha ido, que la volverás a ver después de sus exámenes, que te ha dejado el aroma de su cuerpo, el olor de su sexo, la tibieza de sus senos, la ternura de sus muslos, el aliento de su boca. La volverás a ver y te alegra el hecho de que todavía no estará podrida, dices y repites porque sabes que eso le agrada y acepta que se lo digas así cuando te refieres a su regla. Y la podrás besar y acariciar y lamer y chupar y, literalmente, mamar cuando llegue y se acueste hacia el lado izquierdo de tu cama y se ponga encima tuyo y te pregunte si te gusta al moverse con la reciedumbre de su juventud que te pertenece, y se sienta y se agita y te sacude el alma que, presumes, dices tenerla en el pene y te sientas y sin querer por un fugaz momento recuerdas la escena de El último tango, vuelves a concentrarte mientras tus dedos exploran el clavel de su ano y te reprochas lo cursi de la imagen pero no importa porque recorres sus caderas, tus manos se detienen en los talones y vuelves a recostarte y haces que ella se acueste reteniendo sus manos entre tus manos y entrecortadamente le dices que así querías verla que así querías tenerla que así deseabas poseerla. Vuelve a sentarse con un sacudimiento que anuncia su orgasmo en el preciso instante que los angelitos se te vienen y eyaculas al mismo tiempo sin que deje de maravillarte la coordinación, el adecuado sumirse en esa muerte enana que no los desampara cada vez que te unes a ella y empiezas por besarle la nuca, sus tetas, su ombligo, su vagina, sus rodillas. Ella se recupera y enciende un tabaquín. La miras preferir dejar el cigarro y acurrucarse sobre tu hombro y quedarse dormida como si la vida no fuese más que, te autocitas, el simple hecho de un hombre y una mujer en procura de un catre.

3             un corazón desierto una mitad de lágrima una mitad de llanto el escombro de un desvencijado mar que aturde con sus cuentos de piratas la señal hacia un orden desconocido por la muerte te saludo te nombro mi dulce bien amada mi bien mi oculto tesoro la enajenación de mis soledades claroscuro de una alborada ansiosa de besos al filo de la lluvia entre las sábanas con aroma de laureles y tamarindos y sollozos de placer cuando la madrugada asiste al último desplante ah el desplante de la piel sueño de amor al arribo de cobijas de sol para la novia para la virgen para la viuda para la amante atrás los vientos que soplan su mensaje Si alguien te pregunta a la altura de los adioses cuando el ruido de la calle es un eco de saltimbanquis y las ilusionistas del amor juegan su apuesta contra el sueño. Si alguien busca entre la tristeza de tus recuerdos bajo el rumor de piel que brota de tu sombra. Si alguien se conduele de morir sin cerrojos de bondad, debes inaugurar nuevas melancolías para la noche mientras tus amigas aligeran sus ropas y te esperan con la emoción reflejada en sus rostros y te conducen hacia las intimidades de una cama que ya no visitas contradictorio y esta sed de dolor y el audaz trino de canoros canarios dónde se habrá visto tanta fortaleza tanto ritmo en los cansinos pasos de anodinos anadones bajo el vientre de la bienaventuranza te digo que no es posible que se olviden de todas sus promesas si lo firmaron frente a la raza y las etnias de qué horizonte metafórico surgió entre penumbras de inexplicable dulzura Alguien que a lo mejor o peor eres tú se abandona a las utopías de los tálamos sospechosos de fidelidad que tanto te atraen y alzas las manos para rendirte al fuego de una vagina que enmiela tu lengua, que desborda los océanos, que naufraga al ser penetrada por ese horizonte que alguien, a lo mejor o a lo peor eres tú, dirige contra sus labios en celo. Todo lo apuestas al filo de esa tierra que invita a los besos negros de la felicidad porque tus manos no llegan a mis manos porque tu boca no besa mi boca porque tus muslos no se abren debo supongo solicitar por oficio esa piedad de tu cuerpo para las urgencia de mi carne si nadie ha pedido permiso para cruzar los límites del desamor tal vez en otros tiempos fue costumbre verter rugientes vinos entre lisonjas por la castidad de la doncella que enalteció la santidad familiar que desde muy niña hizo entrever que su calvario son las tentaciones porque jamás llegarían a su alma milagrosa y en eso gol gol golll golllll golgolllgollll El ritmo acelerado mientras la ducha resiste el nuevo desenlace. Apoyas sus manos en el lavabo, acomodas tu cuerpo, ella busca acodarse para que la descubras envuelta en sus aromas de almeja. La obviedad de alguien que con certeza eres tú es el secreto que la seduce, que la registra en el temblor de sus labios verticales. Rozas su cuello. Se desliza hacia el pene para lamerte con una descarga sabia en fugas y regresos. La nombras. La deletreas. Dices su nombre ¡ay de mí! para que no vuelva a irse, para que te acompañe como hoy y no te desampare. Le rezas, oracionas su presencia para que no regrese a la doméstica paz del hogar de sus hijos, de su dominante esposo la patria está de fiesta la patria triunfa la patria es inmortal la patria es trina y catrina chupa mandarina con su madrina en la cantina la patria hijos míos no es un hospital donde yacen los despojos de la historia en términos corteses si alguien imaginó a su héroe favorito igual a las estatuas nunca supo la verdad esa verdad que revelaremos cuando el disfraz caiga de los rostros y podamos vernos sin temor ni rubor a los ojos pero esto ya es sermón de la montaña y la única importante es la chiapaneca que si a eso vamos ni el Olimpo se le compara digo por decir

 

4             Te ves las manos rojas por los aplausos. A pesar del suéter el frío hace de las suyas y te obliga a recordarla, con su fuente de amor enfebrecida. Ahuyentas los recuerdos, piensas que a esta hora ya se habrá levantado, ya desayunó y se prepara para sus obligaciones de maestra, a lo mejor va con psicólogo de la escuela por el problema de la poca motivación de sus alumnos. Piensas en sus muslos, en sus labios ocultos por los vellos, pendejos son su verdadero nombre te reclamas. Aplaudes otra vez pero no te animas a gritar las porras que los jefes de sección repartieron, no tienes forma de evadir los gritos. Te lo advirtieron, todos con entusiasmo a gritar y aplaudir, todos, recibes la torta y el refresco de bote ya tibio. Pierdes el hilo de las porras porque te ves en el trance de encontrar una mejor ubicación para sus piernas cuando entras y sales al vaivén de la hamaca, ella gime se queja con el primer orgasmo que se repite agradable, gozosamente. Te despabilas justo en el momento cuando arrecian los aplausos, debes correr para que no te pisoteen los enfervorizados burócratas, los satisfechos militantes, los vitoreadores de oficio. Corres con tu banderita tricolor tratado de insinuar en tu sonrisa la inmensa satisfacción por haber nacido en este sitio y tener los gobernantes que ahora tienes. Estás en la esquina, ves a tus compañeros de trabajo, casi no los reconoces con sus playeras y gorritas de ocasión, con sus tenis y pantalones de mezclilla y las chamarras al brazo porque debe verse la consigna pintada en las camisetas zaga aunque el frío muerda como rata famélica. Te ríes porque el símil es truculento, además es cierto y es también una forma de burlarte de lo que está pasando en el palacio municipal, el líder estatal promete incrementar el bienestar, la democracia y la soberanía. La gente salta y grita para que se note su fervor institucional, para que los del sindicato vean cómo se emocionan hasta el colapso histérico que ronda por el ridículo, con los siquitibún a la bim bum bam. Vuelves a pensar en ella, la sientes inaugurando las caricias de tu sexo con su boca, sientes ese extraño cosquilleo alrededor de tu pene, sientes sus labios, la lengua que te recorre y te pone en trance de agonía. De nuevo las porras te regresan a la realidad. Caminas hacia el camión que los regresará al trabajo. Convencen al delegado que pase lista en el camión. Piensas otra vez en ella, su espalda pegada a tu pecho, te acomodas y empieza el movimiento de sus caderas, te dice que no importa que no tengas crema, que sigas, que te adentres en su cuerpo. Y otra vez la realidad. Abres el paraguas porque la llovizna reincide con fuerza. Buscas un sitio, un café, un teléfono. Marcas el número y tarda en contestar. Me estaba bañando, voy para allá quiero enjabonarte, supones que se ríe porque te dice que no tardes. El sitio de taxis casi es una concentración política. Vas a la parada. La rutina para trepar a las combis. Logras subirte y al pagar rozas la mano de la frondosa señora que descuidadamente enseña sus piernas y recuerdas la primera vez que a punta de caricias lograste poseerla. Bajas y la lluvia se desata. El paraguas apenas si te resguarda. Subes por las escaleras y tocas a la puerta. Te abre. La ves y sientes que nunca debiste dejarla todo este tiempo. Le quitas la toalla y te desnudas, sabes que la vida se justifica cuando le besas el coño, cuando te besa y los orgasmos humedecen la almohada que pusiste bajo sus nalgas. Lo único real es ese cuerpo de mujer cuando te vas y te vas y te vas sin nada que te retenga, cuando se vienen y se vienen porque nada los retiene, sólo los cuerpos encimados en el hallazgo de la única felicidad posible sobre la tierra. Te dejas una y otra y otra vez mientras la tarde se agobia de lluvia, mientras la tarde se orilla hacia la noche.

5             Cualquiera podrá darse cuenta que los raptos de inspiración me atosigan. Es una clara y nefasta influencia de mi nombre, perdón, de mi homónimo. Iba –yo– feliz por los andurriales de un capítulo aún sin perpetrar cuando de pronto me veo en medio de una cocina atisbando los rumores de un desayuno en proceso de concluir su sacra misión de poner paz en los dominios del alma material (¿?). Estaba pues sin ánimo de ofender. De pronto, un llamado urgente me saca de la cocina y me vuelca sobre el más cercano baño donde una dama de angelicales y terrestres carnes de mujer carnes amables me espera con la falda alzada, chones al suelo y sostenes en desbandada. Acaricié su espalda y adormecí mis dedos en la selva rizada de su pubis bajando, manos y lengua hacia el enclave de su sonrisa que se abría al unísono reclamo de mis besos. Ah, tembló la tempestad en mis adentros, nos ubicamos cual pudimos, sentados con premura inauguramos un filo de taza excusando decir lo que sobrevino entre oles y fanfarrias que un disco atornillaba con panderetas y castañuelas andaluzas. Introduje  lo que me enseñaron otroras damas en otroras ocasiones a introducir en sus más íntimas intimidades y el vuelo de la tarde se hizo plegaria de más y más por tu vida cabróncillo, se hizo reguero de sudores escamoteados con acuosos lamentos vaginales y virtuosos, por dios, virtuosos pujos de anos complacientes, mientras la plebe extraña gritaba con denuedo ¡otro, otro! y no faltó quien pidió ¡uno en mi nombre! Y a fe que todos fueron satisfechos con la más noble complacencia que pudimos ofertar. Al salir de ese improvisado santuario del amor un entusiasta del voyeurismo nos sorprendió tomando fotos que buscaban testimoniar el placer de vivir que nuestros rostros enrostraban a quienes con su aplauso estimularon la evanescencia de nuestra libido.

6          Y si declaro de una vez por todas que me gustaría mucho hacer un breve recuento de cuanta buena nalga cruza a la vera de mi camino con ese movimiento de lleva mi negro que no alcanzan las manos para guardar tanto tesoro. Sobre todo ahora que aún no me repongo de este bendito ciclón. Y es que usté sabe mi negra consentida, nunca en la isla se ha visto cosa semejante y yo ya tengo añísimo de vida. Pero mire compadre qué culo de chamaca, si hasta parece que le va pidiendo la revancha al mundo, quién se pudiera comer esa papayita, pero no pellizque mi negra, qué va a decir el compadre con esos arrebatos que le entran y ya no estamos en edad de armar el zafacoco como hasta no hace mucho que tres al hilo no eran nada, pero le digo que no pellizque, qué tiene que le cuente a los amigos lo bien que la pasamos y ahora con dos que tres a la semana porque la edad, mi negra, porque la edad, compadre es una vaina muy seria y no como la muerte, anchetosa,  irresponsable, ya ni se puede confiar en nadie. Y le decía que me gustaría mucho hacer recuento de toda cuanta buena nalga hubo en estos patios, porque de haber las hubo a madres y uno debía taponarse la bragueta para no hacer desfiguros con tanto buen trasero que pasaba por delante y es que a esa edad al primer vistazo y ya uno andaba como toro en celo. Váyase al carajo la vida que lo comido, bebido y cogido no me lo quita naide, verdá mi negra, arrejúntese nomá que para eso nos unimos sin necesidad de putos matrimonios. Y vea usted compadre, cuántos años tiene aquí, pues sí ya es un añal y no me va a dejá mentí pero este puto ciclón no tiene madre, nombre de mujer debía tené el puto ventarrón que nos vino a cagá la suerte. Fue cosa de no creé. Etábamo en lo mejor del sueñito cuando esta negra de mi alma se despierta y que me dice que la creciente se está metiendo. Ah puta, dije, no joda. Y no jodimo. Y que la mar se mete como puta en casa propia y suave, callada, la putísima, sin un solo grito sólo ese silbo que no me deja, que no me va a abandoná ya nunca, y que se sube la maldita agua, coño que me parió, le digo, en menos de ventosearse un burro ya el agua estaba en la rodilla. Negra del carajo, le dije, ya nos llevó la puta madre. Y nos tuvimo que salí salvando un poco de ropa, la poca lana de lo trabajado en el tallé y listo, a la madre la tele, la cocinita, el refri y toda la putería que hemo ido comprando año tras año. Y ponle candado negra para que po lo meno les cueste llevarse lo que dejamo. Y a buscá un lugar pa protegernos porque el hijueputa viento soplaba como si le estuviera mamando el picho al diablo. Y no juimo con el atadito de ropa y el frío en la punta de la rabadilla con el agua ya en la cintura. Y que pasan unos vecinos de la manzana de los almendros en su camioneta, que súbanse canijos o se creen deportistas, y nos trepamos, compadrito, y juimo a da a la escuelita de la entrada de la colonia, cómo mierda se llama, y la gente que llega y llega y el cabrón del velador que no se metan, tu madre jijo de tu rechingada, y llega y llega la gente con los chamacos en pelotas y meados y una señora panzonota vomita que vomita y un poco ma y hasta la cría la saca por el hocico. Por eso le digo compadre, ahora que ya etamo aquí, hagamo un recuento de las mejores nalgas que hemos visto desde que el mundo es mundo, o sea, desde que llegamos a esta isla cabrona que así nos paga. Negra, negrita consentida, llégale al congal de don Martín y que te mande unas caguamas que no le hace la puta ley seca, afigúrese compadre que estos güeyes vienen a prohibí chupá si es lo único que nos queda porque ni agua ni luz ni madre que nos sirva nos quedó, sólo este guacal con su techito de mierda y el piso de lodo. Que la libramos, que no nos pasó lo que a don Chucho, el sastre prestamista de la iglesia de los testículos de no sé quién, que cuando sacaba los empeños le cayó encima una lámina de zinc que se voló de la bloquera y que te pica el pavo, en el mero pescuezo le cae y le parte la madre, bueno, esa madre que le dicen guyular o cómo coño sea. y ahí se quedó el güey, con las prendas y la gente que empieza a buscar sus cosas en lugar de llevarse lo que sea, pero es que le gente es bien bien o es que uno es mal pensao y lo que la gente es es bien honrá y ahí estaban busca y busca lo que empeñaron pero tuvieron que irse porque llegaron los pitufos, digo, los policías pues y fueron ellos, sí, ellos fueron los que se robaron todo. Por suerte que no nos pasó nada. Ay, negrita que bueno que ya llegaste porque se me estaba secando el gaznate de tanto platicarle al compadre cómo nos fue el día del ciclón. Le digo, viejo, hagamo el recuento de cuanta buena nalga hubo en esta isla, porque podrán faltarnos muchas cosas, pero un culito rico de mujer cariñosa abunda como mataemango, diosito santo sí sólo por eso deberías existir, pa que sepas lo que es una nalguita suave y lisa que va a probar longaniza, y es que, dígame compadre, si no hubieran la mujere ¿pa qué puta madre viviríamo?

Nota:

Los fragmentos de BULEVAR MANIGUA (texto con y sin personajes) que reproducimos en puntodereunion.com.mx fueron publicado por primera vez en 2006 en la compilación narrativa “El escote de lo oculto, Antología del relato prohibido”, preparada por el poeta y editor ecuatoriano Marcelo Báez Meza. Báez Meza está esperando autorización de las herederas para publicar dicha novela inédita, y autorizó la reproducción de los fragmentos que recibió directamente del escritor Fernando Nieto Cadena.

Compartir
Artículo anteriorLo que nos queda para entender/te la ausencia
Artículo siguienteLeonardo Padura, una voraz memoria sin futuro
Fernando Nieto Cadena, poeta, ensayista y crítico cultural ecuatoriano. Nació el 29 de marzo de 1947 en Quito, Ecuador, aunque él siempre señaló en sus libros como lugar de nacimiento, Guayaquil, incluso sus amigos originarios de aquel país lo señalan como un "Guayaco" de sepa. En Ecuador, estudió literatura, fue profesor de literatura e inició su trayectoria literaria con el grupo Sicoseo donde comparte créditos con autores como Fernando Itúrburu. En 1978 llega a México y se suma al grupo Infrarrealista en el que participan autores como el poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro y el novelista chileno Roberto Bolaños, por otro lado, se integra al sistema de talleres literarios nacionales promovidos por el INBA. En 1979 arriba a Tabasco, lugar donde ha radicó desde mediados de los años 80 hasta su muerte, por lo que muchos le adjudicaron, entre bromas y veras, la ciudadanía "Ecuamex". Publicó los libros de poesía Tanteos de ciego al mediodía (Guayaquil, 1971), A la muerte a la muerte a la muerte (Casa de la Cultura Ecuatoriana-Núcleo del Guayas, Guayaquil, 1973), De buenas a primeras (Guayaquil, 1976). En México inicia una nueva etapa con su libro Somos asunto de muchísimas personas (Joan Boldó i Climent, 1985), Mirar de lejos la nostalgia (Aguiluchos, Villahermosa, 1997) De última hora (Imaginaria, Guayaquil, 2003), Duro con ella. Antología (1971/1996). 25 años de fatigosa poesía (UJAT, Poetas de Hoy, 2003), A todo nada (IVEC, 2013), y, Sobresaturaciones (UJAT, 2014). Falleció de un paro cardiaco entre el lunes 6 de marzo de 2017 en Villahermosa, ciudad del sureste de mexicano, unos días antes de cumplir 70 años. Sus restos mortales fueron encontrados hasta el miércoles 8, incinerados el sábado 18, su cenizas fueron recibidas por sus alumnos.