Doña Delfina ha hecho de su tierra y tradición una terquedad de barro que sus hijos y nietos retoman y prolongan hacia el futuro, con un afán que de seguro será distinto a su tiempo pero tendrá la misma esencia. Allá, en Tamulté de las Sabanas, la antigua tierra del dios yokota’nob Kantepec, ella heredó y luego aprendió con esfuerzo un oficio antiguo donde el barro modelado a mano y cocido en horno a cielo abierto se convertían en objetos útiles como el comal o la olla. Un oficio que, a veces, cuando las obligaciones quedaban satisfechas, en las manos de los ancianos y los niños la tierra se convertía en pequeños objetos más cercano al juego que reflejaban la flora, la fauna y los mitos fecundados en el bosque.

Una guardiana de tradición apegada a las cosas hechas a mano

La señora Delfina Hernández García, productora en barro, foto de Juan de Jesús López
La señora Delfina Hernández García, productora en barro, foto de Juan de Jesús López

La mujer de ascendencia indígena sigue produciendo los objetos que ha modelado durante muchos años de su vida: del mismo modo y con las mismas formas. La anciana, fuerte y animosa, se rehúsa a usar los moldes de yeso que otros artesanos de la región aprovechan para hacer reproducciones más cercanas a los estándares industriales: bien delineados y homogéneos. Ella prefiere el accidente que da la manualidad, el rastro que deja la mano, los colores que impone el fuego de concha de coco que hace que los objetos aparentemente iguales, tengan algo único.

“Mi mamá se llama Delfina Hernández García y empezó a modelar en barro ya grande, a los veinte años, los antigüitos no le enseñaron porque la tradición decía que no se podía enseñar ciertas cosas a los niños. Pero siempre soñó hacer cosas con barro y fue con una vecina que le enseñó a hacer comales, a juntar las porciones de barro y arena, el tiempo de fuego y la forma de hornear”, es lo que platica su hijo Fredy Salvador Hernández Hernández.

La artesana es considerada como una de los guardianes de tradición tabasqueña. No saber leer ni escribir y todavía tiene dificultades para hablar el español.

En Tamulté de las Sabanas donde los artesanos juegan y crean con sus leyendas, ella, su hijo, su nuera y sus nietos, han convertido la sala de su casa en una Peti’ka’b, una casa de las ollas de barro, donde muestran y venden sus trabajos a los turistas que visitan el sureste de México. La casa-galería recién se inauguró en octubre del año 2016.

Una familia entre la tradición y la creación en barro

Casa-galería Peti’ka’b, foto de Juan de Jesús López
Casa-galería Peti’ka’b, foto de Juan de Jesús López

Después de los buenos días, se invita a pasar a los visitantes a la sala de la casa que es al mismo tiempo una galería de arte de barro. Se encienden las luces de colores transforman el ambiente, y se deja fluir una música de acentos precolombinos que fueron realizadas precisamente con los tambores de barro.

La señora de la casa de las ollas de barro presenta sus comales, sus tinajas e incenciarios, mientras que su hijo, más cercano a la producción creativa, propone tambores de barro, mascarones y objetos decorativos como los pejelagartos y las tortugas. Católica de toda la vida, la mujer yokotan’ob dedica el domingo a la iglesia en compañía de sus hijas y nietos. La casa se queda entonces a cargo de su hijo quien atiende a las personas que visitan la casa Peti’ka’b.

Es difícil de vivir de esto, confiesa Salvador Hernández, padre de familia joven, mesero de profesión que también le entra a la albañilería y otros oficios nobles y rudos para completar los gastos de la familia que tiene entre sus miembros un universitario, dos preparatorianos y uno en primaria.

“Es difícil pero hacemos esto -se refiere a la casa-galería- porque amamos a mi madre y porque ella se niega a dejar de lado su tradición.

“Al principio yo no le hacía caso, la dejaba que ella hiciera sus cosas, pero luego, vimos que le costaba traer el barro del pantano, que le costaba meter la leña y acomodar las ollas, así que, primero me involucré yo, luego mi esposa, y ahora mi hijo que estudia la licenciatura de Economía y hará los proyectos para encontrar recursos”.

A poca gente le gusta el modelado de barro

La tradición y la renovación de la cultura del barro, foto de Juan de Jesús López
La tradición y la renovación de la cultura del barro, foto de Juan de Jesús López

La casa de las ollas de barro recibe a los visitantes con murales coloridos al frente y un sencillo espectáculo de luz y sonido al interior. Forma parte de un proyecto etno-turístico que varios artesanos y creadores promueven en el pueblo –a unos 30 minutos de Villahermosa, la capital de Tabasco, ciudad mexicana a orillas del río Grijalva- con el deseo de crear una ruta económica que permite a los artesanos vender sus trabajos.

“Lo planeamos cuatro años pero lo logramos hasta el año pasado, con el esfuerzo de la familia, la solidaridad de amigos de la comunidad y el apoyo del gobierno que  le da una beca a mi madre para que enseñe a niños y personas mayores para que hagan sus propios utensilios”.

-¿No enseñan a jóvenes?

-Se distraen mucho y casi no les interesa.

En general a poca gente le gusta el modelado de barro y para que asistan a los talleres, la alfarera y su hijo, les regalan el barro, les cuecen las piezas y se las llevan. Eso no lo podríamos hacer sin el apoyo de las instituciones que le dan un apoyo a mi madre, reconoce el hijo de doña Delfina.

Los precios de los trabajo que se ofrecen son accesibles y se pueden comprar objetos que tiene utilidad práctica en la vida diaria de una familia, pero que también se puede convertir en objetos decorativos en una sala, incluso, objetos coleccionables de gran valor visual en la pared de una casa si se les ilumina con delicadez y creatividad como se demuestra en la casa-galería.

-¿Tienen horario de atención?

-De ocho de la mañana a seis de la tarde.

Las dificultades económicas la hicieron atesorar sus tradición

Las ollas y tinajas tradicionales, foto de Juan de Jesús López
Las ollas y tinajas tradicionales, foto de Juan de Jesús López

A doña Delfina Hernández García la casaron muy joven: a los 16 años. Procreó siete hijos y aunque tiene un acta de nacimiento colectivo donde dice que tiene 64 años, su hijo dice que bajita la mano tiene más de ochenta, si se toman en cuenta las cuatro generaciones que le siguen.

Las dificultades hicieron que la joven madre, en ese entonces, decidiera hacer lo que siempre había deseado: hacer comales, para la tortilla y para tostar cacao.

Empezó con unos pequeños, probando, y por último pero con más práctica decidió hacer ollas más grandes, hasta que logro hacer las que tienen el tamaño de las tinajas, luego los “tenamaste” que son los soportes sobre los que se pone comal, los bok’onip que son las cazuelas grandes para batir el pozol, las cajetas y los platones para servir la comida.

-¿Y salía a vender?

-No, siempre ha vendido aquí en su casa de siempre, pero se vendía poco.

-¿Y no usa moldes?

-No, ella sigue modelando a mano sus trabajos.

Escasea el barro y sus usos se transforman

Tambores de barro, foto de Juan de Jesús López
Tambores de barro, foto de Juan de Jesús López

El barro es la materia prima del trabajo que se hace en la casa Peti’ka’b y es escaso. Para conseguirlo se escarba en los popales, en los pantanos y en las lomas de esta Villa que pertenece a Centro, municipio del estado mexicano Tabasco. Los propietarios de los terrenos venden el barro en 30 pesos el kilo y los artesanos tienen que ser muy cuidadoso con los huecos porque si abren uno en el  terreno donde pasta el ganado, y se lastima, también se lo cobran.

La cultura del barro enfrenta varios retos. Por un lado ha sido desplazada por el uso del plástico desechable, que obliga a la cultura del barro a virar hacia la producción de objetos creativos y decorativos, y por otro lado, la escases de barro.

El barro es cada vez es más caro y cada vez más difícil de encontrarlo con pureza: Por eso, mezclamos el barro con arena. Hace muchos años, el barro se recolectaba sin problema en los campos, incluso lo regalaban “porque era tierra”. Tamulté fue un bosque legendario donde se cobijó el dios Kantepec, habitaba el cerro más alto hasta donde se le llevaban ofrendas y se le ofrecían rezos de gratitud por la lluvia y la cosecha.

-¿Y qué pasó?

-Se murió el bosque, creció el pueblo.

La cultura del barro no da para vivir

La familia produce todo el trabajo y lo exhibe en casa, fotos de Juan de Jesús López
La familia produce todo el trabajo y lo exhibe en casa, fotos de Juan de Jesús López

La familia hace todo el trabajo en casa, de hecho, la quema se realiza en el pequeño patio de la casa con un horno tradicional a la intemperie, con leña y concha de cocos. Y la leña y la concha de cocos también son caros. Solo una carga, una camioneta cargada de concha de coco, cuesta u pesos. Este es otro de los problemas que preocupa a la familia.

“Por eso no nos dedicábamos únicamente a esto,  nos moriríamos de hambre, y completamos con la venta de pollo en la casa. Yo me dedico a la mesereada, y mi esposa, a cuidar niños entre los días semanas, para poder mantener una familia de siete personas”

En el aire resuenan las campanadas de la iglesia, el domingo transcurre con lentitud en este pueblo que, contrario a lo que se pudiera creer es uno de los más aguerridos y de compromisos políticos firmes.

A las condiciones económicas adversas, se sumó la inexorable condición humana: el envejecimiento de la artesana. Por eso, primero se sumó al modelado el hijo, que creció y aprendió viendo a su madre, y luego su esposa. Fue lo mejor: A mi mamá le toma una hora modelar una pieza, a mí 25 minutos.

Tradición y creación en la casa de las ollas de  barro: Peti’ka’b

Mascarones hechos con barro, fuego y leyenda, foto de Juan de Jesús López
Mascarones hechos con barro, fuego y leyenda, foto de Juan de Jesús López

La elaboración de una pieza en barro toma varios días. El proceso inicia mucho antes de tener en la mesa la bola oscura: Cuando vamos a buscar el barro salimos de la casa a las seis de la mañana y regresamos después del mediodía, platica el artesano.

-¿Y cómo saben cuál es el barro bueno para el modelado?

-Hay tres tipos de barro, el barro salado que no sirve porque se fragmenta cuando se cuece, y el simple que es el bueno. Son del mismo color pero se diferencian en el sabor, y solo se sabe por el sabor. También está el barro duro que tampoco sirve, a este los puedes remojar cinco días y no se ablanda.

Una vez reblandecido y con la mezcla apropiada, pasa por el modelado que es relativamente rápido. A esta etapa le sigue el secado que toma más de cuatro días, y por último, la quema que se realiza durante cuarenta minutos -mas o menos- en un horno a cielo abierto, una técnica que consume mucha leña porque el calor se dispersa.

-¿Qué piezas ofrecen?

-Las tradicionales como las jícaras y el bush que se hacen con el fruto del jícaro, otras como las  bateas y cayucos pequeños con cedro, y los cosas que hacemos con barro como las ollas, cajetes, tenamastes, cacaste, el coconik y el comal.

-También veo objetos que son más cercanos a la creación que a la tradición.

-Los objetos tradicionales los elabora mi Ma –nosotros la ayudamos respetando su deseo de no usar moldes-, las demás cosas son creaciones mías como el tambor de barro inspirado en ideas prehispánicas y las máscaras que reproducen el estilo de las máscaras de la Danza del Caballito y creaciones personales.

Familia unida por la cultura del barro, foto de Juan de Jesús López
Familia unida por la cultura del barro, foto de Juan de Jesús López
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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.