Un oficio que se hace con gubias, maderas y leyendas

Timoteo Salvador, artesano y creador de la madera
Timoteo Salvador, artesano y creador de la madera, foto de Juan de Jesús López

Se le puede describir como el hombre de las máscaras porque convierte los mitos y leyendas de su cultura, crecida en el territorio del dios Kantepec, en máscaras totémicas que tienen el color natural y la hebra del palo: mango, macuilí, cedro.

Timoteo Salvador es un profesor de telesecundaria que se inició en las artes visuales desde muy joven. Aprendió los rudimentos de la pintura y luego cursó varios talleres de trabajo con madera, pero sería hasta a los cincuenta años cuando decidió dedicarse de lleno a la creación de máscaras, que está a medio camino de la creación artesanal y el arte objeto.

Hoy es uno de los creadores en madera estimados de Tamulté de las Sabanas, por su oficio y porque lo comparte con niños y jóvenes de su comunidad que está en pleno trópico húmedo mexicano, tierra de hombres y mujeres yokota’nob a los que antes se les conoció como chontales.

El suyo no es un oficio nuevo o inventado para cumplir con algún programa asistencial de gobierno. En la iglesia de esa comunidad urbanizada y muy poblada, se resguardan en un nicho especial, las máscaras que se utilizan durante la Danza del caballito que de acuerdo con las estimaciones de los cronistas se elaboraron hace más de doscientos años.

Todo empezó en el parque donde se realizaba la feria

El trabajo de madera era una vocación un poco oculta.
El trabajo de madera era una vocación un poco oculta, foto de Juan de Jesús López

 

“Desde la infancia me gustó lo que es pintar más que nada, y hacer cosas con madera. Lo tenía como pasatiempo pero con los años fue creciendo el deseo de prepararme en los talleres y escuelas para dedicarme algún día al arte.

“Al principio era una vocación un poco oculta. Sólo hacía cosas para mí y la familia que sabía lo que venía haciendo. Ya fue grande cuando decidí que quería estudiar arte, lo empecé desde los quince años”.

El tallador en madera confirmaría su vocación creativa y artesanal cuando llegó de paseo al parque Tomás Garrido, ubicado en Villahermosa, la ciudad capital del Tabasco. Ahí vio lo que hacían otros jóvenes con lienzos y maderas. Este parque como se sabe, fue durante muchos años el referente del estado en la región pues ahí se realizaba la máxima fiesta de los tabasqueños.

“En ese entonces iba y pagaba la cuota del taller y asistía hasta que se acababa la cuota. Y volvía cuando tenía dinero para pagar otra vez. Ahí recibí mis primeras nociones de arte”.

-¿Y cómo te inicias en el tallado de madera?

-Cuando conocí al maestro Leandro Soto.

El primer gran maestro

En 1988 llea a Tabasco el maestro Leandro Soto, que cambio su vida.
En 1988 llega a Tabasco el maestro Leandro Soto, que cambio su vida, foto de Juan de Jesús López

“El maestro vino invitado a Tabasco para ofrecer talleres de pintura a los niños y jóvenes de Tamulté de la sabana. Yo buscaba la manera con quién conectarme, y entonces, como vio que tenía algunas habilidades me dijo: usted va a servir para esto, y ya”.

Esto fue en 1988, cuando la esposa del Enrique González Pedrero, la escritora Julieta Campos, creó albergues y el gobierno promovía las caravanas culturales.

Hasta Tamulté de las Sabanas llegaron autores de renombre como el pintor de origen cubano que dejó una huella indeleble en ese lugar donde muchos de los productores que hoy son referencia obligada en la zona estudiaron con él.

Soto vino contratado por unos cuantos años pero se enamoró de la cultura indígena tabasqueña y se quedó varios años más allá de su contrato, por cuenta propia, para terminar su proyecto formativo que incluía la revaloración cultural por parte de sus propios herederos, la organización, y la formación en pintura, danza y oficios como el tallado de madera. Para esos entonces Timoteo Salvador tenía 25 años.

“Esperé diez años para poder reencontrar lo que buscaba, conectarme con alguien en artes plásticas. Al maestro le gustaba preparar muy bien a la gente y más que nada, inculcar proyectos creativos relacionados con la identidad en los muchachos”.

El largo camino de aprendizaje para conocer la madera

El artesano creador recoge los relatos orales que sueltan los ancianos de su pueblo y les da forma, los modela en madera
El artesano creador recoge los relatos orales que sueltan los ancianos de su pueblo y les da forma, los modela en madera, foto de Juan de Jesús López

Timoteo Salvador recuerda que además de la formación artística el maestro Soto les propuso la creación de una Asociación Civil para desarrollar una mayor proyección y obtener recursos, crear espacios donde reunirse, guardar las cosas adquiridas, conseguir becas de estudio.

“Pero también para impartir talleres y movernos dentro y fuera del estado. La agrupación se llamó ‘El tesoro de Tamulté de las Sabanas’. Dicen por allá, ¿no?, que la nuestra fue la primera asociación civil que se hizo en Tabasco, y la verdad es que sí, recibimos muchos apoyos

“Con el maestro el grupo de niños y jóvenes tuvimos una formación de casi 10 años básicamente en danza contemporánea, música, escultura y pintura pero con la Asociación Civil pudimos empezar a invitar a otros maestros de otras disciplinas de manera independiente. Ofrecíamos hospedaje y alimentación que nos daba la propia comunidad.

“Con la disciplina y lo que habíamos aprendido cada uno empezamos a seguir cada quien su largo camino pero sin separarnos de nuestra tradición: yo seguí mirando hacia el tallado de madera”.

-¿Y cuándo arranca tu proceso creativo, ese, el personal?

-Esperé un poco más, inicié hasta el 1993, con el maestro estadounidense Raúl Deal que terminó de formarme en el trabajo de la talla. Luego me fui a seguir aprendiendo con el maestro Baltazar Hernández, en Nacajuca, que es muy reconocido por su trabajo de tipo religioso. Todos ellos me enseñaron más que nada la técnica, el oficio, a usar las herramientas, a conocer la madera.

Crear las máscaras de mi pueblo

Yo siempre seguí mirando hacia el tallado de madera
Yo siempre seguí mirando hacia el tallado de madera, foto de Juan de Jesús López

No es lo mismo una veta de mango, de pichircoy, de cedro, de macuilís o de caoba, platica el artesano quien vive de su trabajo como profesor de telesecundaria, además de la venta trabajos ebanistería y carpintería. De hecho, las hermosas muestras en su casa donde se reproducen pinturas clásicas como el nacimiento de venus, son muestra de su trabajo en bajorelieve, donde combina dos y tres tipos de madera.

En cambio, de su trabajo creativo, a medio camino de la artesanía y el arte objeto, hablan las trozas de maderas en el patio frontal de su casa y las máscaras en la pared: Mis maderas favoritas son el cedro, el macuilís y la caoba, aquí en mi casa como puedes ver tengo varias trozas listas para iniciar mi trabajo.

“El trabajo creativo de las máscaras se enfoca en el rescate de las tradiciones orales, en el rescate de los mitos y leyendas, pero también tiene que ver con lo que yo siento y con lo que yo pienso.

“Decidí que las máscaras serían mi trabajo porque representan el rostro de un pueblo. El alma de un pueblo, sus rasgos culturales. Yo creo que la esencia de los pueblos antiguos más que nada está en sus máscaras.

“Cada máscara refleja una historia encontrada en los relatos orales, en la memoria de los ancianos de nuestro pueblo. Yo no sé si he logrado atraparlos pero, ora sí que, eso es lo que quiero más que nada, atrapar la esencia de mi pueblo donde nací.

La cultura de la máscara va de la mano de la cultura del árbol

La danza del caballito, ícono y renombre al lugar
La danza del caballito, ícono y renombre al lugar, foto de Juan de Jesús López

La cultura de la máscara va de la mano de la cultura del árbol y de la cultura de los relatos orales, de eso está seguro el profesor Timoteo Salvador y le permite comprender por qué ahora hay muy pocos artesanos creadores, talladores de madera, hacedores de máscaras en Tabasco.

Y es que, por un lado, la tradición oral se muere con los hombres viejos de las comunidades y los grandes bosques o al menos el amor a la naturaleza y los árboles se está dejando de lado por las aspiraciones urbanas y la modernidad.

Como el tamulteco, son pocos los hombres y mujeres que hacen máscaras apegados a la tradición pero que, al mismo tiempo buscan expresar una emoción estética.  Esta ausencia de hacedores de máscaras llama la atención entre investigadores y especialistas porque la cultura yokotan’ob es un una cultura de máscaras míticas y de corte religioso como se pueden ver en las danzas que aún se mantienen vigentes.

Se sabe que en Nacajuca hay algunos talladores bastantes estilizados que realizan sus trabajos por encargo en hueso y madera, se conocen algunos otros en Tenosique donde año con año las hacen para la Danza del Pochó, y también se cuenta con artesanos que se dedican a la reproducción de las máscaras típicas, pero son muy pocos.

“Yo creo que ya no hay creadores artesanales de máscaras quizá porque ya no hay mucho árboles aunque somos una cultura de árboles”, dice el artesano creador que nació en un lugar que fue bosque.

Respeto y amor a la madera

-Me dices que cada máscara tiene una historia.

-Así es, cada máscara es una versión de un relato oral de mi pueblo, ahí están los mitos y leyendas de mi pueblo. No todo son relatos orales, en algunas máscaras, hay una crítica.

-¿Sobre qué critican?

-Sobre los daños que se le hacen a la belleza de la naturaleza, a los árboles. Ellos dicen, yo también siento, tengo alma, por qué me hacen esto, por qué me sacrifican.

-Y tú, ¿cómo te enfrentas o como llegas a esa troza de madera que probablemente viene de un árbol sacrificado?

-Bueno, además del respeto a la madera y de estudiar su forma, la hebra y la textura, preparo mis gubias y mis martillos de madera. Antes de ponerme frente a la madera hago mi boceto al lápiz, la idea con líneas gruesas.

Ya con el proceso se van decidiendo otras cosas que no tienes planeadas, surgen sin que te des cuenta: vas creando. Yo creo que además del boceto uno debe llegar con respeto y amor a la madera.

-Y este oficio que sabes, ¿lo enseñas?

-Lo comparto como asignatura en la escuela, pero ahí es parte de un programa, y aparte tengo un taller de talla de madera en la ranchería Jolochero, donde enseño a los niños de aquí de mi pueblo, desde hace cuatro años. Yo creo que se llama así porque es una zona que la gente la ha utilizado para el cultivo del maíz.

-También haces trabajo de ebanistería.

-Sí, también conozco la carpintería y la ebanistería.

-¿Y cuándo hiciste tu primera máscara?

-Antes de todo esto que vez hice varios trabajos pero cuando me invitaron a exponer por primera vez, hace dos años, fue cuando empecé a darle unidad al tema y al trabajo. Lo primero que presenté fueron cosas con niños y mío.

Máscaras hechas de relatos y maderas

Desde hace un año el tallador de madera decidió que lo suyo son las máscaras: su elemento expresivo es la madera, su elemento temático son los relatos orales de su pueblo.

“Los temas los encuentro con las personas mayores del pueblo: me platican un mito, una leyenda, llegó a casa y hago mi dibujo y pienso cómo le voy a dar forma.

“No son una, como le llaman,  ilustración de los relatos, como se dice. Yo lo que quiero es que sean las máscaras del pueblo.

-¿Cuánto tiempo te toma hacer una máscara?

-Más de un mes.

-No le pones color.

-No, quiero que la madera sea natural, que se vea la madera.

“Ahora tengo más de diez máscaras, vengo trabajando en ellas desde hace dos años, espero terminar a mediados de este año para exponerlas en Cuba donde me invitaron para una exposición. Estoy preocupado porque allá hay especialistas que saben del asunto, y sí, estoy preocupado.

-Un artesano de Tenosique me dijo que algunas máscaras “se cargan de energías negativas”, y las castiga. A ti no te ha resultado alguna máscara poseída.

-No, para nada. Aquí el poseído soy yo que estoy cargado de imaginación, de miedos que tengo en la cabeza, pero cuando ya estoy trabajando y comiendo a darle vida a la madera se me olvida eso.

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.