Recuerdo vivamente su mirada el recelo agazapado como tigrillo de monte. A su manera es un insumiso, es decir, de esos hombres que practican la resistencia como filosofía práctica de vida pues no acepta que le digan desde una oficina qué hacer con la habilidad recibida como herencia cultural ni en cuánto venderlo.

Decía llamarse Pedro, como el Pedro Páramo de la novela rulfiana. ¿Pedro qué?, insisto, pero no le interesa contestar cuáles son sus apellidos, y suelta un gruñido bovino con un tono que tiene mucho de cansancio y algo de fastidio. Recibe con desconfianza las preguntas sobre su lugar de origen y el precio de sus escasos artículos artesanales que ofrece por las calles villahermosinas, un fin de semana.

Esto es lo que escribí en aquel entonces sobre ese hombre que luego volví a ver unas dos o tres ocasiones: cargando sus petates y palancas, caminado a prisa, y que, con la misma prisa se perdió en el anonimato de muchos vendedores artesanales que no dejan rastro. No sé si era un guardián de tradición, tampoco si se convirtió en uno de esos pocos artesanos afortunados que alcanzan la fama por su dúctil maestría.

Yo no tengo esa gracia de la pintura

Petate de agua y tierra, foto de Juan de Jesús López
Petate de agua y tierra, foto de Juan de Jesús López

¿Pa’ que, pa’ qué?, dice evasivo y apresura el paso por las calles bulliciosas del Centro Histórico villahermosino. Es evidente que no quiere tardarse mucho por ahí -los de Reglamentos son feroces con los vendedores informales que no pagan la cuota-,  mira temeroso a todos lados. Dice que sólo vino para traer algunas cosas que le compran sus clientes de siempre, las jícaras, los petates y las cortinas.

Se desliga con desdén de los otros artesanos que pintan paisajes tabasqueños a sus cortinas y petates aunque aceptan que las venden muy bien: “Hasta en trescientos pesos”, mientras que él vende las suyas a menos de la mitad. “Pero yo no tengo esa gracia”, dice refiriéndose al trabajo de pintura que otros artesanos han sumado al trabajo artesanal.

Moreno, sudoroso. Viste la camisa típica que usan muchos de los campesinos tabasqueños: las de PEMEX. Avanza con la desesperación estampada en la cara por las escalinatas de Lerdo: trae petates matrimoniales a 120 y el individual a 80. Sombreros de palma tejida a 100, cortinas de caña de pantano a 60, y abanicos a 10.

Se paga poco por cinco días de trabajo en cada pieza

Se topó con los artesanos populares urbanos y la exposición de cuadros que la coordinadora de la Galería de Arte Casa Siempreviva, la pintora Bertha Ferrer, promueve los fines de semana frente a esa casona, en las escalinatas de Lerdo. Curiosea. Se detiene. Deja su carga sobre el adoquinado.

Son las 5 de la tarde y salió de Nacajuca, donde vive, a las seis de la mañana. Desde las siete de la mañana camina por las colonias populares de Villahermosa: Tamulté, Atasta, Centro, Las Gaviotas, Tierra Colorada.

Con los artesanos urbanos hace amistad bien pronto y al poco rato varias personas se acercan para preguntarle sobre el precio de sus cortinas. Cuidadoso, las extiende y explica cómo se pueden usar en las ventanas.

Son precios muy bajos con los que don Pedro no alcanza ni el salario mínimo diario si se considera que, por ejemplo, para elaborar cada cortina invierte cinco días entre ir al pantano, cortar las cañitas, secarlas al sol, seleccionarlas y coserlas. Afortunadamente vendió algunas de sus cortinas.

-Ya ve, ¿por qué no viene a vender sus productos aquí la próxima semana? –lo invita la pintora.

-Vamo a vej –dice tímido.

Para vender hay que caminar

El petate y el chontal, foto de Juan de Jesús López
El petate y el chontal, foto de Juan de Jesús López

Entre expresiones urgidas y gestos acalorados dice que llega muy temprano para caminar por toda la ciudad.

-¿Por qué no agarra una combi?

-¡No, no! No vendería nada, para vender hay que caminar.

Y así, ahora camina por las calles de la zona que los citadinos más viejos llaman “zona luz”, del Centro Histórico. Hay mucha gente, hay mucha vivacidad pero es lo mismo, nadie compra nada, ni siquiera voltean a verlo.

Es un hombre anónimo, un ambulante por las calles de la ciudad que no quiere decir su nombre, por temor o porque no le importa, pero que, como diría el poeta, tiene en su cabeza todos los sueños del mundo.

Texto publicado originalmente en abril de 2006 en el diario Milenio Tabasco, las fotos que lo acompañan fueron tomadas en el Museo de Cultura Popular.

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.