Nada es tan ajeno al afán globalizador como las costumbres,

los hábitos propios, las tradiciones particulares, la expresiones

idiomáticas, el patrimonio intangible, en fin, que le dan

identidad a un país.

El patrimonio intangible. Hábitos, costumbres y expresiones

Populares, de Héctor Anaya.

A los efectos de la presente Convención,

1.- Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos,

representaciones,  expresiones, conocimientos y técnicas 

-junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios

culturales que les son inherentes- que las comunidades,  los

 grupos y en algunos casos los individuos reconozcan  como

parte integrante de su patrimonio cultural. Este  patrimonio

cultural  inmaterial, que se transmite de  generación en

generación, es recreado constantemente por las comunidades

y grupos en función de su entorno, su interacción con la

naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad

y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de

 la diversidad cultural y la creatividad humana.

Convención para  la salvaguarda del Patrimonio Cultural inmaterial.

París, 17 de octubre de 2003

Presentación

La secreta coquetería del barro, foto de Juan de Jesús López
La secreta coquetería del barro, foto de Juan de Jesús López

La Cultura del Barro en Tabasco tiene un pasado milenario que se remonta a los olmecas, cuenta con hazañas gloriosas como la construcción monumental de la ciudad maya en Comalcalco, fue vital para la vida cotidiana durante cuatro siglos desde la conquista hasta mediado del siglo 20, y en nuestros días, sin embargo, se extingue. Por los nuevos hábitos de consumo, las estrategias de globalización impuestas, el desposeimiento sistemático de las comunidades, el deseo válido de ser modernos, se reduce a la elaboración de algunos utensilios rústicos de uso doméstico, objetos de diseño para turismo, y el trabajo sin futuro de algunas ladrilleras. A simple vista pareciera poco pero atrás de esos vestigios culturales está vigente un conocimiento de la tierra y una cosmovisión que forman parte de los rasgos de nuestra identidad. Ante esa inminente situación de desaparición –que ya sufrieron por ejemplo el Ayapaneco, el zapateado, la cultura de navegación de agua dulce- es urgente proponer y establecer proyectos que permitan la revaloración de los “Saberes de la tierra” en las nuevas generaciones al mismo tiempo que se le reinstala en nuevos circuitos de apreciación y público. Esto es, como se propone en este texto, hay que reconocer la como el Patrimonio Cultural Intangible que es, hacerla visible en su justa dimensión, y, apropiarse del bagaje tradicional como una herramienta creativa para expresar lo que somos hoy como herederos de esa cultura. Este texto reconoce –pues parte de una experiencia- que de alguna manera lo que aquí se propone ya se está haciendo pero sin una propuesta coordinada y sin que ninguna institución apoye esos esfuerzos.

La cultura del barro, una herencia milenaria

Padre e hija secándose en un claro del bosque de Tenosique el barro que se untaron a la piel y ropa como parte de los preparativos en la danza del Pochó, fotos de Jesús López
Padre e hija secándose en un claro del bosque de Tenosique el barro que se untaron a la piel y ropa como parte de los preparativos en la danza del Pochó, fotos de Jesús López

La Cultura del Barro es uno de los componentes de esa cosmovisión que llamamos identidad tabasqueña. Tiene sus raíces en las características geográficas del estado y en los oficios y costumbres que desde las culturas prehispánicas se desarrollaron en la región a partir de las peculiaridades naturales del territorio: arcilla y tierra de aluvión. Como describiera la tabasqueña adoptiva Julieta Campos: Tabasco es obra del agua, de dos ríos que se precipitan desde las alturas de la sierra, y traen la tierra que muda el rostro sin tregua y marca la biografía de los hombres. El novelista Eraclio Zepeda con este otro tono lo definiría así: Las mejores tierras de Chiapas están en Tabasco.

De ahí que, la Cultura del Barro está más allá del ámbito artesanal al que se le reduce por costumbre fácil pues abarca la experiencia práctica y la experiencia cosmogónica con que se ha vivido esta parte del mundo. Es el conjunto de conocimientos de la tierra, los mitos que la acompañan,  los ritos que lo justifican y las tareas en que se dividió. Tiene que ver con el dominio de las técnicas de modelado y horneado que posibilitaron el desarrollo del lenguaje de la memoria y la imaginación, así como la comprensión de la vida y la muerte entre los hombres y mujeres que habitaron la región. De acuerdo con los especialistas hay una larga tradición evidente del conocimiento del barro iniciada hace 3 mil años con el asentamiento de los Olmecas en La Venta, Huimanguillo, que se continuó con los grupos mayas asentados a lo largo y ancho de la Chontalpa y en Jonuta entre los años 550 al 950 después de Cristo.

El ejemplo magnífico de la Cultura del Barro en la Chontalpa sin duda son los vestigios de los hombres y mujeres que crearon y habitaron la antigua ciudad de Comalcalco. De esos vestigios son muy conocidos los ladrillos de barro cocido usados en la construcción de las pirámides, y las tinajas con que sepultaban a sus gobernantes y seres queridos. ¿Qué fue de ellos? Abandonaron esa ciudad precolombina pero no la cultura del barro. Ese conocimiento artesanal y mítico pasó de generación en generación y estaba presente en la elaboración de utensilios domésticos, la creación de imágenes, la construcción de las casas que describen –o quizá fabulan- en 1519 los cronistas como Francisco López de Gómora después de la apertura de la conquista:

A poco más de media legua que subían por el (río Grijalva), vieron un gran pueblo con las casas de adobe y tejado de paja, el cual estaba cercado de madera de bien gruesa pared y almenas, y troneras para flechar y tirar piedras y varas. Antes un poco que los nuestros llegasen al lugar, salieron a ellos muchos barquillos, que allí llaman tahacup, llenos de hombres armados mostrándose muy feroces y ganosos de pelear”.

A falta de piedra el uso de la tierra cocida reaparecería más tarde en la construcción de las casas y edificios de quienes vivieron en la provincia de Tabasco desde los tiempos de la Colonia hasta el inicio del último cuarto del siglo 20: me refiero a los ladrillos cocidos. De este uso aún se pueden encontrar rastros en la arquitectura vernácula religiosa como la iglesia de Las Miraldillas en el municipio de Cunduacán, en las vetustas casonas a dos aguas de las comunidades chontales y en las altas residencias criollas del centro histórico de Villahermosa.

En el año 2003 mientras se realizaban las primeras restauraciones del Palacio de Gobierno, el edificio emblemático de la política en Tabasco construido en el siglo 19, los encargados de los trabajos se toparon con un pequeño pozo cartesiano con paredes de ladrillo del que no se tenía memoria pues permaneció tapado durante muchas décadas. Este tipo de pozo con similares características también se encuentra en los patios de las casas de las comunidades rurales tabasqueñas y en el interior de las casonas antiguas de las ciudades, lo que constata que el uso del barro cocido estaba presente en todos los niveles sociales de la época. Los tabasqueños más añosos de seguro recordarán aquellas grandes tinajas enterradas en arena y lodo crudo, cerca de la cocina, que servían como depósitos de agua fresca en los tiempos de la intensa canícula.

El oficio de ladrillero y alfarería

Jóvenes tabasqueñas amasando barro en el taller de modelado realizado en la zona cultural CICOM que fue impartido por el pintor Tomás Mejía. Julio 2014, foto de Juan de Jesús López
Jóvenes tabasqueñas amasando barro en el taller de modelado realizado en la zona cultural CICOM que fue impartido por el pintor Tomás Mejía. Julio 2014, foto de Juan de Jesús López

En nuestros días el barro está presente en escasas pero arraigadas costumbres tabasqueñas a través del uso de utensilios como los comales donde se “echan a mano” las sabrosas tortillas de nixtamal, maíz nuevo y el totoposte. El comal, el ladrillo, las tinajas, los sahumerios, son artículos de fabricación rústica, quizá los únicos objetos de la cultura del barro cuya utilidad y fabricación llegan en línea directa desde los tiempos precolombinos a los tabasqueños de hoy.

De esta tradición relacionada con la tierra quedan dos oficios humildes de una presencia cada vez más desdibujada: el ladrillero y los alfareros. En las ladrillerías el trabajo es tan extenuante que únicamente los realizan hombres. De la alfarería se puede decir que se trata de una actividad que se divide en dos especialidades artesanales según el sexo de los productores y el destino de la producción. Una es el modelado de objetos rústicos que se quema en hornos de baja temperatura a leña realizado por mujeres. Esta alfarería rústica se dirige al uso casero y rituálico como señalan los antropólogos Miriam Judith Gallegos Gómora y Ricardo Armijo Torres en su ensayo Las manos de Eneida en el barro: alfarería tradicional de Tabasco. La otra actividad es el modelado de piezas decorativas de diseño y catálogo en pasta fina que realizan en su mayoría hombres en talleres con mesas torneadoras y hornos industriales. Busca la competencia del mercado a través de ferias y tiendas exclusivas. A pesar de la presencia innegable del barro en la vida de los tabasqueños contemporáneos, los propios artesanos, algunos artistas e investigadores del tema concuerdan en que la cultura del barro, las técnicas con sus mitos y leyendas se desvanecen. La cultura del barro se pierde paulatinamente.

Con el auge de las construcciones a base de block, varilla y cemento, la demanda del ladrillo se vino a pique y cada vez son menos las ladrilleras que producen el tabique de barro cocido. El oficio de ladrillero se pierde con los últimos viejos que conocen las técnicas tradicionales. Por otro lado, una ladrillera no tiene el futuro prometedor que los jóvenes desean. El conocimiento como experiencia de vida histórica pronto dentro de muy poco tiempo será mero recuerdo. Por el lado de la artesanía la producción se reduce a los comales, sahumerios y otros objetos sencillos -no por eso menos estimables-, así como a la artesanía de diseño comercial establecido por el Instituto de Fomento a la Artesanía de Tabasco. A esto se suma el menosprecio de los propios tabasqueños por la producción artesanal: No se consume artesanía en barro.  Gallegos Gómora y Armijo Torres ya habían señalado en el 2007 que la extinción irremediable que enfrenta la alfarería. De hecho –comentan-, los artesanos tabasqueños contemporáneos perdieron conocimientos tecnológicos que dominaban sus antecesores. A lo que sumaron la dificultad de acceder al barro pues hoy los ríos y lagunas están en su mayoría cercados por ser terrenos de propiedad privada. A todo esto se agregarán más restricciones por la desposesión territorial que conllevan las nuevas leyes de explotación petrolera.

Desde la apropiación creativa el panorama es también desconsolador. La presencia de la Cultura del Barro en las artes contemporáneas en Tabasco es un tanto difícil de demostrar. A diferencia de la importancia y presencia que tiene la cultura del barro en los creadores y artesanos de los estados como Oaxaca y  Chiapas, los creadores tabasqueños apenas la reconocen. Y si bien asoma de manera aislada en la obra de algunos autores tabasqueños no forma parte de una búsqueda sistemática en cuanto a tema o técnicas que le serían propias, específicamente, en la escultura y la cerámica. Por otro lado, hay poca investigación (arqueológica y estética) sobre la importancia del barro en Tabasco o bien existen pero se desconocen. Estos son los indicadores más elementales pero a la mano de lo que prefigura la inevitable pérdida de la Cultura del Barro, que como ya se vio es un componente de lo que llamamos  “nuestra identidad”.

Revaloración del barro desde la experiencia creativa

Horno de baja temperatura hecho con ladrillos por los niños que asistieron al taller de barro en el Museo Regional de Antropología Carlos Pellicer Cámara que fue impartido por el artista Edgarissel Flores. Julio 2014, foto de Juan de Jesús López
Horno de baja temperatura hecho con ladrillos por los niños que asistieron al taller de barro en el Museo Regional de Antropología Carlos Pellicer Cámara que fue impartido por el artista Edgarissel Flores. Julio 2014, foto de Juan de Jesús López

¿Qué se puede hacer para mantener en vilo la Cultura del Barro, revalorándolo como un conocimiento milenario que forma parte de la identidad que está en los márgenes de la extinción? Una respuesta es el proyecto de rescate desde la perspectiva folclorista que consiste en recopilar, encapsular y llevar al museo. Tiene sus méritos y es una de las funciones del Museo de Cultura Popular “Ángel Gil Hermida” ubicado en pleno Centro Histórico de Villahermosa donde hay piezas de barro, jícara, vestimentas populares y tradicionales. Otra respuesta consistiría en poner al alcance de la mano de los artesanos nuevas estrategias de producción desde la perspectiva del diseño comercial. Este es un proyecto que tiene ya muchos años en marcha encabezado por el Instituto a cargo del desarrollo de la artesanía choca en general. Atiende por igual las tareas de barro, los tejidos de fibras duras y blandas y las manualidades: desde una flor de Jacinto hasta la elaboración de muebles con mutusay. Hay una tercera propuesta: la revaloración de la Cultura de Barro como un Patrimonio Cultural Inmaterial desde la perspectiva de la apropiación creativa.

Para alcanzar este objetivo, sin duda, la propuesta debe ser definida y organizada como proyecto por el marco de la política cultural del Estado en coordinación con los creadores relacionados –como los dos mencionados arriba-, los artesanos interesados más la concurrencia de especialistas afines: antropólogos e historiadores del arte. En suma un proyecto interdisciplinario y creativo que combine el rescate de conocimientos con la creación de público para la justa apreciación de este patrimonio cultural. Un proyecto que contribuya a su revaloración al mismo tiempo que lo proyecte de manera moderna hacia el futuro. Un proyecto que recopile, ordene y disponga los conocimientos tradicionales de los viejos y deposite en los niños y jóvenes que a su vez lo pasarán a las futuras generaciones. Y por fin, un proyecto que promueva la formación de productores de alfarería y cerámica “creativa” capaces de plasmar la huella de su tiempo, y de sus propias vidas.

¿Cómo lograr este traslado de conocimiento tradicional a una tradición creativa? El primer paso consiste en hacer visible la Cultura del Barro como el Patrimonio Cultural Inmaterial que es y nos identifica. Esta visibilización, este reconocimiento no como una declaratoria oficiosa sino con un Proyecto Cultural plenamente establecido, aceptando que la Cultura del Barro tiene un papel importante en la identidad y que por lo tanto tiene un papel importante en el conocimiento histórico, en la vida cotidiana y en la producción simbólica. Para ser efectiva la reapropiación de la Cultura del Barro se tienen que insertar los objetivos del proyecto en la agenda de la formación y educación cultural, y en los círculos de valoración estética y de valoración económica del arte.

En esta visibilización y valoración jugarán un papel importante las galerías, museos, los concursos y catálogos de alfarería creativa, la promoción de la investigación del barro (artística y científica), programar conferencias con especialistas y charlas de viva voz con artesanos y artistas para llevar a la Cultura del Barro más allá de la estrecha valoración de la alfarería utilitaria u ornamental, claro, todo esto sin negar nunca su pasado y presente artesanal y sin las mitificaciones propias del indigenismo lastimoso, culpa asistencialista y exhibicionismo pintoresco.

Tocar la tierra con el corazón y darle forma

“El corazón en la mano”, escultura de barro cocido en horno de alta temperatura –en Nacajuca- realizado en el Taller de modelado de Barro ofrecido por el maestro Tomás Mejía en la Galería del Fondo Tabasco. Julio 2014Julio 2014, foto de Juan de Jesús López
“El corazón en la mano”, escultura de barro cocido en horno de alta temperatura –en Nacajuca- realizado en el Taller de modelado de Barro ofrecido por el maestro Tomás Mejía en la Galería del Fondo Tabasco. Julio 2014Julio 2014, foto de Juan de Jesús López

A partir de lo observado en dos de los talleres de veranos que ofreciera el Instituto Estatal de Cultura de Tabasco durante las vacaciones entre finales de  julio y principio de agosto de 2014, encontré que hay en los jóvenes y niños tabasqueños disposición natural hacia la expresión creativa a través del barro, y sobre todo, que hay –pocos pero existen- creadores interesados en la idea de trabajar en favor del patrimonio cultural inmaterial desde la perspectiva del arte. La mayoría de las imágenes que acompañan esta propuesta fueron tomadas precisamente en ellos. Me refiero a los dos talleres sobre el barro que se ofrecieron, uno por el pintor Edgarissel Flores Sánchez en el Museo Regional de Antropología Carlos Pellicer y otro por el muralista Tomás Mejía en la Galería del Fondo Tabasco.

¿Qué ofrecía cada uno de ellos? De manera sucinta, Flores Sánchez, propició que los niños jugaran, sintieran y comprendieran la tierra, las mutaciones de su color y su consistencia desde que su fase de lodo, luego pasta y por último pieza cocida, frágil y quebradiza pero llena de emociones. Les enseñó a recolectar leña y les demostró cómo se construye un horno y cómo se “quema” el ladrillo que amasaron, formaron y dibujaron con sus propias manos. El horno se levantó atrás del Museo Regional de Antropología. Por su lado Mejía colocó de lleno a sus alumnos ante el barro, los guió hacia los sorprendentes cambios de las formas dictadas por la imaginación y la ductilidad de la pasta gris. Les compartió los primeros pasos del modelado, acabado fino y los llevó a “cocer” sus piezas en hornos de alta temperatura en Nacajuca. Lo que mejor ilustra el resultado de ambos talleres es la siguiente anécdota. En la presentación final de trabajo que hiciera el taller de Mejía, una de las niñas participantes exclamó frente a su obra de color rosa-carne: Gracias al taller de barro he aprendido a tocar la tierra con mi corazón y darle forma. ¡¡La tierra, esa gran madre, esa gran casa, ese gran planeta!!

A primera vista estos dos talleres de modelado en barro se complementaban uno al otro, sin embargo, como se pudo observar de manera directa y a través la presentación de sus resultados finales no contaban con una continuidad lógica ni coordinada de formación y sensibilización de público. No tenían un plan unificador. Avanzaron uno muy cerca del otro distanciados como proyectos en sus objetivos. Este distanciamiento no se debió a los talleristas que pusieron sus esfuerzos al servicio de los niños y jóvenes sino a que respondieron a las necesidades inmediatas, a esfuerzos de corto plazo: el programa de los talleres de verano. Y se agotaron en ese fin.

¿Qué pasará con el entusiasmo inculcado en los niños del taller realizado en el Museo Regional de Antropología? Las piezas logradas en el taller de la Galería del Fondo Tabasco se expusieron en la Biblioteca Pública del Estado José María Pino Suárez pero, ¿habrá continuidad para los recién interesados en el modelado creativo del barro?

 

Formación para una cultura del barro contemporánea en Tabasco

“Ceiba”, ladrillo de barro cocido realizado por la niña Nadia Priscila López Hernández durante el taller de modelado de barro en el Museo Regional de Antropología. Julio 2014, foto de Juan de Jesús López
“Ceiba”, ladrillo de barro cocido realizado por la niña Nadia Priscila López Hernández durante el taller de modelado de barro en el Museo Regional de Antropología. Julio 2014, foto de Juan de Jesús López

La Cultura del Barro como un patrimonio cultural inmaterial desde la perspectiva de la expresión creativa, se puede encausar hacia un proyecto de formación artística con características y cualidades propias. Es posible y de hecho, urgente. Por ello se propone este breve esquema-propuesta de valoración, formación y promoción de la Cultura del Barro mediante las siguientes fases que se podrán programar de manera sucesiva o simultánea.

-Primer ciclo de formación preliminar: conocer la cultura del barro con las manos

  1. a) Taller de sensibilización hacia la tierra. Cada participante –en grupo- deberá escarbar, recolectar, colar, modelar y coser con horno de leña –también elaborado por el grupo- sus piezas. Elaboración de ladrillos para contar lo que soy. Trabajo en grupo para despertar el sentido de colectividad. Duración de 4 semanas. Grupo máximo de 10 personas. Cada integrante deberá concluir con una o más piezas.
  2. b) Taller de modelado tradicional (creación de utensilios domésticos). Pensar en el barro como patrimonio intangible. Cada participante vivirá la experiencia del barro desde la alfarería tradicional parar conocer su patrimonio intangible. Elaboración de piezas rústicas como los sahumerios y comales, o bien, piezas decorativas rústicas basadas en la flora y fauna de la región cosidas con horno de leña que será montado por el grupo. Duración de 4 semanas. De preferencia impartido por una artesana chontal. Grupo máximo de 10 personas que pueden ser las mismas o nuevas del primer grupo. Cada integrante deberá concluir con una o más piezas.
  3. c) Taller de modelado libre. Pensar en el barro como una posibilidad de expresión para lo que siento, veo, deseo y me gusta. Cada participante explorará la experiencia del barro como una posibilidad creativa a nivel de iniciación. Elaboración de piezas en pasta y acabado fino para expresar emociones. Cocido de las piezas en un horno profesional como el que existe en el Taller de alfarería de la Madre Muriel. Duración de 4 semanas. Grupo máximo de 10 personas que pueden ser las mismas o nuevas del primer grupo. Cada integrante deberá concluir con una o más piezas.
  4. d) Cierre del primer ciclo de formación con una presentación-venta de trabajos en una galería o museo o bien en espacios alternativos como los parques y mercados. Muestrario acompañado del trabajo de los maestros artesanos.

-Segundo ciclo de formación.

  1. a) Taller de modelado libre II. Continuar a profundidad con el aprendizaje y exploración de las técnicas del modelado y cocido en barro. Duración de 4 semanas. Retomar el grupo anterior. Máximo de 10 personas por grupo. Cada integrante deberá concluir con una serie de tres o más piezas. Ensayar un tema. Como parte de este segundo taller, se propone realizar visitas in situ a los talleres de alfareros y ladrilleros de la zona de Nacajuca con asistencia presencial durante las jornadas de modelado y quema.
  2. b) Taller de modelado en barro profesional. Continuar a profundidad con el aprendizaje y exploración de las técnicas del modelado y cocido en barro con maestros propuestos por CONACULTA. Retomar el grupo anterior. Máximo de 10 personas por grupo. Cada integrante deberá concluir con una serie de tres o más piezas. Ensayar un tema. Como parte de este taller profesional, realizar visitas in situ a los talleres de alfareros y ladrilleros de la zona de Nacajuca con asistencia presencial durante las jornadas de modelado y quema.
  3. c) Cierre del segundo ciclo de formación con una presentación-venta de trabajos en una galería o museo o bien en espacios alternativos como los parques y mercados.

-Tercer ciclo: la promoción del trabajo y creación de público:

  1. a) Activar la visualización de la cultura del barro con la exposición-venta de los trabajos de los talleristas, se deberá acompañar con exposición de trabajos de los artesanos tradicionales, así como de exposición de cerámica y escultura moderna en barro de artistas nacionales que destacan en este género. Esto con el fin de crear público, de reforzar la presencia del barro como patrimonio intangible en la comunidad y estimular a los alumnos de los talleres.
  2. b) Promover la valoración y reforzamiento en los talleristas sobre la Cultura del Barro y creación de público con un programa de charlas, mesas redondas, conferencias con artistas y especialistas en modelado de cerámica contemporánea, historiadores de arte, conocedores en la arquitectura vernácula, antropólogos y arqueólogos sobre el uso del barro en las culturas precolombinas. Las charlas deben ser abiertas a todo el público.
  3. c) Activar la recuperación de la memoria y creación de público con un programa de conversatorios con artesanos y ladrilleros artesanales de la región.
  4. d) Fomentar la investigación sobre la Cultura del Barro con publicaciones de catálogos de arte precolombino en Tabasco, catálogos de artesanía popular, catálogos de cerámica creativa contemporánea, manuales de producción artesanal de objetos de barro. Hacer entrevistas y grabar videos con los personajes de la Cultura del Barro.
  5. e) Reforzar la valoración y vivencia de la Cultura del Barro en los talleristas con visitas guiadas al museo de cultura popular, el Museo Regional de Antropología Carlos Pellicer Cámara, el Museo de Sitio de Comalcalco, la ladrillera en Taxco, las comunidades de Nacajuca donde se modela y quema barro como el Taller de artesanías de la Madre Muriel (QEPD).
  6. f) Crear una Colección del Barro en Tabasco pues, así como hay un Fondo Tabasco de artes visuales, tiene que haber un Fondo Tabasco de la Cultura del Barro.
  7. g) Promoción y proyección a través de un concurso estatal del modelado en barro en Tabasco, con dos premios. Esto a partir del segundo año de funcionar los talleres.

-Premio para artesanía tradicional creativa

-Premio para el modelado contemporáneo

  1. h) Proyección de la memoria, promoción permanente y creación de público con un museo o una sala del barro dentro de un museo en Tabasco, que incluya trabajos de cerámica utilitaria y artística contemporánea.

La revaloración de la Cultura del Barro como apropiación de nuestra propia tradición

“Ceiba”, ladrillo de barro cocido realizado por la niña Nadia Priscila López Hernández durante el taller de modelado de barro en el Museo Regional de Antropología. Julio 2014, foto de Juan de Jesús López
“Ceiba”, ladrillo de barro cocido realizado por la niña Nadia Priscila López Hernández durante el taller de modelado de barro en el Museo Regional de Antropología. Julio 2014, foto de Juan de Jesús López

Esta propuesta –salvo la mejores opiniones de los especialistas y de los propios maestros elegidos para este proyecto- sugiere mirar la Cultura del Barro como una actividad cultural contemporánea y no como un arcaísmo, propone la Cultura del Barro no como una actividad de rescate artesanal –sin perderla de vista ni distanciarse de ella, claro- sino como una producción creativa que refleje la vida moderna y las preocupaciones actuales.

Es decir, la revaloración de la Cultura del Barro no como un rescate de la artesanía del barro sino como apropiación de esa rica tradición para que, a través de una estrategia –sencilla pero organizada y sistemática- de formación artística, se convierta en una herramienta de expresión creativa para los y las niñas, los y las jóvenes, ¿y por qué no? incluidos los hombres y mujeres creadores de hoy.

En suma, este proyecto propone la idea de convertir la cultura del barro en un proyecto creador, para las personas, para los niños y jóvenes, muy bien diferenciado, por un lado, de la cultura del barro como actitud repetitiva y por otro de la idea de artesanía de diseño para agradar al turista, sin perder nunca de vista que este proyecto forma parte de la “Cultura del Barro” que nace precisamente en la artesanía, en el oficio y en el conocimiento popular heredado desde treinta siglos atrás.

Texto y fotos de Juan de Jesús López

(1967. Cárdenas, Tab., México).

Tierra, fuego, agua, cultura y místicismo en el barro,2014, foto de Juan de Jesús López
Tierra, fuego, agua, cultura y místicismo en el barro,2014, foto de Juan de Jesús López
  • Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), y de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2010). Se desempeña como reportero de lo cultural en su estado desde hace más de tres lustros y una breve muestra de este trabajo ha sido recopilada en el libro colectivo Mujer de miel (IEC/2009). Desde el año 2007 participa con su obra fotovisual en exposiciones colectivas e individuales mostrada principalmente en Villahermosa, así como en la ciudad de Oaxaca y en la Habana, Cuba (Identidades, 2013). En colaboración con Adriana Martínez Concepción presentaron en septiembre del 2013 el libro-objeto Sombras y soledades realizado con cajas porta casete recicladas y henequén.

Bibliografía

Las manos de Eneida el barro: alfarería tradicional de Tabasco. De Miriam Judith Gallegos  Gómora y Ricardo Armijo Torres (PDF en línea)

El Grijalva, un río que fluye en la historia. De Carlos Martínez Assad (PDF en línea)

Ni folklórico ni masivo ¿qué es lo popular?. De Néstor García Canclini (PDF en línea)

Teoría de la cultura y el arte popular. Una visión crítica, de Adolfo Colombres, Colección intersecciones de CONACULTA, 2009.

Literatura y cultura popular en América Latina: Diez errores o mentiras frecuentes, de Eduardo Galeano, en “La cultura popular” compilación y prólogo de Adolfo Colombres, Premia Editora, 1982.

Las culturas populares en el capitalismo, de Néstor García Canclini, Editorial Nueva Imagen, 1984.

 

Compartir
Artículo anteriorNueva escultura en la zona cultural CICOM, pero dedicada a quién….!?
Artículo siguientePrograma del XIII Encuentro Iberoamericano de Poesía
Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.