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Tenemos muy claro quiénes son los narradores mayores de Tabasco hoy en día, aquellos que han publicado dos o más novelas, o varios libros de cuentos, y que indudablemente todavía entregarán otras obras al público. Podemos enumerarlos cronológicamente: Gonzalo González Calzada (nacido en diciembre de 1938), Andrés González Pagés (1940), Luis Barjau (1943), Bruno Estañol (1945), Álvaro Ruiz Abreu (1947), Ruth Pérez Aguirre (1954) y Vicente Gómez Montero (1964).

Con menos número de obras publicadas pero con un esfuerzo narrativo sostenido hayamos a Jorge Priego Martínez, Gerardo Rivera, Antonio Mestre (seudónimo de Freddy Domínguez Nárez), Margarito Palacios Maldonado, Ignacio Rodríguez Castro, Luis Alonso Fernández Suárez, Guadalupe Azuara Forcelledo, Soledad Arellano, Ariel Lemarroy, María Eugenia Torres Arias, Sheyla Dorantes, Flora Salazar, Rodolfo Uribe Iniesta, José Manuel Tamez Gómez, Luis Chávez Fócil, Sergio RAM, Víctor Manuel Barceló, Antonio Solís Calvillo, Hilario Feria y una camada de jóvenes que figuran en antologías o que van por su primer libro, donde figuran Marco Rojas, Daniel Peralta Guzmán, Pedro Luis Hernández Gil, , y algunos otros.

Aquí, como en las obras académicas, mando a pie de página a revisar dos importantes fuentes: el volumen Primero la voz: antología de narrativa contemporánea de Tabasco, coordinado por Norma Domínguez de Dios en su calidad de Presidenta de la Sociedad de Escritores “Letras y Voces” de Tabasco, editado en 1994 por la UJAT, y los dos tomos de Érase una vez un cuento. Compendio general del cuento en Tabasco, de Luis Acopa (2008 y 2010). Y para ser más justos todavía, debemos incluir las recientes antologías que ha realizado el Club de Mujeres Periodistas y Escritoras de Tabasco. Revisando esas obras un lector puede tener una idea general del número de creadores que se han aventurado al menos por el género del cuento en Tabasco en las últimas tres décadas.

Hasta aquí he mencionado sólo a los que aún viven porque narradores conocidos nuestros que se han ido recientemente son: Mario de Lille, Ciprián Cabrera Jasso, Bertha Ferrer, Teodosio García Ruiz y Efraín Gutiérrez. Y evidentemente, mi lista es incompleta en cualquiera de los niveles que he mencionado. Por eso remito a las fuentes señaladas, y aún más, para conocer nuestra tradición podemos remitirnos a los estudios de Gerardo Rivera sobre los novelistas tabasqueños desde el siglo XIX….En fin, que bien mirada, la narrativa escrita en Tabasco en los últimos dos siglos tiene su peso. Sólo falta estudiarla y valorarla.

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Mesa de presentación del libro En busca de Nils Runeberg y otros ejercicios, Héctor Palacio
Mesa de presentación del libro En busca de Nils Runeberg y otros ejercicios, Héctor Palacio

Atendiendo, pues, a esta cronología de nuestros narradores, quiero detenerme en los nacidos a partir de la década de los sesenta del siglo pasado. Podemos percibir que esta generación de escritores (y esto también es válido para los poetas)– a diferencia de la mayor parte de los nacidos en las décadas anteriores-, prácticamente se ha formado dentro de los mismos límites de esta tierra tropical, ya sea a través del sistema de talleres literarios instituido a mediados de los ochenta, en pleno auge gonzalezpedrista; o bien de manera autodidáctica en un proceso de escritura personal que no los ha limitado en su capacidad e inventiva. Permítanme ilustrarlo esto con los casos de Jeremías Marquines, Francisco Magaña, Vicente Gómez Montero, y otros.

De este modo, quienes seguimos con atención el desarrollo de nuestros escritores de esa generación nos vemos gratamente sorprendidos porque de pronto ha saltado a la palestra un protagonista que no figuraba, que no veíamos venir: Héctor Palacio. En 2014 presentó Animales y otros bichos raros, editados por Praxis. Un bestiario expresado en una escritura desparpajada y aguda, no desprovista de ironía. Escritura que alcanza un mayor despliegue en el libro que presentamos esta noche: En busca de Nils Runeberg y otros ejercicios, publicado nuevamente por Editorial Praxis.

El libro contiene 38 creaciones organizadas en cuatro capítulos y una coda,  que constituyen un evidente homenaje a Borges, pero también a Kafka, Joyce, Cortázar,  Carpentier y Juan José Arreola. En busca de Nils Runeberg y otros ejercicios es para mí, una verdadera confluencia de tradiciones literarias y artísticas (particularmente la musical), con su hibridación de géneros, la hipertextualidad y la fusión de fronteras genéricas,  y finalmente el zumo irónico de Jorge Ibargüengoitia.

Lo que me gusta del libro es esa atmósfera cosmopolita que resulta de la suma de las historias, historias que son fragmentos, astillas, esquirlas. Todas ellas emanadas de una andadura e imaginería que fluye sin límite como en un laberinto, como en ese infinito juego de los espejos que tanto fascinaba a Borges. Así, en Héctor Palacio la ficción es una vía para descifrar y al mismo tiempo cifrar la realidad. En el sendero de dicho orden ha de transitarse con la luz, no ya por ingenuidad sino por lucidez, pues todo reflejo concluye en que lo único verdadero es la inexistencia. Por ello, lo mismo da Nils Runeberg, Borges o H la humildad, no ya por ingenuidad sino por Héctor Palacio; el verbo se aloja en cada autor que se permita reflejarse.

Otro aspecto que me ha encantado del libro que hoy presentamos es la exploración de  las distintas geografías que se recorren en el libro. Ejemplo de ello son los cuentos: Ki- Suck Han y el terror en el subterráneo de Nueva York, Un amor de Times Square, 24 horas en París, Días sin internet y una cerveza con Marx, entre otros, que el lector descubrirá al acercarse a estas páginas.

Héctor Palacio, se convierte en un autor con una gran capacidad para captar los requiebros y los enigmas de su cultura, además de las otras que visita. En la brevedad de sus creaciones hay una decantación de los elementos simbólicos, materiales e inmateriales que subyacen en cada horizonte que pisa. Su gran cultura y su poliglotía le permite construir un lenguaje que prescinde de localismos, así como de todo complejo, dejando en claro que es posible insertarse en la gran tradición literaria, siempre y cuando se tenga un dominio de esa tradición y un considerable rigor para desempeñarse en este oficio. Y aquí hay que decirlo, que por momentos ese rigor que se plantea Héctor Palacio en su escritura también demandará al lector realizar más de una lectura, pero debemos tener en cuenta que la recompensa será invaluable; y pronto la relectura surgirá como un camino para volver al goce de esta literatura.

Como ya dije, hasta antes de estos dos libros que quienes observamos el desarrollo de nuestra literatura vemos brotar casi abruptamente, conocíamos a Héctor Palacio como un hombre dedicado a la música, arte que se encuentra, por supuesto como ya dije, presente en algunas de estas historias, comenzando por la propia construcción de la prosa, a través de las palabras y los silencios oportunos. Tal cual sucede en textos como “Un compositor de vanguardia”, “El director desconcertado”, “Una soprano altruista”, “La voz robada”, “#OccupyWallstreet y Ella, la bailarina”. En este último relato, la música se une a la danza, así como a la conciencia social que ha definido a los primeros años de este siglo XXI.

A  manera de conclusión de estas notas apretadas, he de decir que En busca de Nils Runerberg y otros ejercicios, es un libro que se define por la aparición de personajes solitarios que casi siempre están viajando, imbricados en el drama humano de la cotidianidad en cada ciudad del mundo que se visita. Podríamos sospechar de una deriva existencial en el autor, de una búsqueda sin sentido. Pero no. Nada más lejano a los personajes de Héctor Palacio que las tinieblas y oscuridades que han caracterizado a la mayoría de los personajes literarios de nuestros creadores de antaño. Los personajes de Palacio suelen entregarse al goce de los placeres terrenales o al simple goce de la contemplación, aún cuando están frente a situaciones altamente vertiginosas. Dicha calma, es la pauta que nos permite a través de esta obra, acercarnos a los laberintos de nuestra condición humana.

Evidentemente, ello no significa la negación de la realidad tabasqueña para el autor, sino más bien es en su condición de viajero que tiene mayor claridad de su identidad. Porque como el mismo Héctor dijo hace algunos años en una entrevista, orgulloso de sus raíces: “A donde quiera que vaya llevo el grato recuerdo de mi tierra natal, porque  yo soy de la ranchería Tumbulushal, yo nací en el kilometro 20 con 100 metros, después de Playas del Rosario que queda en el kilometro 18 aproximadamente”.

Concluyo, pues, diciendo que además del goce estético, Héctor Palacio ha marcado una ruta para encontrarnos con personajes como Nils Runeberg, Federico Fellini, o Jorge Ibargüengoitia. Celebremos su aparición en el horizonte de nuestra literatura, a la cual indudablemente llenará de grandes luces como ya empezó a hacerlo.

Felicidades Héctor. Muchas gracias

*Texto leído el martes 13 de diciembre en el auditorio del Museo Regional de Antropología Carlos Pellicer Cámara, donde se llevó a cabo la presentación del libro En busca de Nils Runeberg y otros ejercicios, del tenor Héctor Palacio. Los comentarios estuvieron a cargo de Norma Domínguez de Dios, Dionicio Morales y Miguel Ángel Ruiz Magdónel.