Con puntualidad inicio el pasado Viernes 14 de Octubre la presentación del disco “Fiesta y Tradición” de Guillermo Sevilla Correa. Fue un gusto escuchar a la maestra Ana Luisa Anadón a quien llevaba un largo tiempo de no ver y entre que buscaba sin éxito al menos una silla vacía para mi octogenaria madre y un espacio para mi entre el montón de gente desde donde mirar el espectáculo, su discurso me pareció asertivo, respetuoso de la trayectoria del maestro.

Como siempre, en el caso de la maestra Anadón, contagiando su entusiasmo inquebrantable por la promoción cultural, esta tarde con una exhortación a reconocer que la cultura es el medio por el cual podemos aspirar a ser una mejor sociedad y en este caso por la labor del maestro a no dejar de hacer arte para los ciudadanos más pequeños construyendo con ello entornos más armoniosos para su crecimiento.

Fue así como inicio lo que sería un breve pero agradable programa de presentación del nuevo material discográfico del maestro, que se suma a las anteriores entregas de la serie Jardín de Niños Musical.  Este trabajo personal lo ha desarrollado a lo largo de su carrera como catedrático de la normal de educación preescolar en el estado y como maestro de música en jardín de niños que ha tenido. El conjunto tiene el propósito de ser una herramienta de trabajo para los maestros en las escuelas para desarrollar la competencia de apreciación y expresión artística.

Una propuesta musical nueva, evolucionada y más rica en cuanto a cultura musical y apreciación por la música de nuestro país.
Una propuesta musical nueva, evolucionada y más rica en cuanto a cultura musical y apreciación por la música de nuestro país.

Fiesta y Tradición aborda durante un poco más de media hora  la temática de lo que en mi opinión es la celebración más arraigada de nuestro país, la Fiesta de los Fieles Difuntos o Día de Muertos, y no porque sea la que tenga más mercadotecnia o derrama económica, sino porque en ella se encuentra entrelazada las raíces más profundas de nuestra identidad como mexicanos y trastoca uno de los misterios más grandes de la humanidad que es la posibilidad de una vida más allá de la que conocemos y el camino para llegar a ella.

Debo confesar que iba un poco predispuesta a escuchar al maestro Guillermo Sevilla de siempre. Lo sigo desde hace muchos años, respeto, admiro su trabajo y siendo el único en el escenario musical del estado de Tabasco dedicado a escribir, musicalizar, cantar y promover canciones infantiles con un enfoque lúdico formativo para uso en las escuelas, su música ha contribuido mucho a enriquecer mi enseñanza como maestra de niños, y la reconozco donde sea. Sin embargo me sentí muy contenta y agradecida de encontrar una propuesta musical nueva, evolucionada y más rica en cuanto a cultura musical y apreciación por la música de nuestro país.

En las 10 canciones que componen el disco recorre diferentes géneros que incluyen ritmos prehispánicos, sones huastecos, de mariachis, chiapanecos y jaranas yucatecas, se puede apreciar también el huapango, el corrido, vals, y uno muy estilizado llamado schotis muy apropiado para la canción que la compone. Todo ello dentro de un esquema musical y lenguaje para capturar la atención no solo de los niños si no de todas las edades.

La diferencia es que se escucha más cultural, artístico y  dado que las niñas y los niños de ahora están expuestos tan fácil y permanentemente a música sin sentido, canciones con letras burdas  que rayan en lo obsceno pero a la vez tan pegajosas e influyentes, hacen de este  disco un oasis, un escudo para contrarrestar estos estímulos en el niño; un punto de equilibrio en el repertorio musical al que el niño está expuesto y apostar que al final, elija la que más nutra su alma.

También me parece que compromete a los maestros a elevar la calidad de las actividades musicales que proponemos en el aula, alejándonos un poco de la expresión para detenernos más en la apreciación, provocando al final una  expresión más consciente e integral. Esta entrega sin duda puede generar que este año los festejos del día de muertos dejen de ser una disyuntiva entre hacer altar de muertos o “Halloween” y transiten hacia la exploración de otras formas de rescatar la cultura y las tradiciones de nuestro país, celebrar el ciclo de la vida desde el canto y la danza.

 Finalmente dejando a un lado mi papel de maestra y hablando solo como madre de familia, me parece un disco muy agradable para la escucha de los niños y una forma de educar su oído musical. El evento se mantuvo concurrido hasta el final, entre la amable Catrina que dirigía, el programa y la participación del Ballet folclórico independiente se creó un ambiente de festejo que antojaba el pan de muerto y el chocolate, sería por eso que en cuanto llego la charola con los discos se vendieron como pan caliente.  Y yo no dude en comprar el mío con el que ahora disfruto Flor de Cempasúchil, La Catrina y La Mil Nombres, que se convirtieron en mis canciones favoritas.