La presentación del libro  “Finísimas Personas” reunió al autor con sus personajes

El pasado martes 20 de septiembre, en la tres veces heroica recargada ciudad pueblo de Cárdenas, Tabasco, el escritor y periodista Ariel Lemarroy, presentó un peculiar libro titulado “Finísimas Personas”. Es una edición de autor que apuesta más a su contenido que a su diseño editorial. Una compilación de entrevistas que realizó en diferentes medios, sobre todo de uno de “cuyo nombre no quiere acordarse” pero que todos sabemos es el mal necesario (¿o innecesario?) Tabasco Hoy, en el cual en otrora laboró como cronista y columnista.

Horas antes de la presentación me encontré con Ariel en un café de Cárdenas; yo estaba cafeteando y tratando de componer el mundo con mi personaje El Politólogo de Café, y él llegó para confirmar el servicio de cafetería para la presentación del libro. “Es un pedo organizar esto” me dijo, refiriéndose al logistiqueo que se tiene que hacer para que las presentaciones queden al tiro, con cafetín cool, galleteo, refrescos, el aire acondicionado bien frío, sillas, sonido, mesa de presentación, mesa para la venta de libros, etcéteras etcéteras etcéteras. Y es que el autor no solamente se fue por la libre en cuanto realizar la edición del libro él mismo; también pagó la impresión, la difusión y esta primera presentación. Sabedor -y viejo lobo de La Chontalpa- de que, si les dice a las “autoridades”, tal vez sí den la lana pero con la consigna de protocolizar todo y hacer de la presentación un acto “oficial” del paleozoico barroco politiquero tropical que los caracteriza. Eso me recuerda el gatillazo que lanza Ariel a Gerardo Gaudeano Rovirosa cuando le pregunta en una entrevista “¿Eres fresa?”, esas preguntar directas son las que atrapan, como si le preguntara a algún tlatoani de la Chontalpa ¿Cuánto piensas robar este año?

El evento estuvo chido, como en las llamadas a misa o a las fiestas va el que quiere. Fuimos cerca de 68 personas según conté, y no solamente eso: los personajes se le manifestaron al autor.

Presentaron el libro tres invitados, uno de ellos personaje incluido en Finísimas Personas: “El Taquero que leyó a platón”, un cardenense que lee, lee y lee y es de oficio taquero. Con modestia agradeció la invitación para presentar el libro, su mirada, su postura y sus gestos no eran las de un divo poeta de esos postmoderdistas que sienten que van a venir a dar cátedra. La postura del “Taquero que leyó a Platón” fue la de un personaje vivo que se había salido del libro Finísimas Personas para plantarse en la realidad de la presentación y expresar su admiración por estar del “otro” lado de la mesa, del “otro” lado de la realidad, y de que leer es un goce.

Ya después de los presentadores vino el uso de la voz para el autor. Agradeció la asistencia de corazón que se notaba y percibía que no éramos acarreados, y se arrancó dando algunas explicaciones sobre el formato del libro, la idea misma de compilar antes de que quedaran regadas esas entrevistas que en su mayoría son de aquél periódico de “cuyo nombre no quiere ni acordarse”, pero que agradeció (al periódico) que le hubieran dado el chance de escribir ahí, porque fue ahí donde se le soltó la pluma para cronar y narrar el estado que hoy nos ocupa y nos preocupa dijeran los “actores políticos”. También mencionó que en Cárdenas se lee, que él mismo lo ha comprobado al platicar con la gente del pueblo que tan inusual menciona este o aquel autor, sólo que esta “maña” por leer o hacer “cultura” no transita por el camino oficial de la educación.

Ariel también platicó la anécdota de su intentó de entrevista a Gabriel García Márquez cuando vino a Tabasco. Confesó lo nervioso que se puso cuando estuvo cerca de Gabo, y que, sabedor de que no daba entrevistas quiso entrevistarlo. Sin embargo Márquez comenzó a perder los estribos y quiso golpearlo, pero los separaron.  “…yo quería que me pegara, porque así iba yo a salir en los periódicos, golpeado por Gabo, un premio Nobel, después nos calmaron y el mismo Gabo me dijo: te hubiera dado la entrevista pero pusiste la grabadora sobre la mesa…” contó Ariel entre risas.

Insisto, la presentación estuvo chida, sin tanto chango oficioso. La etapa de “intervenciones” por parte de los asistentes fue el primer premio al autor. Ya para esto yo me había tomado tres cafés y me había comido medio paquete de galletas de Surtido Rico y también había comprado por segunda vez la novela No me preguntes nada…(Premio Bienal de Novela Breve Josefina Vicens 2008) y que estaba a la venta junto con el libraco Finísimas Personas.

La moderadora preguntó si alguien quería decir algunas palabras, y parecía que nadie, absolutamente nadie diría nada y que se iba a dar por concluida la presentación, cuando una mano penosamente se alzó, y luego otra, y otra, y otra, y otra. Lo que vi y oí no fueron paleros ni relleno, fueron invitados bajo la concepción antigua de la amistad, incluso algunos entrevistados que estuvieron enemistados con Ariel por haber puesto tales a cuales palabras en las entrevistas y le agradecieron su pluma, su neta y tiempo para el feeling en las conversaciones y las entrevistas. Yo como todo lo estaba escaneando desde la puerta de entrada vi que los asistentes eran como personajes, personajes de ficción -territorio que Lemarroy tambmién acostumbra y conoce- que estaban ahí, frente al autor que presentaba el libro de Finísimas Personas y en el acto lo homenajearon. Qué regodeo tan chingón pensé: estar el autor frente a sus propios personajes. Se sentía la vibra.

Terminó el último en “intervenir” y salí del lugar, sin saludar a ningún personaje, pensando: quedó con sus personajes, no son zombies como The Walking dead, son personajes vivos y eso es lo más chingón que le puede pasar a un autor.