La Fotografía en Tabasco
José Antonio Rodríguez / Arturo García Campos
(fragmento)

 

I.- Principio y lejanía

El 3 de diciembre de 1839 la corbeta “Flore” llegaba al puerto de Veracruz proveniente de El Havre, Francia, trayendo entre su carga los primeros anuncios de la fotografía en México: tres aparatos daguerrotipos destinado a los comerciantes Laverger Hnos. radicados en México. Y entre sus pasajeros al grabador y litógrafo Jean Francois Prelier el cual traía consigo algunos aparatos y quien imprimiría las primeras imágenes en territorio mexicano.

El mismo Jean Francois Prelier daría a conocer públicamente el invento a principios de 1840 en la ciudad de México, en la calle de Plateros No. 9, pocos meses después de darse a la luz pública el 19 de agosto de 1839 en Francia. Se inicia así un largo viaje hacia la aprehensión de la imagen en el país.

El Estado de Tabasco a finales de los años treinta y principios de los cuarenta del siglo XIX vivía un aislamiento debido en mucho a su ubicación geográfica, con tierras bajas inundadas la mayor parte del año, extensas selvas aun sin devastar y caminos intransitables dañados por las lluvias. La región era constantemente azotada por el paludismo y el cólera morbo, enfermedades ancestrales del trópico húmedo. A esto se agregaba que el Estado vivía conflictos internos con gobernantes fugaces. Situación ésta poco propicia y atractiva para el desarrollo conjunto.

A pesar de esto los barcos mercantes fondeaban las costas tabasqueñas provenientes del extranjero. Existiendo los aventureros que se adentraban más allá de la Villa de Frontera, sobre el Grijalva, 96 km. tierra adentro, a San Juan Bautista, capital del Estado. Una San Juan Bautista con una pequeña plaza principal, poquísimas casas de mampostería y teja, y muchas de carrizo y guano; con pequeños riachuelos que la cruzaban e inmensos pantanos que la rodeaban.

La capital de la República era un punto lejano al cual se llegaba transportándose a Veracruz en barco y de ahí a la metrópoli. A menos que se optase por los caminos de tierra inundados y perdidos entre la maleza.

Libro, La Fotografía en Tabasco de José Antonio Rodríguez / Arturo García Campos, 1986
Libro, La Fotografía en Tabasco de José Antonio Rodríguez / Arturo García Campos, 1986

Hacia 1842 los primeros estudios fotográficos se empiezan a instalar en la ciudad de México. El uso de la fotografía cobraba fuerza e interés entre una clase que contaba con los medios para obtener el aparato generador de imágenes y el tiempo para imprimir daguerrotipos sobre una placa de cobre, recubierta de plata. El aparato es así un nuevo personaje fascinante que se agrega con sus operarios, extranjeros algunos, y comerciantes nacionales los otros, a la escenografía de la Capital de la República.

Mientras tanto en Tabasco el artículo 190 de una legislación dada en 1841 permitía a todo extranjero que lo desease, adquirir tierras en propiedad. Este hecho pasajero es de relevancia –para nuestro estudio-, en tanto que permitía avecindarse en el Estado a todo tipo de extranjero; por tanto haciéndose un vínculo por medio de estos –comerciantes ricos principalmente- con el exterior. A pesar de no permitirse completamente privilegios para con este grupo.

Sin embargo el comercio extranjero poco a poco, sutilmente, a pesar de los signos en contra, en tanto se frena el incipiente monopolio, se va afianzando en el Estado. Se exporta precariamente en esos años, por medio del puesto de Veracruz y de los barcos que se adentraban a San Juan Bautista, cacao, palo de tinte, café, tabaco y pimienta. Estableciéndose una línea incipiente del comercio y de la transportación con el mundo de ultramar.

Este comercio con ayuda de la burguesía tabasqueña será el que hasta 1845 introduzca a Tabasco una flota mercantil de buques de buques de vapor, figuras claves durante cerca de 100 años de la vida en el Estado. Y quien inicia la navegación por el Grijalva y el Usumacinta hacia Nueva Orleáns, Nueva York y Europa.

Es uno de estos comerciantes, Luis Hargous, quien desde 1843 sus vapores surcaban las aguas del Estado, el cual posiblemente haya llegado con los primeros indicios de la fotografía a Tabasco. Ya que Hargous es uno de los primeros comerciantes que se conoce que traen el daguerrotipo a México procedente de Estados Unidos y quien, desde 1840, “se transforma en el principal intermediario de daguerrotipos norteamericanos”. Asentado en Veracruz sus nexos comerciales se extienden a la ciudad de México y a Nueva York (donde se encontraba la casa Hargous), y llegaron a Tabasco con sus buques de vapor.

Cabe entonces la posibilidad que algún aparato reproductor de imágenes haya llegado en estos años a Tabasco.

Aún más la invasión norteamericana a México (1846-1848) tuvo una infiltración por Tabasco. El comodoro Walter C. Perry bombardea con su escuadra de buques Frontera y San Juan Bautista en octubre de 1846. Es posible que entre sus marinos y soldados trajera algún operador del daguerrotipo. En tanto que de esta invasión en el norte del país existen pruebas del daguerrotipo impresas en Saltillo en el Museo de Ciencia y Arte de Yonkers Nueva York. Aunque en Tabasco es una suposición, ya que la fotografía se encuentra en plena expansión en los Estados Unidos y los operadores en muchos casos siguen a los ejércitos, pero de la cual no existen pruebas.

Tabasco terminará una década hacia 1849 con la peste del cólera haciendo estragos entre su población y con la instauración en 1850 del correo. Teniéndose hasta entonces por medio de éste una comunicación regular con otras zonas de la República.

Mientras tanto las principales ciudades de la República (Veracruz, Puebla y Guadalajara) contaban ya con estudios fotográficos. En la ciudad de México, ya con siete de ellos, el retrato era una moda de las clases pudientes.

II.- Los pioneros itinerantes

Por otro lado la fotografía cobraba fuerza y su técnica se desarrollaba en el mundo.

En Francia, Nadar hacía las delicias del público burgués representándolo en sus signos de suficiencia mediante el retrato. Y Disderi democratizaba la fotografía haciéndola accesible a otras clases sociales, acortando el formato y reduciendo su costo mediante las tarjetas de visita.

Y, en 1851, el colodión, por el cual se sensibilizaba una placa de vidrio con sales de plata, permitía obtener varias copias de una misma imagen, lo que no se obtenía del daguerrotipo en tanto que éste se imprimía en una sola placa metálica.

Tabasco a su llegada a la segunda mitad del siglo XIX continuaba con problemas de fondo y de antaño. La invasión norteamericana había hecho mella en la economía del país y en el Estado se sentían sus repercusiones. El comercio y las clases altas miraban con recelo la situación ya que los conflictos políticos internos continuaban, los gobernantes llegaban unos tras otros de tal forma que en 1850 hubo tres en un solo año.

Así, en esta situación se dan los primeros anuncios de la fotografía en Tabasco. El periódico oficial El Tabasqueño, en su edición del jueves 6 de mayo de 1852 en su sección de avisos anuncia:

Pintor y retratista al óleo y al Daguerrotipo

El que suscribe, pintor y retratista al óleo y al Daguerrotipo, tiene el honor de ofrecer al público sus servicios en ambas artes.

El precio de los retratos al Daguerrotipo será de cinco pesos siempre que se saquen de (sic) su habitación, cita en la calle Nueva frente a la casa de los señores Salas lo otros serán a precios convencionales.

José D. Gómez

Esta noticia se dio cuatro veces más durante el mes de mayo. De José D. Gómez, experimentador del invento y posiblemente miembro de la clase acomodada que realizaba viajes itinerantes al interior del país o bien quizá tabasqueño, no se volvió a saber de él.

Es singular la característica de ese pionero en el Estado, en tanto se dividía entre la pintura y la aprehensión de la imagen por medio del Daguerrotipo. Dilema ambivalente zanjado años antes en otros lugares en donde la fotografía se definía ya como un medio particular. Con un tiempo mínimo de pose y una mayor nitidez de líneas.

Mientras tanto el comercio extranjero en Tabasco, clase propulsora de la fotografía en México, hacía llegar al puerto de San Juan Bautista, ese mismo año, un daguerrotipo; anunciado en El Tabasqueño del 19 de diciembre de 1852 en su parte mercantil: “Noticia del cargamento que condujo de Nueva York el Bergantín goleta americano Walter Witch su capitán Meltiah Jordan, entrado en este puerto el día 3 de diciembre de 1852 a la consignación de D. Pablo Sastré Masas”. Que entre fardos de estopa, cajitas de tinta y cajas de bacalao venía “1 cajita de daguerrotipo” destinada a Pablo Sastré y Masas, vicecónsul de España en Tabasco.

La burguesía extranjera asentada en Tabasco se encuentra, así, al tanto de las noticias del daguerrotipo y es ella precursora y poseedora de un invento que llena sus ratos de ocio y que la representa.

La década de los cincuenta del siglo XIX en Tabasco se nos muestra como un tiempo en el cual la fotografía inicia su expansión por el Estado. Por un lado los comerciantes introducen el daguerrotipo el cuál traía sus instrucciones, haciéndose tímidos operarios de una máquina sencilla pero fascinante, por otro comenzaron a llegar a la capital del Estado fotógrafos viajeros que cargaban con todo el equipo (piénsese en el peso del equipo de entre 60 y 80 kilos, además de que la fotografía responde de forma muy sensible a las condiciones climáticas y luminosas. En esta época el colodión hace su manejo difícil: con el calor se forman ámpulas y con el frío se seca. Si no se realiza su manejo con cuidado se daña, por tanto, el negativo como el positivo) y que  instalaban estudios improvisados en casas alquiladas.

En 1857, el año que se promulgan las leyes de Reforma las cuales son acatadas en Tabasco mediante Justo Álvarez Valenzuela comandante de la entidad, nombrado por Comonfort, ya existían en San Juan Bautista dos estudios fotográficos los cuales se daban a conocer mediante la sección de avisos del periódico oficial El Grijalva:

DAGUERROTIPO

El que suscribe tiene el honor de avisar al público que hallándose de regreso en esta ciudad, vuelve a ponerse a las órdenes de sus habitantes de quienes ha recibido las mejores muestras de aprecio.

Habiéndole llegado de Europa un nuevo surtido de objetos para dichos retratos del mayor gusto y lujo conocidos, ofrece hacer éstos a precios muy moderados. Ofrece también que si algunas señoras no quisiesen concurrir a sus casas a retratarse, siempre que se reúnan en número necesario en la casa que ellas entre sí convengan hacerlo, tendrá el mayor gusto de pasar a donde se le indique. Siempre es muy esencial que el traje de las señoras, para retratarse sea el más oscuro.

Desde las siete de la mañana hasta la cinco de la tarde, está a la disposición de sus apreciadores en la casa esquina de D. Juan Ignacio Marchena.

Juan Van Buskirk.

La luz natural en estos años as un elemento necesario para la impresión de la imagen y la cual es aprovechada por el señor Juan Van Buskirk en su horario de trabajo (“Desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde”). Un recurso que determinaba las visitas de las señoras en el calor del trópico a ir vestida de oscuro. Nada importa. Si se realzaba su prestancia de la cual son poseedoras. En la ciudad de México para aprovechar este recurso los fotógrafos subían a las azoteas o bien se instalaban en salones iluminados como enormes vidrieras. La utilización de este requerimiento para retratos de estudio prevaleció en Tabasco hasta principios del siglo XX.

Otro fotógrafo anunciaba sus servicios en nov de ese mismo año:

Daguerrotipo

El que suscribe avisar al público que le acaba de llegar de los E. Unidos una famosa máquina y todos los necesarios para retratos los cuales sacará al gusto de cada uno, desde tres a doce pesos.

Calle nueva, casa del Sr. Rejil.

Juan Rush.

El retrato es, pues, en estos años el trabajo más solicitado, con un altísimo precio (“desde tres a doce pesos”) por impresión. El interés era la figura humana. O con ella. El retrato o aprisionará en la pose, en los gestos, en las actitudes, lo que jamás volverá a repetirse. Transformando así “el sujeto o en objeto o e incluso, si cabe, en objeto de museo” (Roland Barthes).

Estos estudios y sus fotógrafos (extranjeros con nombres castellanizados) es de suponerse que estuvieron poco tiempo en la capital del Estado ya que nuevamente el cólera morbo en 1857 arrasaba con la población y la plaga de la langosta con su agricultura.

Es así como la situación geográfica del Estado explica en mucho el por qué los fotógrafos durante el siglo XIX en Tabasco hayan trabajo temporalmente con una clase social que de todas formas era reducida. Sin embargo la necesidad de la fotografía prevalece ya que las colonias extranjeras como la francesa y principalmente de la española que contaban con su viceconsulado en Tabasco hacían de ésta una necesidad. Y al comercio estatal no se quedaba atrás.

Mientras tanto la zozobra política continuaba en Tabasco. La intervención francesa en 1863 fue bien vista por el comercio extranjero y las clases acomodadas en el Estado. Ya que obtendrían aún más privilegios por la instauración de una monarquía extranjera. Estas clases encontraban en medio de selvas, ríos y calor unidos espiritualmente a París y a sus novedades cosmopolitas. En 1864 –año de la llegada de Maximiliano de Habsburgo-, en la ciudad de México, se encuentra en gran auge la fotografía. Los estudios empiezan a proliferar y adquiere importancia el oficio fotográfico. El ir a posar ante el fotógrafo es ya una costumbre imprescindible entre las buenas familias.

Tabasco iba teniendo en las últimas décadas del siglo XIX un desarrollo paulatino a contracorriente. Sin embargo su capital se iba conformando satisfaciendo muchas de sus necesidades. A finales de 1873 llega el telégrafo a San Juan Bautista y los fotógrafos siguen llegando y yéndose como el señor Cornelis que recomienda el diario La Reforma:

Fotografía

Hacemos una especial recomendación del muy inteligente fotógrafo Juan P. Comelis cuyos trabajos se han merecido los elogios de personas competentes y como sabemos que permanecerá entre nosotros por breves días para volver al Estado de Oaxaca en donde reside tenemos el gusto de anunciarlo a la sociedad tabasqueña, siendo el señor Comelis muy digno de nuestra especial recomendación.

Es de esperarse que el inteligente Sr. Cornelis no haya asistido a la inauguración del Instituto Juárez en 1879, que abría nuevos caminos a la educación formal en el Estado, y anunciaba ya el advenimiento de un nuevo siglo.

El comercio mientras tanto se encontraba en gran auge. Las mercancías continuaban llegando directamente de Europa y Estado Unidos en los barcos de vapor que atracaban en los muelles de San Juan Bautista, (a pesar de que la aduana marítima se haya trasladado en 1871 a Frontera).

Los productos comerciales son anunciados con gran algarabía (“¡YA LLEGÓ! el nuevo surtido de novedades procedentes de París, Londres, Manchester y Hamburgo…”) llegando a ocupar media página del periódico oficial.

Tomado de “La Fotografía en Tabasco” publicado en julio de 1986 por el Gobierno del estado de Tabasco. Tabasco, México. El libro, de portadas en pasta dura y 48 páginas. La reproducción del fragmento del texto, portada e interiores se reproducen sin fines de lucro, únicamente buscando la divulgación de la historia de la fotografía en Tabasco