El presente trabajo lo llevamos a cabo durante los años de 1985 y 1986 y lo enriquecimos con algunos datos que hemos encontrado en investigaciones más recientes sobre el tema. Helo aquí:

El maravilloso invento de Daguerre, antecedente de la fotografía, llega a Tabasco en 1852, a escasos 13 años de haberse dado a conocer por primera vez en Europa. Es el señor José D. Gómez, pintor y daguerrotipista según se anunciaba en un periódico tabasqueño a partir del mes de mayo de dicho año, quien se establece en San Juan Bautista y en su estudio o taller ubicado en la Calle Nueva, hoy calle Narciso Sáenz, en el corazón de la ciudad, hacía daguerrotipos con un precio de cinco pesos de los de aquellas época. Es una pena que no tengamos conocimiento de algún daguerrotipo que haya sido hecho por este artista, sin lugar a dudas, pionero de la fotografía en Tabasco.

En mayo de 1857 se anunciaba en San Juan Bautista el daguerrotipista Juan Van Buskirk, y en septiembre, hacía lo mismo Juan Rush, quien informaba que el precio de los daguerrotipos que ofrecía, variaba de tres a doce pesos, cada uno.

En 1861, Cayetano Scardino, ofrecía al público sanjuanero, ambrotipos y melanotipos. Y en 1870, Domingo Sosa anuncia su gabinete fotográfico. Para 1878, Juan P. Cornelis ofreció sus servicios fotográficos en San Juan Bautista y al año siguiente se anunciaba a un Sr. Figueroa, del que no se publicó el nombre completo.

Las personas acomodadas que podían darse el lujo de viajar fuera del estado, se hacían retratar en Mérida, en la ciudad de México o en Nueva Orleans, E.E.U.U. Es hasta 1890 aproximadamente, que aparece en la escena casi aldeana de la vieja San Juan Bautista, don Manuel de la Flor, sin hipérboles, el más grande fotógrafo que existió en Tabasco a fines de siglo XIX e inicios del XX. Él fotografió a toda la sociedad tabasqueña, principalmente de la capital del estado, así como los sucesos más relevantes en nuestra patria chica, como las fiestas del Centenario de la Independencia Nacional y algunos episodios de la Revolución Mexicana en Tabasco.

El niño Carlos Pellicer, retratado por Manuel de la Flor, "el más grande fotógrafo que existió en Tabasco a fines de siglo XIX e inicios del XX".
El niño Carlos Pellicer, retratado por Manuel de la Flor, “el más grande fotógrafo que existió en Tabasco a fines de siglo XIX e inicios del XX”.

De la Flor retrató a los dos más grandes poetas nacidos en Tabasco: Carlos Pellicer Cámara y José Gorostiza Alcalá, en sus primeros meses de vida, en una artística concha de utilería, con pasto alrededor, para hacerlos aparecer como Niños Dios de un imaginario nacimiento, pues era costumbre, antaño, que los niños más hermosos representaran el papel de Jesús niño, en las festividades de carácter religioso durante la Navidad. Sus excelentes fotografías nos impresionan gratamente por el buen gusto que en la composición, supo imprimirles.

En 1901 o 1902, estuvo en Tabasco el famoso fotógrafo norteamericano Charles B. Waite, de quien conocemos espléndidas tomas de calles, edificios, plazas y de las orillas del río Grijalva, tanto de San Juan Bautista, como de Frontera. No sabemos si haya fotografiado otras poblaciones tabasqueñas.

En 1903, el gobierno del estado firma un contrato con Elías Ibáñez y Señora, quien entregaría a su contratante “setenta vistas esteoroscópicas de los edificios públicos y lugares que se designarán por la Secretaría General del Despacho, según pormenor que ésta le pasará, y que será variable de común acuerdo; entregando dicho señor al Gobierno media docena de cada vista.” Estas fotografías fueron enviadas a la Exposición Universal de San Luis Missouri, EE.UU., por las que el gobierno estatal obtuvo una medalla de plata.

En los años de 1912 a 1914, se dan a conocer en San Juan Bautista los hermanos Illán, buenos fotógrafos, que proveían de material fotográfico a quienes editaban la magnífica revista literaria “Tabasco Gráfico”. Es en esta publicación donde encontramos, además de sus bellas fotos, anuncios ofreciendo al público tabasqueño sus servicios. A estos artistas de la lente, como más adelante a S. Calao, les tocó en suerte, registrar fotográficamente mucho de los sucesos de la Revolución.

Años después, don Jaime Tirado, captó con maestría, bellas vistas de varias poblaciones del estado y diversos acontecimientos de la vida tabasqueña, principalmente las famosas “crecientes”. Por estos años también captó muy buenas imágenes de nuestro entorno, don Jesús de la Fuente.

En los años treinta del siglo XX, el excelente fotógrafo italiano José Manfredini, ofreció sus servicios a la sociedad villahermosina. De este artista de la lente, hemos podido conocer algunos de sus magníficos trabajos.

Al popularizarse las cámaras fotográficas de pequeñas dimensiones y de fácil manejo, que usaban películas que podían mandarse a revelar en casas especializadas ya establecidas en Villahermosa, la otrora San Juan Bautista, el auge de la fotografía permitió que aparecieran los fotógrafos aficionados, que empezaron a utilizar sus cámaras, para tomar fotos de paisajes, de personas, animales o plantas, con cierto sentido artístico.

Ya en esta época, cuando cualquiera podía hacer fotografías, aparece en Villahermosa un fino y excelente fotógrafo: don Carlos Cortina. Don Carlos llenó toda una época en Tabasco. No hubo reina del carnaval, novia o quinceañera, que no retratara. Sus fotografías de estilo sobrio, elegante, de hermosos claro-oscuros, hábil y delicadamente coloreadas a pincel, adornan todavía las paredes de muchos hogares tabasqueños. Fue un verdadero profesional que conocía a fondo todos los secretos de la fotografía.

No podemos dejar de nombrar a otro gran artista de la lente: José Bibiloni. En los años cincuenta y parte de los sesenta, fue, por decirlo así, el fotógrafo de moda. Él hizo los retratos de las candidatas a reina del carnaval de aquellos tiempos. Recordamos con admiración los de Gianinna Gervasi Santiago y los de Irma Trujillo García Mora. En ellos, logró captar algo más que la sola belleza física de sus modelos, raro efecto pocas veces observado en fotografías comerciales. Bibiloni aprendió los secretos del oficio con el fotógrafo italiano José Manfredini, de quien nos ocupamos líneas arriba.

En la actualidad, tomar fotografías ya no es difícil. Pueden adquirirse cámaras tan perfeccionadas que casi ellas hacen todo. Pero hay que distinguir entre tomar fotografías simplemente, y obtener verdaderas obras del arte fotográfico. Para esto último se necesita algo más que una buena cámara y su perfecto conocimiento; es indispensable, que quien oprima el obturador tenga alma de artista.

Con las anteriores notas, no pretendemos hacer una historia exhaustiva de la fotografía en Tabasco, ni un inventario de todos aquellos que se dedicaron y se dedican a la noble profesión de fotógrafo. Los datos que hemos expuesto, son los que conocemos y deseamos que también sean del conocimiento de nuestros amables e hipotéticos lectores. Si hemos omitido algunos nombres de los pioneros de la fotografía en Tabasco, es porque, sinceramente, los desconocemos; no quiera verse en ello mala fe o deseo de menospreciar a nadie. Si más adelante obtenemos mayor acopio de datos sobre el tema, ya habrá oportunidad de darlos a conocer en estas mismas páginas.

Es todo por hoy, amables e hipotéticos lectores, les invitamos a leernos el próximo viernes en este mismo espacio de su diario vespertino favorito, “El Correo de Tabasco”, si los hados nos resultan propicios y el destino no nos alcanza.

 

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Jorge Priego Martínez nació en Frontera, Tabasco, en 1940. Es investigador desde hace más de 30 años de todas las manifestaciones culturales de su estado natal; fue director por más de 10 años del Suplemento Cultural del diario Novedades de Tabasco. Premio Estatal de Periodismo en la categoría de ensayo en 1991 y es autor de los libros El zapateo tabasqueño, La décima en Tabasco, Tabasco, la mejor tierra que el sol alumbra, Origen y significado del Escudo de Tabasco, Anecdotario tabasqueño y el poemario Viaje de arena. Tiene en preparación: Historia de Frontera e Historia del teatro y los teatros en el Tabasco decimonónico. El H. Ayuntamiento de Centla lo distinguió como Hijo Predilecto del municipio en el año 2001 y como Ciudadano Distinguido en 2006. Al museo de la navegación del puerto de Frontera se le dio su nombre en el año 2003. Actualmente es director del Archivo Histórico del Poder Ejecutivo del Estado.