Delicada espuma de diosas, foto de Héctor Larico
Delicada espuma de diosas, foto de Héctor Larico

De entre todo lo que diosito ha creado para alimentarnos, el cacao, sin duda alguna es uno de sus más grandes éxitos; cito para validar la afirmación, a pedos serios de investigación documental y no a amaneraditos hacedores de trufas ¡ay! Así, el cacao no sólo es todo lo ponedor que ustedes ya saben que es -súper mencanta, nopares, masrápido, aybuuuuurris y todo lo demás- sino que lo mejor de todo, es que tiene más antioxidantes que cualquier otra creación divina existente sobre nuestra amada esfereta. También es sabido por quienes saben, que el mejor cacao del mundo mundial -de nueva cuenta me remito a investigaciones serias- es el que se produce aquí en el edén tabasqueño, en las tierras medias, al sureste de México. Pues bien, esta mañana El Gran Héctor Larico visitó el mercado Pino Suárez, conoció a María una nena tuentiañera, recontra pawer, de a ocho horas como mínimo, dueña de un yo no sé que que sé yo, y que sonreía con todas sus comalcalquenses partes, mientras amorosa me prestaba su molino artesanal para que yo mismito moliera unos cuantos puñados de los más hermosos granos tostados y selectos, del cacao tabasqueño; ¡uf!, no mamen, me vine mismo gos la sombra del amor, pero versión amcomin-amcomin. Así que ahora – ya repuesto – quiero dar las gracias a Tabasco por un día de putamadre; gracias a los hermosos antioxidantes súper wow que ahora mismo están desfilando, llenos de algarabía por entre las aún misteriosas rutas de mi sistema digestivo; gracias también al Pino Suárez por tanta onda recontra real y sin adornos pusi-pendejos; pero sobre todo, quiero darte las gracias a ti María de Larico por levantarme en fa absolutamente todo, cosita buena, cosa bien hecha, yo antes de ti, mamacita, amén!