Memoria del olvido

De acuerdo con los trabajos efectuados por diferentes estudiosos del tema, la historia de la ciudad de Villahermosa se remonta hasta el año de 1519, cuando los españoles se asientan por primera vez en un lugar que nombran Santa María de la Victoria, con el apoyo que cincuenta vecinos españoles, treinta y seis encomenderos y multitud de indígenas chontales, para lo cual seleccionaron el asentamiento conocido anteriormente por la población local como Potonchán, ubicado cerca de la costa, por la desembocadura del Río Grijalva, correspondiente quizá a los sitios de Centla o Tabasquillo.

Debido a que la villa sufría los embates de diferentes enfermedades y una baja económica, Hernán Cortés encomendó en 1525 a uno de sus lugartenientes -identificado como Vallecillo-, a que reubicara en otro punto el poblado. En esta ocasión, Santa María de la Victoria se situó río arriba de la boca del Grijalva, a la orilla del arroyo conocido en la actualidad como El Coco, que muy seguramente corresponde a la corriente de agua Taxahual, que menciona la Relación Geográfica de la Villa, escrita en 1579 (Izquierdo 1995:14-15, 22-29; Alver de Soria et al. en Relaciones Geográfica de la Gobernación de Yucatán, 1983: 415-432).

Dicho asentamiento experimentó entre 1525 hasta 1603-1605, una serie de acontecimientos tales como problemas por la carencia de metales o piedras preciosas que explotar, encomiendas restringidas, un desarrollo difícil debido al medio geográfico en el que se situaba (clima cálido húmedo, densa vegetación y terrenos inundables) inquietud por la presencia mayoritaria de indígenas chontales no pacificados por completo, así como problemas internos de los propios españoles en su ambición por mantener cotos de poder (tierras, prebendas y gente). Aunado a lo anterior, los ataques piratas diezmaban los bienes y la tranquilidad de los colonos.

Por tal razón, Don Diego Quijada, Alcalde Mayor de Tabasco, llevó algunos españoles pobres a un sitio conocido como Tres Lomas, donde trazó un nuevo poblado que llamó Villa Carmona, la cual fue dividida en solares desde fecha temprana; pero esta, no habría de cristalizar sino hasta 1961, cuando se autorizó en definitiva la mudanza a la incipiente localidad que se llamaría finalmente: San Juan Bautista de Villahermosa (Izquierdo op. cit. págs. 13-29). Sin embargo, además de los antecedentes mencionados, el enclave final de Villahermosa, posee una historia anterior al siglo XVI, de la cual se hablará brevemente a continuación.

Arqueología en la Ciudad de Villahermosa

Si bien será interesante en un futuro hacer una investigación de arqueología histórica –con apoyo documental- sobre la localización exacta de los asentamientos de las primeras fundaciones de Santa María de la Victoria –como ya lo sugirió la Mtra. Izquierdo (op. cit. pág.:23)- también es importante excavarles, con el propósito de obtener los materiales culturales que permitan establecer el modo de vida que tenía lugar en aquellas primeras villas españolas en el Nuevo Mundo, siendo posible entonces, que conozcamos a la gente que habitó originalmente los terrenos en que ahora se localizan nuestras casas, escuelas, jardines y centros comerciales, en suma: el espacio que actualmente ocupamos. Estudios que resultan en información muy interesante, tal y como ya se ha evidenciado en exploraciones de la Villa Rica de la Veracruz (Hernández 1989: 217-242).

En Villahermosa se distinguen claramente algunas ocupaciones de origen prehispánico, ya sea a través de la presencia de montículos de tierra artificiales –completamente erosionados o destruidos por el crecimiento urbano-, así como por las concentraciones de cerámica y piedra, en colonias como la Guadalupe Borja, Tabasco 2000 y Atasta de Serra (Cuevas, comunicación personal 1977).

Como se mencionó en el párrafo anterior, el desarrollo urbano ha sido un factor primordial no solo en la drástica modificación de la arquitectura original, el trazo de las calles e incluso el entorno geográfico de la ciudad, sino también en la paulatina desaparición de las plataformas de tierra construidas por la población prehispánica que seleccionó vivir en estas latitudes, mucho tiempo antes de la llegada de los europeos a territorio americano. Por ello, solo a través de los rescates arqueológicos hechos dentro de los linderos de la ciudad de Villahermosa, es como se han obtenido algunos materiales culturales y datos que nos permiten conocer de forma muy preliminar algunos aspectos de la población prehispánica de entonces.

Samarkanda, Tabasco 2000

Como es lógico suponer, la gente que habitaba el área antes de 1521, requería edificar sus viviendas en alto, esto es, sobre montículos o plataformas de tierra que les permitieran mantenerse alejados de las crecientes que tenían los ríos Grijalva y Carrizal, además de los posibles desbordes de los cuerpos de agua aledaños, que en ambos casos propician el anegamiento o inundación mayor del terreno. Dichas plataformas se edificaban sin un orden específico, como en el caso de los “cerritos” que existían por el área donde confluyen las actuales Avenidas de Prolongación 27 de Febrero y Samarkanda.

Durante los rescates arqueológicos efectuados en tal punto (Padilla et. al. 1994 y Armijo 1996), se han localizado materiales cerámicos que evidencian una ocupación de filiación con la cultura olmeca, por ejemplo en la presencia de una tipo cerámico diagnóstico del sitio arqueológico de La Venta (de cocción diferencial y una incisión paralela al borde), así como figurillas de temporalidad preclásica ubicados entre el 1,000 al 600 antes de nuestra era; igualmente, el hallazgo de materiales comunes a aquellos excavados en Comalcalco, nos remiten a la presencia de una población chontal, cuya temporalidad va del Periodo Clásico Tardío al Terminal, que cubre un lapso entre los años 600 al 1,000 de nuestra era, lo cual indicaría la presencia de un asentamiento olmeca hace más de 2,900 años, y otro más reciente, que tendría alrededor de 1,000 años, siendo este último de rasgos mayas. Desafortunadamente, no ha sido posible definir las características específicas de cada uno, ya que el tipo de excavación, en áreas reducidas y tiempos cortos, además de ser contextos muy alterados –por remociones de tierra- impide obtener información más específica.

No obstante, con base en los materiales de filiación maya, puede hablarse de la existencia de personas que utilizaban básicamente una cerámica identificada como doméstica, pues el material de manufactura es de grano grueso y tiene un acabado sencillo sin mayor detalle y mínima decoración, observándose de este tipo, cazuelas de boca amplia –que ahora se conocen en áreas rurales como hornos- y ollas, ambas utilizadas para la preparación y almacenaje de alimentos, además, se localizaron fragmentos de algunos cajetes empleados para el servicio o consumo de comida. Sólo se encontraron escasos restos de cerámicas de la categoría definida como fina, las cuales implicarían un mayor nivel en la escala social de los individuos a quienes pertenecían los objetos excavados.

Hubo evidencias también de manos y metates de piedra, implementos básicos para la molienda del alimento principal de las culturas prehispánicas: el maíz. Igualmente, se localizaron pesos de red hechos con pedazos de cerámica desgastados en los costados formando una especie de ocho, que indican que la población local recurría a la pesca para complementar su dieta alimenticia. Tales datos nos señalan también, que en el área pudo existir una comunidad ribereña, que debía utilizar como medio de transporte fundamental las vías fluviales, tal y como lo narra el mismo Hernán Cortés o Bernal Díaz del Castillo, quienes asientan que los indígenas residían en poblados ubicados sobre terrenos altos, dispersos, entre “ciénega y  ciénega”, siendo su único medio de comunicación entre las densas selvas y extensos bajos anegados, los ríos y arroyuelos que fluyen en una intrincada red por todo el territorio del Tabasco contemporáneo.

Bibliografía

Armijo Torres, Ricardo. 1996. INFORME PRELIMINAR DEL RESCATE ARQUEOLÓGICO DE SARMARKANDA, TABASCO 2000. Manuscrito en archivo de autor.

Cabrera Bernat, Ciprián Aurelio. 1987. VIAJEROS EN TABASCO: TEXTOS. Biblioteca Básica Tabasqueña 15, ICT, México.

Chamberlain, Robert S. 1982. CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE YUCATÁN 1517-1550, Editorial Porrúa, México.

Garza, Mercedes de la, et al. Editores. 1983, RELACIONES HISTÓRICO GEOGRÁFICAS DE LA GOBERNACIÓN DE YUCATÁN, Vol. II, Centro de Estudios Mayas, UNAM, México.

Hernández, Judith. 1989, “Excavaciones recientes en la Villa Rica de la Veracruz”, ARQUELOGÍA No. 5: 217-244, Dirección de Monumentos Prehispánicos, INAH, México.

Izquierdo, Ana Luisa.

-1987, “Santa María de la Victoria. Historia del primer asentamiento español en Tabasco” MEMORIAS DEL PRIMER COLOQUIO INTERNACIONAL DE MAYISTAS, UNAM, págs. 915-927, México.

-1995, EL ABANDONO DE SANTA MARÍA DE LA VICTORIA Y LA FUNDACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA DE VILLAHERMOSA, Centro de Estudios Mayas, UNAM, México.

Padilla, Judith. 1994, INFORME FINAL: RESCATE ARQUEOLÓGICO DEL SITIO SAMARKANDA EN LAS TIERRAS BAJAS NOROCCIDENTALES DEL AREA MAYA EN VILLAHERMOSA, TABASCO, manuscrito en archivo del Centro INAH-Tabasco.

*El presente texto sobre la arqueología en Villahermosa se publicó por primera vez el año 1997 en la revista Totoj ts’aji del Cecyte-Tabasco, en coautoría con Ricardo Armijo Torres, quien efectuó las excavaciones en el sitio de Samarkanda en Tabasco 2000. Ocupó las páginas 10 a 12 de la revista que pertenece al archivo de la autora, a quien agradecemos por permitirnos acceder a el.

 

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Mtra. Miriam Judith Gallegos Gómora nació en la Ciudad de México. Es arqueóloga por la ENAH, maestra en Restauración Arquitectónica de Monumentos Históricos por la ENCRYM, tiene estudios completos del doctorado en Antropología por la UNAM y es doctora en Educación por el Centro Internacional de Posgrado. Actualmente es Profesor Investigador del INAH-Tabasco y titular de dos proyectos de investigación financiados y autorizados por el INAH: Proyecto arqueológico Jonuta y Mujeres prehispánicas e indígenas yokot’an. Gallegos Gómora es considera una de las especialistas destacada en arqueología maya; figurillas y rol social de la mujer prehispánica. Desde noviembre de 1994 radica en Tabasco, donde labora para el Instituto Nacional de Antropología e Historia. En 1993 recibió el Premio Francisco de la Maza.