24 de junio Raúl Zepeda Santa Anna, nació el 3 de febrero de 1880 en Macuspana, Tabasco. Estudio en el Instituto Juárez. Se dedicó al periodismo, colaborando en los diarios “El radical”, “El monitor tabasqueño” y muchos otros de la época, con plumas como la de José María Bastar Sasso. Alguno de estos versos aparecieron por vez primera en diarios de la época y fueron conjuntados en un libro, gracias a la insistencia de don Francisco J. Santamaría, quien opinaba que “Raúl Zepeda es un verdadero valor de la provincia y un representante redivivo del juglar de los siglo de oro o del vate popular de las épocas modernas y contemporáneas”. Creo que la lectura de estos romances celebran en gran medida el aniversario de la antes San Juan Bautista.

 

 

Romances de las primeras colonias de Villahermosa

Raúl Zepeda Santa Anna

 

 

 

La Colonia Tamulté de las Barrancas

 

Al Prof. Hilario J. Olán G.

 

Hay un sitio distante y espacioso

en Villahermosa, la ciudad querida,

Tamulté, gran paraje delicioso

de frescura, de luz, de aire y de vida.

 

Si nos cercan funestos desalientos,

si el calor en verdad no lo aguantamos,

un camión nos ofrece sus asientos

y a ese lugar al punto nos marchamos.

 

Allí un rico chorote nos recibe

con un dulce de coco amelcochado,

mientras el pistují nos da el ¡quién vive!

a través del boscaje perfumado.

 

Allí se ocultan tiernos los bohíos

y las huertas con árboles frutales,

donde incitan al diente, sin desvíos,

jonduras y ciruelas estivales.

 

Allí, donde una iglesia sorprendía

con sus soberbias torres a la entrada

de lo que pueblo se llamara un día,

con su actual superficie mesurada.

 

Es siempre en Tamulté muy concurrido

el tres viernes. Los pitos y tuncules

dan al aire su acento, precedido

por el perfume de los guayapules.

 

Y en un jacal metido el señor Cura

hace su agosto como cualquier dueño

de cualquiera garita. El fiestón dura

hasta cuando la noche frunce el ceño.

 

El “Juan Graham Casasús”, gran sanatorio,

separa, pero mira como a hermanos

a Tamulté y Atasta, en desposorio

con unas tierras libres de pantanos.

 

Por eso hay un “Estadio”, aunque inconcluso,

en aquesta colonia tamulteca

cuyo nombre manido por el uso,

es “tierra de labriegos”, en azteca.

 

Y es un hecho que tal colonia hoy día

dentro de la industria, y en ambientes laicos,

tiene a más de una gran ladrillería

fabricación de clásicos mosaicos.

 

Tamulté justamente se envanece

de haber sido refugio del amado

maestro claro, quien el caso ofrece

de un poeta con música enterrado.

 

Buen número de calles y tienditas

entrelazan y cruzan el asiento,

de este albergue en que suelen darse citas

los novios en feliz esparcimiento.

 

¡”Salvador Alvarado” y “Manuel Díaz

Prieto”, san nombre respectivamente,

a un parque impugnador de tiranías

y a una escuela haz de luz para la mente!

 

En línea recta alárgase y termina

al borde del famoso Mezcalapa,

la ya multicitada y muy ladina

colonia de la cual existe un mapa.

 

 

 

La Colonia Atasta de Serra

A Jesús J. Padrón Jiménez

 

De todas las colonias de Villahermosa,

ninguna en poderío llégale a Atasta

que el apellido Serra porta orgullosa

y la que en todo tiempo sola se basta.

Cerca de quince hectáreas forman su suelo

por donde se descubre –cristal joyante-

uno y otro discreto, lindo arroyuelo

que el ánimo cautiva del caminante.

Lugar de regias quintas, la que se nombra

“Las Blancas Mariposas”, luce a la entrada

con su puente y muy verde grácil alfombra

dándole paso a un Chucho, león sin barbada.

San Sebastián ha sido siempre el patrono

de lo que en otros tiempo se llamó villa

y la que ahora parece que se dá tono

con un parque encantado que chilla y chilla….

Multitud de comercios y un buen mercado

y coches y camiones en movimiento,

en una Babilonia verán cambiado

a este sitio en que todo marcha en aumento.

Tiene al presente un circo y a más un cine

y un salón para baile nombrado Estrella

y cuando Dios permita que se termine

tendrá una nueva Iglesia realmente bella.

También tiene en su calle la más patricia,

Sucursal de correos, taller mecánico

y Fábrica de pastas alimenticias

y “Tres Negritos” célebres que causan pánico.

En lo que se conoce por “Quinta Roja”

a la que Sánchez Mármol dio nombradía, una importante escuela feliz se aloja

dándole a esta colonia más jerarquía.

A ésta que principia cerca a la Zona

Militar, y termina llegando al río

Carrizal, su amigote que la corona

con las flores de pascuas que orla el rocío.

Por las calles de Atasta ya no es frecuente

encontrar con su enagua de arandelones,

su camisa bordada, su aire sonriente

y en temblor fascinante sus dos pezones,

a la indita de roja, real gargantilla,

y oliendo a comunista jabón de bola

con el que aún se baña junto a la orilla

del pozo la aborigen con su pipiola.

Atasta es pueblo limpio, nadie lo niega,

y su aspecto es alegre como la aurora

y a su seno no llega tarde quien llega

y es pródiga su fauna, también su flora.

Su nombre es en azteca “lugar de garzas”

y su histórico y alto chicozapote

en medio a las contiendas y humanas farsas

fue un testigo sin lengua y un monigote.

Aquí es lumbre el verano pero es hermoso

porque ilumina cuadros, tipos y escenas

que en la mente derraman fresco reposo

aunque el sol atasteco infle las venas.

De todas las colonias de Villahermosa,

ninguna en poderío llégale a Atasta

que el apellido Serra porta orgullosa

y la que en todo tiempo sola se basta.

 

Junio de 1945

 

 

La Colonia Del Águila

 

 

Arquímedes fue un gran genio

que inventó una gran palanca

la que por desgracia suya

jamás le sirvió de nada.

Hoy conocemos algunas

que sin ser de tanta fama,

son de utilidad inmensa

a quienes saben usarlas.

Tenemos el primer término

la desvergüenza y la audacia

que las mayores alturas

con facilidad escalan

en tanto que esta colonia

por su medios se levanta,

puesto que tiene a su borde

la carretera de Atasta

y un “Ranchito” productivo

más que una lechera vaca,

y una tienda de abarrotes

la “Providencia” llamada

y una radio- transmisora

de prodigiosa eficacia

y varios centros espíritas

que hacen fiestones de aplaca,

san Apapucio tu fiebre

dentrás de cada enrramada

y la música de viento

y caldos y chorotada.

También tiene la colonia,

el gran “Jardín de las Damas”,

salón de baile los sábados

en que las bombas no faltan

a través del zapateo:

“no te extiendas verdolaga,

recógete un poquitito

que la huerta no es tan grande

ni el hortelano tan rico”.

Y la moza con voz clara:

“Si las pisadas que doy

tuvieran lengua y hablaran,

más de dos y más de cuatro

te escupieran en la cara”.

Mientras, en el cabaret

que nómbrase así: “A la Habana

me voy”, vibra la doliente

marimba “Rayos del alba”,

y corre, que es un contento

la cerveza carta blanca,

la corona, la dos equis

y otras prestigiadas marcas,

y las criollas vampiresas

a los mozos abrazadas,

en un danzón muy movido

hasta les patina el anca.

De modo que es pura música

la colonia, la “Del Águila”,

que añora a Doña Delfina,

la que así se apellidaba,

viuda de Ruiz; y antes dueña

de una tierra abandonada,

hoy la pícara Colonia

que con cerveza se baña

dentro de sus tres secciones

y nueve calles en Jauja,

con sus cocos y caimitos

sus nances y sus naranjas

y otros frutos deliciosos

que la elevan y la realzan.

Poco más de tres hectáreas

mide esta Colonia creada

en tiempos en que el poblano

Ausencio C. Cruz, mandaba.

Hoy Pedro Calcáneo Torres, un ingeniero de agayas,

sobre esta misma Colonia

ejerce un poco a sus anchas,

uno como patronato

ya que ante la luz muy clara

de la historia, se asegura,

fue por el propio don Pedro

el treinta y dos fraccionada,

cuando vendíase a diez

centavos, -¡vaya qué ganga!-

el metro cuadrado que ahora

vale aquí una talegada.

 

Agosto de 1952

 

 

La Colonia “Jesús García”

 

Mientras repican y dejan

y vuelven a repicar

las campanas de una ermita

que sueña ser catedral,

loemos cuanto se pueda

al abnegado y simpar,

al “héroe de Nacozari”,

Jesús García, quien da

nombre y fama a esta colonia

que “Garrido Canabal”

lo mismo que otras muy prósperas

con que cuenta esta ciudad,

fundó, sin más miramientos

que el público bienestar.

La “Quinta Isabel”, la quinta,

como no existe otra igual

en Tabasco, es quinta histórica

que aquí sueñera y fugaz,

se deja ver a manera

de un alcázar oriental

oyendo a diario las voces

del católico metal

pues esta quinta está cerca

de la casa de Jehová

como dicen los sabáticos

con mucha formalidad.

Entretanto, en un estado

de progreso y de solaz

encuéntrase hoy la colonia

paralela a un bulevar

y con una hermosa escuela

nombrada “Simón Sarlat”

y un “Parque Infantil” a donde

van los niños a jugar.

Colonia de aristocráticos

chalets, ellos en verdad,

aumentan el valimiento

del que antes fuera lugar

donde cazaban venados

y otros animales más,

personas tan cinegéticas

como lo son Nicolás

Valenzuela, Ramoncito

Rovirosa, y un Piedad

Colorado, que trabaja

en la casa de Pizá.

Este sitio tiene orales

tradiciones y además

honda poesía y ensueño

en el límpido cristal

que dice ser la “Laguna

de la Ilusión”, sin contar,

que sus aguas son surcadas

por góndolas donde van

sonrientes y arrobadoras

ninfas de ardiente mirar.

También el “Parque Tabasco”

pone su nota ideal

en la “Colonia García”

la que tiene en puridad

unas nueve o diez hectáreas

por lo de campo le dá,

al campo la Mexicana”

donde en pleno temporal

aterrizan los aviones

que no dejan de admirar.

Una ceiba venerable,

nostálgica de otra edad

nos hace  ver la campestre

casa que sirvió de hogar

a la de la Flor Casanova

quien gobernó esta entidad,

cuando cinco diputados,

(cosa sobrenatural)

desaforaron a doce

que se fueron a la… gran

China, y quedó estupefacto

el pueblo en lo general.

Tres secciones la dividen

sin que en ella falte al par

que la eléctrica luz tenue

un servicio magistral

de camiones y automóviles

el continuo transitar

por esta misma colonia

que luce el nombre inmortal

del “héroe de Nacozari”,

que se inmoló por salvar a un pueblo antes que estallara

la dinamita infernal.

 

 

La Colonia “Pedro C. Colorado”

(Antes “Carlos Greene”)

 

La colonia de “Don Pedro

Colorado”, o “Carlos Greene”

dos nombres que dan lo mismo

según pudiera decir

la Revolución en marcha,

es un sitio en que el

fruto amarillo y silvestre

y el verde cojinicuil,

se dan la mano a la vista

de un cielo de azul turquí,

Don Santiago Ruiz Sobredo,

teapaneco muy gentil,

fundó, siendo gobernante

de nuestro Estado, la en sí

muy despoblada colonia

de quien podemos decir

que es la más pobre de todas

dentro de su buen cariz.

Y no tiene más que una

sola calle, o cosa así

con unas cuantas casitas

y una quinta hacia el confín

y un clásico timbiriche

de los que venden maíz,

frijol y otros cereales

féculas para el vivir

de los colonizadores

que no siembran nada aquí.

Sin echarlas de profeta

ni tampoco de zahorí,

pronosticamos que ésta

colonia, el año dos mil

cuando termine este siglo,

ella será sin desliz

una señora colonia

de grandísimo trajín.

Ponemos punto al romance

ante el improvisto ardid

de algún ripio, pero antes

decirnos sin voz hostil

que de este sitio es muy poco

lo que podemos decir

no así de los dos patriotas que tuvieran su Caín,

pues mucho largo y muy bueno

la pluma podría escribir

de Pedro C. Colorado

y también de Carlos Greene.

Podrá tener ciertas dotes

que no son granos de anís,

pero en este lugarejo

lo que vale es el sutil

airecito zalamero

que aroma nuestra nariz.

Julio de 1952

 

 

 

La Colonia “José N. Rovirosa”

Al Ing. José Cornelio Yllán

 

En el punto conocido

por la gran “Vuelta del Diablo”

principia ante la monótona

verdura, y en suelo plano,

desemboca en la tercera

del “Águila”, donde al cabo,

concluye sin decir pío,

la Colonia en que un adagio

que encaja al pelo, nos dice:

“no hay que desnudar un santo

para que se vista otro”.

Y esto es lo aquí ha pasado

quitándole a esta Colonia

el nombre tan campirano

del que fue “Tomás Garrido”,

nombre que llevó unos años

la Colonia que al presente

ostenta el nombre del sabio

don José N. Rovirosa,

quien está como botánico,

considerado el primero

de la América, por tanto,

es muy mezquino este sitio

para un nombre así, tan magno,

que no debe de tomarse

para desahogar agravios.

Por otra parte, una escuela,

una calle, y en lo alto

de una pirámide un busto

en el “Paseo Tabasco”

y en el “instituto” una aula,

recuerdan sin menoscabo,

en Villahermosa al ilustre

tabasqueño harto admirado.

En cambio, quien dióles casas

a obreros y proletarios

y con la ley vial creara

desde el año veinte y tantos,

las colonias, no es lo justo

que no tenga siquiera algo

humilde cual este sitio

que recuerde sin enfado

el nombre del siempre rojo

“Tomás Garrido”, nombre bravo,

que si tuvo grandes yerros

también tuvo, como es claro,

grandes aciertos como éste

de haber justamente ampliado

a la villa poco hermosa,

hoy grande y bella de plano!

Tal vez por estos lugares

pasó a las veces el sabio

botánico, en la tarea,

de enriquecer sus herbarios

y clasificas las plantas

de los sitios enmontados

que volviéranse colonias

por donde iba en su buen carro

Don Tomás, con su ayudante

y con su chofer el Chato

Gutiérrez, y una que otra

real virgen como de encargo.

¡Colonia de “Rovirosa”

grata cual tierno regazo:

se oculta en ella Cupido

con sus flechas y sus arcos!

Colonia de las más pobres

en ella es pequeño el tránsito

y son pocos sus hogares,

y se llena de entusiasmo

al beso de abril florido

cuando se hinchan los tallos

y el amor vibra en las almas

y dan flores los naranjos,

y una escuela luce a modo

de una colmena entre un prado.

Unas cuatro o cinco calles

componen este callado

sitio, en el que un “tedio verde”,

apodérase del bardo

que pone fin al romance,

romance muy canta-claro.

Agosto de 1952

 

 

La Colonia “Primero de Mayo”

A don Amado Caparroso Valencia

 

Antes del nombre que hoy lleva

se le dio el de “Caparroso”,

el lord de aquel Santiago

nobleza, lealtad, decoro,

un lirio entre la maleza

destrozado por el odio

que contra Tomás Garrido

profesaba un grupo anónimo,

en la Metrópoli Azteca

que se presta para todo.

Lo del “Primero de Mayo”

cuyo contenido es obvio,

es nombre que a la Colonia

le puso el siempre oficioso

rencor político. Y, viene

al caso apuntar de pronto,

que tiene dicha Colonia

más o menos, veintiocho

años de haberse fundado

por el “Sagitario Rojo”,

que fue el Hombre del Sureste

y al cabo ceniza, polvo….

En tanto sigue en progreso

este sitio tan remono

con sus amplias casas-quintas

y sus tiendas en contorno

y sus huertas y animales

y sus calles, y católico

“Jacalito” en que venérase

sin andar con tanto bombo,

a la “Patrona de México”

que doquier halla acomodo,

como lo encuentra el romance

en el favonio amoroso

que invita al dulce farniente,

en los especiales troncos

de los árboles que pueblan

este mismo sitio eglógico,

donde mírase la Escuela

“Luz Loreto” y el lirondo

Puerto Aéreo con su clásico

tirante y muy alto “cono”,

señal de que ya se avista

algún avión del demonio

de una tabasqueña empresa

que patrocina el negocio.

Los mangos tan sicalípticos

que a Juan Ramón dan enojos,

encuéntranse aquí de noche

causando realmente asombros.

La entrada a esta gran colonia

se hace sin ningún estorbo,

por su principal arteria

que lleva el nombre glorioso

de César Sandino, el mártir

nicaragüense, héroe epónimo!

Un camión constantemente

brinda a los vecinos modo

de trasladarse hasta el centro

de la Ciudad, donde al colmo

llega el ruído de los carros

auto-parlantes, que sordo

dejan, rompiéndole el tímpano

a quien los escucha estoico.

Y, por si no se soporta

mi tonadilla, aquí pongo

punto final al romance

que las presume de histórico,

rogándole a mis lectores

me perdonen el enojo

que puede haberles causado

la lira “métome-en-todo”.

Julio de 1952

 

 

 

La Colonia “Reforma”

 

Fuente del agua potable

que sola se recomienda,

lugar fresco y confortable

sitio que fue una encomienda;

rumbo por donde principia

la carretera de Teapa;

zona que se estereotipa

como labradora guapa,

tal resulta a grandes rasgos

sin jerónimo de duda,

esta colonia en que hay “trasgos”

en cierta “Quinta Conchuda”

junta a la de un Don Torcuato

quien con su “Machangle” y vara

de Alcalde, aquí encontró grato

un vivir sin vida cara.

Una gran gasolinera

y una mansión opulenta

dan entrada a la carrera

a esta colonia de cuenta.

Cuando gobernó el Estado

Pancho Trujillo Gurría,

se fraccionó y fue poblado

este sitio hoy de cuantía.

Antes, Fernández Manero

dispuso hacer muy aprisa

la “Peni”, la que aquí mero

hacia el fondo se divisa.

Y así, fueron trasladados

de una Cárcel, hoy Museo,

los presos que aquí alojados

casi han hallado un recreo.

Peni, es penitenciaría

y preparatoria, prepa,

y taqui, taquigrafía

y la madre de Dios, Chepa.

A este paso se asegura

que la República toda

hablará en abreviatura

para estar dentro la moda.

¡Ah, dichoso modernismo!

que se cuela en todas partes

y se pinta por lo mismo,

para el idioma y las artes.

A las disgresiones

pone el verso, sin empacho,

y anudando el hilo roto

yo sigo en el mismo macho.

¡A Santamaría debe

su ampliación esta Colonia

que desconoce la nieve

y su afecto testimonia,

al Maestro distinguido

que a los humildes mentores

brinda espacio para el nido

en medio de mil verdores!

Aquí, donde están los rojos

tanques del agua potable

y entre florestas y abrojos

la vida resulta amable;

aquí donde la tranquila

tórtola canta su amor,

mientras la rama que oscila

le acompaña en su rumor,

y un árbol contemplativo

bajo del cielo naranja

pone un signo admirativo

tras de una sedienta zanja.

Y la beatifica tarde

ensombrece el caserío,

que modesto, sin alarde,

báñase en un sol de estío.

Y se baña en sus anales

y en sus mágicos verdores

a través de sus maizales,

este sitio que en rigores

se hace depósito de agua

y se agranda y se transforma,

y llega hasta la “Majagua”

y es la evolución su norma.

Agosto de 1952

 

 

La Colonia “Nueva Villahermosa”

 

Fue una tarde de estío, cuando yo subí la cuesta

donde trázase la “Nueva Villahermosa”, la inicial

de suavísima frescura, la colonia que se apresta

a lucir sus regias galas bajo el cielo tropical.

 

Y una calle casi recta que tendrá por nombre grato

el del “hombre” que a mi tierra en Estado convirtió,

es la calle que dá entrada a este sitio en que el olfato

gozará de la fragancia de un edén embriagador.

 

El maestro y Gobernante, el sin par Santamaría

socialmente conviviendo con su pueblo siempre fiel,

sellará con esta obra su actuación en alta valía

de la que ha de ser tiempo el mejor y austero juez.

 

Como sábanas inmensas de abismáticos desiertos

los azules horizontes ante el beso de la luz

se les mira en este sitio fervorosamente abiertos

cual los brazos portentosos e infinitos de una cruz.

 

Y las torres y palacios de los tiempos preteridos

que se ligan con los nombres de “Montejo” y de “Cortés”

desde aquí se les contempla despuntando entre lucidos

palmerales que se yerguen cual gigantes en retén.

 

¡Qué alegría en el ambiente de estos rústicos lugares

donde antaño se sentía la tristeza del vivir

y ahora instálase el progreso que no encuentra valladares

y una “Nueva Villahermosa” de un gran bosque hace surgir!

 

Altozano que prospera, tendrá todos los servicios

de una espléndida colonia muy cercana a la Ciudad

y saneada por su altura pronostica en sus inicios

que la gente que abatirá de vejez se morirá.

 

Y un topógrafro-ingeniero que Carrera se apellida

hizo el hombre a la carrera, sabia planificación,

de la próvida colonia largamente presentida

y apuntada por la brújula de la mágica ilusión.

Ilusión que cristaliza y será dentro unos años

el baluarte que corone la grandeza y el valer

de la obra del MAESTRO quien jamás se ha dado baños

de pureza, y gobernante, su divisa ha sido el bien.

 

Bien, rebién por la colonia, la muy “Nueva Villahermosa”

en lo que antes fuera el “Cerro de Guadalupe”, un lugar

donde realmente parece que la vida es deliciosa

y la tierra con el cielo se pretende fusionar.

 

A la hora en que descubre su hoz de plata el plenilunio,

yo bajaba de la cuesta de que tengo hecha mansión

y a la cual subí una tarde del ardiente mes de junio,

cuando febo tras los montes deslizando va su amor,

 

como vá batiendo palmas el romance aventurero

porque nace una colonia sobre un cerro o cosa así,

que promete en lo futuro ser un vasto semillero

de viviendas y de seres como un Gtsemaní.

Junio de 1952

 

Tomado de Romancero de las calles de villahermosa. Gobierno del Estado de Tabasco, 1953.

 

Compartir
Artículo anteriorVillahermosa, 100 Años
Artículo siguienteGrafiti, arte urbano villahermosino
Luis Acopa. Nació vivo en Villahermosa, Tabasco. Estudió la Licenciatura en Historia y la Maestría en Ciencias Sociales en la UJAT. Presentador, moderador y encarretador de almas para proyectos literarios de investigación ortodoxa y experimental. Compilador y autor de Érase una vez un cuento. Compendio general del cuento en Tabasco, tomo I y II, trabajo que reúne por vez primera el acervo narrativo en el Estado. Desde 2005, labora para el Fondo Editorial Universitario, adscrito a la Dirección de Difusión Cultural, donde ha editado más de 100 libros académicos, literarios y de arte. Actualmente es Jefe del Departamento Editorial Cultural y Profesor del Centro de Desarrollo de las de la UJAT.