9 de junio  A través de una historia que ocurre en Las Gaviotas, una de las colonias planificadas de la ciudad capital y de las que a sufrido más veces el embate del agua, podemos tratar de situarnos en la tragedia que fue la última gran inundación de esta capital en 2007.

Asuntos del Agua

(Fragmento)

 Pedro Luis Hernández Gil

—Allá también hay luces -dijo El Gordo.

—Igual son chispas de encendedor —dice precisamente el Chispas.

—Nos vamos a morir aquí arriba y con la pinche lluvia que no para —dice la Lupe.

Los tres, en la inmensa oscuridad de Gaviotas Sur, han quedado varados en la azotea. Casa de dos pisos submarina. El olor a agua pútrida cada vez es más intenso. Se escuchan chillidos de cerdos que han sido abandonados en alguna azotea vecina. Las arañas trepan por las oquedades de las paredes.

Los dos hombres son hermanos. Visten sandalias, bermudas y playeras estampadas de algodón. Lupe, precavida, antes de subir a la azotea y después de quedar en shock por unos minutos al ver cómo entraba a su casa el agua fiera, inminente, terrible, ya tenía puesta su chamarra de mezclilla que casi nunca usa y a la mano el viejo paraguas.

El gordo tiene en la mano derecha un palo de los que usan para encumbrar ropa. Es todo lo que ha quedado ahí arriba. Lupe, entre toda la contingencia tiene ánimos para sonreír al ver a su marido en bermudas, mojado, con cara de sapo asustado y con un palo. El cuñado de Lupe se da cuenta, sonríe también al ver a su hermano pero pronto vuelve a su rostro serio al decir:

—No vendrán a rescatarnos.

Eso sí, lo tres no olvidan sus imprescindibles teléfonos móviles. No sirve de mucho pues tiene horas que no hay red; al parecer es en toda la ciudad. El celular de Lupe reproduce canciones en mp3, todavía tiene dos rayitas de batería. Ella piensa que si se va a morir es mejor hacerlo escuchando a su ídolo Joan Sebastian. Chispas se ha cansado de capturar imágenes de perros que han pasado flotando junto con un bulto oscuro que los tres han jurado es una persona de edad, quizás, unas de las primeras víctimas. Las imágenes como son pequeñas se ven pixeladas y oscuras para asegurar que el bulto que vieron pasar sea un ahogado. En realidad toda Gaviotas es una imagen pixelada y oscura.

Ellos no lo saben pero en la orilla del histórico río se amontona la gente. Dueños de lanchas de motor o de remos llegan con sus navíos para ayudar a las fuerzas militares y policiales que no se dan abasto. En la orilla del puente, en donde desembarcan las naves, se siguen apreciando destellos de las flamas en lontananza. “Por allá hay gente” dicen unos. “No se puede llegar hasta Gaviotas Norte, la corriente ha subido mucho; está en nuestra contra y podemos rozar con los cables de luz, es muy peligroso,” dicen otros.

 

Tomado de: Cuentos. 5 años del Premio Universitario de Cuento “Teutila Correa de Carter”. UJAT. 2015

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Luis Acopa. Nació vivo en Villahermosa, Tabasco. Estudió la Licenciatura en Historia y la Maestría en Ciencias Sociales en la UJAT. Presentador, moderador y encarretador de almas para proyectos literarios de investigación ortodoxa y experimental. Compilador y autor de Érase una vez un cuento. Compendio general del cuento en Tabasco, tomo I y II, trabajo que reúne por vez primera el acervo narrativo en el Estado. Desde 2005, labora para el Fondo Editorial Universitario, adscrito a la Dirección de Difusión Cultural, donde ha editado más de 100 libros académicos, literarios y de arte. Actualmente es Jefe del Departamento Editorial Cultural y Profesor del Centro de Desarrollo de las de la UJAT.