La forma de vivir de los perros es distinta en el día que en la noche. La vida del perro es una dualidad, una moneda de dos caras. En el día vagan pero en la noche deambulan. Insondable sonambulismo nocturno que les hace errar y estar en vigilia permanente, es como si de pronto esa memoria de fantasmas que guardan en el ojo se reflejase en la noche y que, para fijarla, se abstraen en la contemplación de la nada intuyendo el ritmo oscuro del cosmos, escuchando el sonido más intimo del silencio ¿A qué le ladran, a quién ven y qué vive en la memoria primigenia de su especie? Son algunas de las preguntas que motiva esta serie fotográfica realizada en algunas calles de Villahermosa donde me encontré de pronto mirando y mirada (MMA).