*Una aproximación a La Venta, poema de José Carlos Becerra

¿Qué tienen en común tres poetas como Ramón Galguera Noverola, **José Carlos Becerra y Teodosio García Ruiz? Los tres tabasqueños nacieron o vivieron en Villahermosa, escribieron su obra en la segunda mitad del siglo 20, y si bien ninguno se tomó un vaso de cerveza con otro de ellos, podemos decir en sentido contrario, que Teo conoció la obra de Becerra y Galguera Noverola, mientras que Becerra apenas tuvo tiempo de intercambiar libros con el primero. Como esos hay otros puntos de coincidencia pero el más importante para este ensayo está en sus libros: Examen de Primer Grado conocido en 1951 cuando Galguera Noverola tenía treinta y siete años. El poema La Venta escrito entre 1964-1965 cuando Becerra rondaba los veintinueve años. Y el libro Furias Nuevas publicado en 1993 cuando García Ruiz tenía veintinueve.

Pese a que entre el primer y el segundo título pasaron catorce años y entre el segundo y el último la distancia fue de veintiocho, un puente de lectura entre ellos nos permite distinguir que los tres ofrecen una fabulación del trópico de aluvión y, dentro de él,  de la ciudad en el tiempo que les tocó vivir. Galguera Noverola plasma una ciudad amarga, un trópico mórbido, Becerra encuentra un trópico de aguas turbias en la memoria y revira hacia el misterio de los tiempos genésicos, mientras que García Ruiz, ante la devastación petrolera del trópico deconstruye la ciudad mediante la gozosa celebración amorosa.

Con el ensayo La fabulación poética del trópico. Tres poetas en Tabasco me detengo en uno de los temas poéticos que nos dejaron estos tres autores tabasqueños: una especie de contra visión del trópico de colores y festivo que domina el imaginario tabasqueño. Una contra visión que, por otro lado, tiene una tradición literaria que se remonta a la narrativa de escritores locales y foráneos del siglo 20, y conforme avanza el que 21, se desborda hacia otros vertederos creativos como el ensayo, la pintura y la fotografía, más cercana a la referencialidad que a la reflexión poética. Es un fragmento que entresaco con motivo del 80 aniversario del natalicio de Becerra que se cumplió el sábado 21 de mayo de 2016. Tras un recorrido panorámico –necesario para entender la propuesta de lectura del poemario La Venta- dejo el apartado dedicado al poeta tabasqueño.

Introducción
Juan Díaz miró por encima de la inmensa bocana del río, frente a Centla, y dijo con suficiencia que esta tierra parece ser la mejor que el sol alumbra. Foto de Juan de Jesús López
Juan Díaz miró por encima de la inmensa bocana del río, frente a Centla, y dijo con suficiencia que esta tierra parece ser la mejor que el sol alumbra. Foto de Juan de Jesús López
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El trópico, antes de ser el trópico en ruina que conocemos y afrontaron, evadieron o mistificaron los poetas de la segunda mitad del siglo 20, fue un trópico de verdad: de selva inabarcable y ríos vírgenes. Trópico de un ánimus asombroso, pero también descubrimiento lleno de sangre, que luego fue devastación.

Fue en junio de 1518 cuando el capellán Juan Díaz miró por encima de la inmensa bocana del río, frente a Centla, y dijo con suficiencia que esta tierra parece ser la mejor que el sol alumbra. Con esta mínima frase santigua y nombra aquel horizonte verde apenas entrevisto. Juan de Grijalva no se queda atrás y bautiza el río con su nombre. Al año siguiente, con la expedición de Hernán Cortés, sucede otro de los actos simbólicos importantes del encuentro entre españoles y precolombinos: el desventajoso intercambio de vírgenes que ya no lo relataría el religioso sino el soldado-escritor Bernal Díaz del Castillo. Tras la derrota militar los de casa entregan veinte doncellas entre ellas una muy excelente mujer que se dijo doña Marina (madre paridora del mestizaje) y a cambio los recién llegados entregan una imagen muy devota de nuestra Señora (madre de Dios). Y comienzan las avaricias y las fabulaciones.

Con aquella primerísima frase más bien dictada por el asombro y la pleitesía al soberano de ultramar, Díaz inicia una larga descripción del trópico como la viva imagen del edén bíblico con sus aves multicolores, con sus especies salvajes y maravillosas, con sus frutos incandescentes y jugosos. Una manifestación prodigiosa que habla de la magnífica gratuidad divina a la que sin embargo hay que someter en nombre de esa misma divinidad. A esta tradición que desde los prodigios del color y la abundancia se extiende hasta nuestros días pertenecen autores de renombre como Carlos Pellicer que no en balde es un poeta religioso. Al poeta tabasqueño lo sigue una larga cauda de pintores, músicos y escritores inspirados en su obra pero que sin la fuerza creativa de aquel, devienen en una visión idealizadora, en un mito institucionalizado de uso lucrativo turístico y político. Sin embargo, por debajo del gozo sensualista y escenográfico fue cobrando fuerza con el tiempo la visión fabuladora fincada en la experiencia: amarga, turbia, devastada, de los que viven el trópico tabasqueño con sus pasiones bajo la sombra de árboles milenarios que apenas podían abrazar quince hombres, o si se quiere, la visión de los que sucumben de frente a los límpidos días infestados de palúdicas alucinaciones. Es la poética de la vorágine en Tabasco, del infierno verde de un edén que todo lo consume.

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A  esa visión del ánimus de lo terrible en el trópico tabasqueño, a esa visión desencantada de realismo contundente de la selva tabasqueña, y dentro de ella la ciudad, pertenecen muchos escritores propios y ajenos. En los dos tomos de la compilación Viajeros en Tabasco (IEC/2010) de Ciprián Aurelio Cabrera Bernat están reunidos veinte autores que entre 1518 y 1950 pasaron por la región: descubridores, conquistadores, aventureros, fotógrafos, naturistas, escritores. De esa lista vamos a entresacar al novelista inglés Graham Greene quién pasa Villahermosa y deja una crónica de viaje de excepcional factura y para el canon una novela religiosa. A su lado propongo al novelista y revolucionario yucateco Bernardino Mena Brito que en rigor es también un viajero y aporta una narración bastante nítida sobre el Tabasco de principios de siglo pasado. Los reúno porque son muy cercanos en tiempo y visión y porque son el antecedente directo de la poesía que escribieron los tres poetas crecidos en la segunda mitad del siglo 20.

En la primera mitad del siglo 20 sobresale la novela Paludismo o la Revolución en la selva (novela de tierra caliente de México) de Bernandino Mena Brito. Esta obra se ha revalorado como la primer novela del criollismo en México, la destacan por la sincera compasión y el poderoso realismo con que dibuja al hombre dentro de la selva al mismo tiempo que se le considera fallida por las divagaciones políticas que introduce el escritor. Despunta la presentación del trópico tabasqueño más allá de cualquier exotismo: la selva rica en maderas preciosas y prodigios, la selva como el lugar que devora la vida. Es un “Yo, como jefe del Cuerpo de Dinamitero”. En su pesadilla forjada sobre un hecho real hay momentos de humor negro y atrocidad, se camina entre la desmesura infernal y la fantasía edénica.

También visita esta fragua intensa verdehúmeda el renombrado novelista inglés Graham Greene que en la primavera de 1934 pasa por el territorio tabasqueño como por un viacrucis. De esta martirización espiritual deja una descripción amarga que publica primero como crónica bajo el título Caminos sin ley, y de ella, varios años después, entresaca un fragmento que da pie a su celebrada novela El poder y la gloria. La novela es una fabulación formidable pero, para este breve análisis, me quedo con el relato periodístico porque se trata de un informe en el que retrata desde sus emociones e incertidumbres espirituales el trópico, la ciudad y la gente. Una reacción desde los sentidos. Cuando Greene  pasa por Tabasco la ciudad capital había perdido su viejo nombre: San Juan Bautista, y estrena el de Villahermosa. Y aunque no está muy distante de lo que recién ha sido, hay luz eléctrica y se puede llegar por avión o por barco subiendo el río Grijalva. Greene llega a Villahermosa por barco que entre Frontera, Puerto y Ciudad de Centla, y la Capital hace doce horas de navegación. Para el viajero inglés la ciudad es un horno húmedo. El caserío y su gente sucumben lentamente por el intenso calor y la malaria. Es la entrada a una tierra sin ley y sin Dios.

Tres poetas bajo un sol de cuarenta grados a la sombra
Tres poetas bajo un sol de cuarenta grados a la sombra
Tres poetas bajo un sol de cuarenta grados a la sombra

Conforme los escritores chocos transitaban hacia la segunda mitad del siglo 20 el Trópico tabasqueño fue perdiendo estrepitosamente su principal cualidad: la selva portentosa y temible. La devastación de los recursos naturales por la explotación maderera, luego la ganadería extensiva y por último la explotación petrolera –que se mantiene hasta esta lo que va del siglo 21-, llevaron a un punto de extinción el paisaje natural de la región. La pregunta inmediata es: ¿Se puede seguir hablando entonces de una fabulación del trópico tabasqueño si la selva -su flora y su fauna milenaria- ya no existe? Contrario a lo que se pudiera estimar, incluso sin contar con los relatos catastrofistas y de auto conmiseración que se originaron inmediatamente después de la gran inundación del 2007, el animus del trópico en Tabasco mantiene su presencia pero ha devenido en una Presencia Ominosa y no por eso menos cruenta. Viéndolo bien la violencia es una de las constantes del trópico: dentro de la selva y hacia la selva cuando había selva, dentro de la ciudad y hacia la ciudad ahora que somos ciudad. Actualmente, los tabasqueños viven entre varios tipos de violencia: el sometimiento a la economía nacional basada en la petrolización es una violencia institucional hacia la cultura y las comunidades, especialmente, las de origen indígena. Entre mediados y finales del siglo 20 los poetas viven y escriben –lo asuman o no- en un trópico decadente, en un trópico en ruinas, que mantiene su poderosa fuerza negativa. La selva se convirtió en una metáfora.

¿Cómo llevaron a cabo su fabulación desde la poesía los tabasqueños? Lo hicieron a partir de tres ideas-proyectos bien diferenciadas pero colindantes: el viaje hacia la memoria, el viaje hacia el tiempo remoto y la deconstrucción de la ciudad, Villahermosa, para lidiar con el Mal, con la Presencia hostil del trópico tabasqueño. Digo Mal porque ni la memoria ni la ciudad son ajenas a lo terrible humano. Eso más la inconformidad contra el trópico que les tocó en suerte y contra los santones de la poesía. Unos más intensos otros menos, son los rasgos creativos que unen los libros Examen de Primer Grado de  Ramón Galguera Noverola, La Venta de José Carlos Becerra y Furias Nuevas de Teodosio García Ruiz. Estos elementos no son necesariamente únicos de su poesía ni de la poesía que se hace en Tabasco, ellos más bien la extrajeron de otros cauces mayores que en los solares del trópico se climatizan.

Galguera Noverola, Becerra y García Ruiz nada tienen que ver con la llamada corriente del malditismo como pudiera sugerir la mención de libro Linaje de malditos. Los artistas que pertenecen al linaje de los malditos, señala Campaña, practican y/o predican la moral del mal. Es decir, liberan, buscan una pulsión perversa y libertaria en sus actos o con sus obras que los lleva al franco delito. Los tabasqueños están muy lejos de eso, fueron: el primero un modesto funcionario bancario y periodista, el segundo un seductor y activista político de ocasión, y el ultimo un maestro de telesecundaria y un provocador ciego, pero ninguno fue declarado delincuente por sus actos poéticos o actividad inmoral. Es más, se cuidaban de no serlo. Los tres fueron cuando mucho practicantes de la irreverencia pertinente, y parte de su obra si algo tienen que ver con esta corriente subterránea de la literatura es con el tono, con la atmósfera y con ese deseo devastador que a veces incluye al propio autor.

Ramón, José Carlos y Teodosio son hombres que nacieron y vivieron en Villahermosa. Ramón y Teodosio sucumben en el trópico, José Carlos y Teodosio son precoces y mueren precozmente: beben cerveza, intentan el suicidio –todo un tema para la poesía en Tabasco desde Teresa Vera, pasando por los tres autores de esta lectura, hasta Ciprián Cabrera Jasso-. Los tres están bajo el signo de un sol que calcina y sofoca con 40 grados a la sombra. Becerra practicó el desarraigo hacia territorios más propios para sus ánimos como la Ciudad de México donde conoció al poeta Galguera Noverola que ya se había alejado definitivamente de su estado natal. Allá, José Carlos y Ramón eran dos órbitas vitales distintas pero tenían amigos en común, los poetas Carlos Pellicer y Dionicio Morales. García Ruiz conoció la obra de Becerra, cuando se inicia en los talleres literarios y mucho después la obra de Galguera Noverola pero no le interesó profundizar en ella.

Ninguno de los tres poetas escribió sobre su proyecto creador pero a partir de sus libros se pueden intuir senderos y registros de lectura. Salvo algunas coincidencias tuvieron muchas otras que los marcaron para uno y otro lado. Ahora se sabe: Galguera Noverola llegó siguiendo a Edgar Allan Poe, César Vallejo, los surrealistas y muy probablemente el conde Lautréaumont. De acuerdo con lo que se anota en el único libro de Becerra, el autor de  El otoño recorre las Islas asumió como guías al poeta católico Paul Claudel, Saint-John Perse y José Lezama Lima. García Ruiz fue un lector voraz y todos y cada uno de sus libros son un largo registro de lectura donde lo mismo se pueden encontrar poetas y narradores que la música popular del momento. Cada título es un homenaje a los autores que van definiendo su forma de hablar del mundo y en especial de su trópico. Algunos son más transparente que otros.

Becerra: el tiempo genésico
La Venta. Un poema salido de los suntuosos tiempos milenarios,
La Venta. Un poema salido de los suntuosos tiempos milenarios,

Si Galguera Noverola propone la muerte de la luz y al paisajismo solar antepone las imaginaciones febriles de la noche, José Carlos Becerra coloca en el paisaje de los espejos de agua, un sucio bulto flotante infecta el paisaje. Invierte los significados bautismales. El hombre, cuando se zambulle en el mar, en el río, no sale convertido en un hombre nuevo sino convertido en el bulto inflamado y deforme de los ahogados. Luego va más allá de esa visión terrible y recrea con profundidad poética lo que su hermano mayor apenas alcanzó a ver como un poema de piedras colosales. Recordemos que Pellicer funda el Parque Museo La Venta en marzo de 1958 con las esculturas monumentales que logró rescatar a tiempo de la imparable devastación petrolera en La Venta, comunidad de Huimanguillo, municipio de Tabasco. En tanto que Becerra crea La Venta. Un poema salido de los suntuosos tiempos milenarios, con el enigma de las palabras y el tono épico de los grandes visionarios. No quería el malabarismo pelliceriano ni su discurso floral, sino lo que Paz llamó, los misterios del tiempo humano.

Becerra [Ramos] nació el 21 de mayo de 1936 en esta ciudad que para esos entonces se llamaba Villahermosa pero no estaba muy distante de lo que había sido la antigua San Juan Bautista. Aquí da sus primeros pasos literarios. Muy joven viajaría a la Ciudad de México donde cursa la preparatoria e inicia la carrera de arquitectura. Es amigo de José Emilio Pacheco y este lo presenta con Octavio Paz. El espaldarazo es oportuno. Su obra pronto se coloca en los escaparates literarios gracias a la antología Poesía Joven de México. Los títulos de sus dos primeros libros –publicados en vida-: Oscura Palabra y Relación de los hechos dan una idea del tono y atmósfera poética del tabasqueño. El miércoles 27 de mayo de 1970 falleció en Italia cuando realizaba un viaje por Europa como parte de su formación literaria, y es sepultado el 5 de junio en el Panteón Central de Villahermosa. Tres años después, en 1973, sus amigos Pacheco y Gabriel Zaid reúnen y publican su obra total bajo el título El otoño recorre las islas, el libro de poesía más exitoso de un poeta de origen tabasqueño. Si Gorostiza –también nacido en Tabasco- marcó la poesía contemporánea se puede decir que Becerra marcó de manera indeleble a los jóvenes autores de su generación, que lo conocieron y leyeron, como el poeta Hugo Gutiérrez Vega y el novelista Fernando del Paso.

En entrevistas, documentales y en sus memorias Gutiérrez Vega –diplomático por ese entonces-, lo recordó siempre joven en Europa, cuando recibió la beca Guggenheim, manejando mal un Volkswagen usado y en malas condiciones, trabajando en varios poemarios que llevaba en la guantera mientras una amiga le pasaba a máquina su relato Fotografía bajo un tulipán, y esperando una carta de del escritor cubano José Lezama Lima a quien había enviado su libro Relación de los hechos. La carta, elogiosa, llegaría días después de su muerte. El escritor y diplomático la recibe y enviaría a Pacheco y Zaid quienes preparaban la antología de Becerra y dieron el título “El otoño recorre las islas” que es un verso de Lezama Lima.

Cuarenta y tres años después de su muerte, el joven leyenda, el joven que  encarnó el enigma, vuelve. Fue el escritor mexicano Fernando del Paso quien volvería a sorprender al mundo en lengua español con una anécdota, mítica y amorosa. Con motivo de la recepción del premio Cervantes 2015, depositó en la Caja de Letras del Instituto Cervantes su legado personal: sus dos primeras novelas, un disco con su propia voz, y una camisa que perteneció a José Carlos. El cervates.es así da cuenta de lo dicho por el galardonado en su nota del 21 de abril de 2016:

No es una camisa cualquiera: perteneció a José Carlos Becerra, quien falleció prematuramente (“se desbarrancó”) en accidente de automóvil en Italia. El poeta la dejó olvidada en la casa de Londres donde se había alojado, y Del Paso la “heredó” cuando vivió en ese mismo piso de la capital británica, donde cursó una beca Guggenheim, igual que Becerra.

“Desde entonces –explicó Fernando del Paso-, cada vez que yo sentía pereza de escribir, desánimo o escepticismo, me ponía la camisa y comenzaba a trabajar”. Era “un deber hacia aquellos artistas cuya muerte prematura les impidió decir lo que tenían que decir. Por eso esa camisa tiene tanta importancia en mi vida”, explicaba el autor, en silla de ruedas y rodeado por casi una treintena de familiares y amigos.

Caja Becerra con Musarina, foto Juan de Jesús Lopez
Caja Becerra con Musarina, foto Juan de Jesús Lopez

En El otoño recorre las islas está el poemario que Becerra empezó a escribir en 1964, publicaría en 1968 en la Revista de la Universidad de México y cargaba consigo en la guantera del auto donde falleció pues seguía trabajando en el. Su título es: La Venta. El libro, según la reunión de los compiladores tiene varios poemas como el que le da título -ligado al tema del trópico y el tiempo mítico-  y otros como El halcón maltés y Batman en los que si bien el tema es urbano comparte las misma atmósfera, tono y fabulación de los sitios no determinados por la razón que domina en La Venta.

Era de noche cuando la espuma se alejó de la tierra como una palabra todavía no [dicha por nadie./ Era la noche/ y la tierra era el náufrago mayor entre todos aquellos hombres

La fabulación se hace uno con el versículo y el versículo se funda con el temple creador genésico. Está en este poema la invocación y el ritual, están la piedra gigantesca, está la selva con su podredumbre de hojas, y están los muertos que se asoman con la mirada entre las brasas de lo dicho. Largos versos de vocación narrativa. Becerra nos propone una épica fantástica bajo el manto de la noche de los tiempos que te petrifica, el espanto oscuro de la selva que te convierte en piedra. El poeta no explica la piedra, intuye el origen de la monumentalidad:

(…) la selva; la serpiente rodeando su ración de muerte nocturna,/ el paso del jaguar sobre la hojarasca,/ el crujido, el temblor, el animal manchado por la muerte,/ la angustia del mono cuyo grito se petrifica en nuestro corazón/ como una turbia estatua que ya no habrá de abandonarnos nunca.

Y está la vocación de construir un mundo a partir de los vestigios. Busca el enigma y lo sostiene ante nuestros ojos, retumban la noche, el mar y la selva entre las pausas y la visión. Un segundo se alarga indefinidamente y tiene la elongación de los siglos.

Un pez inmóvil bajo el peso de su respiración,/ (…) sobre un tronco caído, una iguana/ fluye succionada por otro tiempo, pero está inmóvil, no hay fuga en sus ojos más fijos que la profundidad del mar,/ (…) La tempestad pesa como un dios (…)/ la luz se está pudriendo (…) nadie escucha en la piedra los sonidos humanos donde la piedra ganó raíz de carne,/ (…) crujen las ramas de los árboles.

Cuando leo este poema me imagino al joven Becerra caminando por el sendero del Parque Museo de La Venta. Debió visitarlo. Tenía 22 años  cuando se inauguró y fue noticia nacional. Se detiene frente a los grandes árboles y se sienta cerca de las esculturas monumentales. Se queda largo tiempo escuchando el ruidero natural de los árboles. Se impregna, sabe que: Lo que se pudre (se) inventa (de otra manera), que todo lo que duerme (a la sombra o a pleno sol) se nutre de su abandono, y llega así a otra elemento de ese reino, la intensa inmovilidad como movimiento.’

En el centro de la inmovilidad reside el verdadero movimiento./ El poder de la selva y el poder de la lluvia,/ la garra del inmenso verano posada sobre el pecho de la tierra,/ el pantano como una bestia dormida en los alrededores del sol;/ todo come aquí su tajo de destrucción y delirio,/ la luz se hace negra al quemarse a sí misma,/ el cielo responde roncamente, el rayo cae como todo ángel vencido.

Muchos años después viene la indagación acerca del misterio poético al que fueron sometidas las piedras volcánicas. Llega el poema que tiene un aire iniciático. El poema tiene enigma, es la entrada a un ritual sagrado que no podía haber escrito un hombre religioso sino el hombre que cree en el hombre, ese que se pudre y renace, que construye su monumentalidad y se desvanece en el tiempo, irremediablemente.

La poética versicular de Becerra tiene colindancias con la poética narrativa de Mena Brito. Becerra, al igual que el joven jefe del Cuerpo de Dinamiteros, juega, fabula con las sombras de la selva tropical que se proyectan como tinta negra sobre el lienzo de la noche. Pero el personaje de Paludismo, el que cuenta, es un hombre perdido y enfermo, que viaja hacia la memoria. Becerra en cambio es un poeta que fabula, es decir, que viaja hacia el reino de la imaginación poética. Al igual que Greene, Mena Brito y Galguera Noverola, Becerra se encuentra con la Oscuridad, esa presencia ominosa que personifica a través de la selva mítica, de la monumentalidad, y corroe el ciego peso de la piedra, la noche, los hombres, el paisaje mismo donde la lluvia es el mito sangrante de los dioses muertos, y las cabezas de piedra –organismo atajado por el silencio- son una advertencia, que no nos dice.

 

*Fragmento de un ensayo mayor en el que se analiza las colindancias poéticas entre Ramón Galguera Noverola, José Carlos Becerra y Teodosio García Ruiz sobre su visión del trópico y la ciudad, Villahermosa.

**Un día como hoy sábado 21 de mayo, pero de 1936, nació José Carlos Becerra. El autor de La Venta nació en la ciudad de Villahermosa el 21 de mayo de 1936. Fue amigo de Pellicer, de Arreola y de Pacheco y recibió la admiración de poetas como Octavio Paz. Entre las imágenes literarias que dejó de manera permanente en la memoria de la poesía fueron la Venta, los ahogados, esa fotografía junto a un tulipán, la lluvia sobre la tumba de su madre y un Batman, un antihéroe patético sobre una ciudad en ruinas. Becerra recibió la beca de la Fundación Guggenheim, una distinción que solo han recibido dos autores tabasqueños, él y la fotógrafa Yolanda Andrade. La fatalidad —dicen unos, la precocidad suicida dicen otros— marcó a los 33 años su destino con el lamentable accidente automovilístico en Brindisi, Italia, donde fallece el 27 de Mayo de 1970. Nos dejó una obra singular e intensa que sus amigos reunieron en el libro “El otoño recorre las Islas”, obra poética 1961-1970.

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Juan de Jesús López es escritor, periodista y fotógrafo nacido en Cárdenas, Tab., México (27 de marzo de 1967). Tiene publicado los libros de poesía Turuntuneando (UJAT/2005), de fotografía Ruega por nosotros (UJAT/2011), y de ensayo La fabulación del trópico en ruinas. Tres poetas en Tabasco (por aparecer bajo el sello del IEC/2017). Como escritor, su formación la inició en los talleres literarios de Tabasco y la continuó en el Diplomado de Literatura de la UJAT (UJAT-Sociedad de Escritores de Tabasco 1998). Sus trabajos literarios, ensayísticos y periodísticos aparecen en revistas y antologías literarias: José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (CONACULTA/ UJAT/ 2002), Cartonistas de indias y poetas (IV Comité Regional de la CONALMEX/UNESCO/ 2002), Férido Castillo. Surco a la luz (UJAT/ 2003), Bajo la mirada de la ceiba. Artistas plásticos de Tabasco (UJAT/ 2006), Lengua de trapo. Doce relatos políticos jamás leídos en Tabasco (PACMYC/ 2006) Erase una vez un cuento. Compendio General del Cuento en Tabasco II (PACMYC/ 2010), Mujeres de miel (Gobierno del Estado/ IEC/ 2010), La importancia de llamarse Gabriela (Arqueros del viento/ 2012). Por el lado de la creación fotográfica sus estudios formales los inició en el Diplomado de Fotografía de la UJAT (UJAT 2008) y los continuó en el Diplomado de Fotografía del Centro de la Imagen de Tabasco (CONACULTA-IEC 2011). Ha participado en varias exposiciones colectivas entre las que destacan: Intromisiones (CCV/2007), Expresiones encontradas (Instituto Juárez/ UJAT/ 2009), Revolucionarios de hoy (Instituto Juárez/ UJAT/ 2010), 11/20 Muestra de fotografía contemporánea tabasqueña (Instituto Juárez/ UJAT/ 2011) y Refugio de luz. Muestra de fotografía estenopeica (Refugio de la luna/2012). En el 2012 fue seleccionado para la exposición colectiva itinerante Arte Visual 15 que recorrió su estado natal, también integró en las muestras colectivas Identidades. Intercambio de Artes Visuales Tabasco-Cuba (en 2013), y Fotografía Contemporánea F4CTORES (en 2014), ambas preparadas por la UJAT. En 2016 fue seleccionado con su políptico Cuando ocurre lo que mira el que vive. Petrofabulaciones, en el 4to Encuentro Contemporáneo de Artes Plásticas Sur-Sureste (Secretaría de Cultura Federal/IEC, 2016) Actualmente, realiza una investigación sobre la historia de la fotografía en Tabasco que se titula Miraoyo, apuntes para una cronología de la fotografía en Tabasco. En el diarismo cultural ha colaborado en las revistas culturales CasatomadA, Lunes Especial, Tierra Adentro, Gaceta Universitaria de la UJAT, Presencia, Signos de la UPCh, y en periódicos villahermosinos como El Sureste de Tabasco, Milenio Tabasco, Diario de Tabasco y Liberación Tabasco. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la primer revista literaria creada en Tabasco en 1997: CasatomadA, y en 2015 funda y dirige la revista cultural en línea puntodereunion.com.mx En 2017, cumplió 20 años de trabajo en el oficio del periodismo cultural y medio siglo de vida, pero eso, ya es otro asunto.